Europa apuesta por las renovables de Marruecos y Túnez para cerrar el grifo del gas ruso: el plan de 16 GW de Marruecos y el cable submarino Elmed dibujan la nueva geografía energética del continente. La guerra de Ucrania obligó a Bruselas a soltar el gas de Putin, y el bloqueo del estrecho de Ormuz demostró que depender de rutas lejanas e inestables es un riesgo letal. La respuesta se está construyendo al otro lado del Mediterráneo.
Claves de la operación
- Marruecos compromete 16.000 millones de dólares para sumar 16 GW renovables. El plan quinquenal busca aprovechar el sol y el viento del Sáhara para convertirse en un exportador eléctrico de primer orden hacia Europa.
- Túnez conectará 600 MW a Italia con el cable Elmed, ya encargado a Prysmian. La interconexión submarina se perfila como la primera gran arteria eléctrica entre el norte de África y la UE, con puesta en marcha prevista para 2027.
- La apuesta sustituye el gas ruso: la UE ve en el Magreb un clúster energético de bajo coste y cero emisiones. España, por su posición geográfica y sus gasoductos, se convierte en la puerta de entrada natural de esta nueva corriente.
La huida del gas ruso acelera la mirada al sur
La Comisión Europea cifra en más del 40% la dependencia del gas ruso antes de la guerra. Con el suministro cortado, los Veintisiete han diversificado proveedores a un ritmo que parecía imposible, pero el norte de África ofrece algo distinto: proximidad y renovables autóctonas. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en 2024 la región de Oriente Medio y Norte de África suministró más del 30% del petróleo mundial y casi el 20% del gas natural, aunque más del 90% de su generación eléctrica sigue siendo con fósiles. Liberar ese potencial para Europa es el nuevo objetivo.
Marruecos ha puesto sobre la mesa 16.000 millones de dólares en cinco años para añadir 16 GW de capacidad renovable. Túnez, por su parte, quiere que la mitad de su electricidad salga de fuentes limpias en 2035 y ya ha licitado 2,3 GW de parques eólicos y solares. La planta solar de Sidi Bouzid II, de 120 MW, acaba de cerrar financiación con la noruega Scatec y Toyota Tsusho, y estará operativa en 2027.
Elmed, la arteria submarina que enganchará Túnez a Italia
La pieza más tangible del rompecabezas es el cable submarino Elmed. Con 600 MW de capacidad y conexión directa a Sicilia, el proyecto lo construirá la italiana Prysmian y representa la primera gran interconexión eléctrica entre el Magreb y la Europa continental. Italia ya ha contratado la obra, mientras que el tercer enlace entre España y Marruecos, acordado en 2019, sigue atascado.
El grupo italiano Snam, que en 2023 compró el 49,9% de los gasoductos Argelia-Italia y Argelia-Túnez, se posiciona como operador natural si esos conductos se reconvierten para hidrógeno. La doble vía —cable para electricidad y gasoductos para hidrógeno verde— es la estrategia de fondo.
El desierto promete gigavatios baratos, pero el historial no acompaña
La promesa de un clúster renovable en el norte de África es tentadora: sol y viento abundantes, terreno vacío y costes de generación que pueden caer por debajo de los 20 euros el MWh. Sin embargo, el historial de anuncios similares está lleno de proyectos que nunca vieron la luz, como el faraónico Desertec. El riesgo de que los 16 GW marroquíes se queden en papel es real, sobre todo si no se firman contratos de compraventa a largo plazo que ofrezcan certidumbre a los inversores.
El hidrógeno verde, llamado a ser la otra pata del plan, afronta un problema de precio. Según un estudio de la Universidad Técnica de Múnich, solo una pequeña fracción de las localizaciones africanas podría acercarse a precios competitivos en 2030. Hoy el hidrógeno de gas natural cuesta entre 1 y 2 dólares por kilo, y el verde no baja de 4 o 5, incluso en el Sáhara. Sin subsidios europeos masivos, la mayoría de proyectos no son rentables.
Lo que brilla en los mapas de interconexiones no son los gigavatios, sino los miles de millones que esperan autorización y un cable que nadie ha tendido aún.
España parte de una posición privilegiada si el Magreb se consolida como polvorín energético de Europa. Los gasoductos del Magreb, que llevaban gas argelino a la península, están parados desde la crisis diplomática con Argelia, pero la red de infraestructuras gasistas y la potencia de interconexión eléctrica con Francia convierten al país en un centro natural. Grandes eléctricas españolas miran con interés las licitaciones marroquíes y tunecinas, aunque de momento los contratos estrella han sido para firmas italianas y noruegas.
En esta redacción entendemos que la partida se juega más en los despachos de Bruselas que en los desiertos africanos. La UE necesita desesperadamente certificar que la energía que importa es verde y barata, y está dispuesta a poner dinero sobre la mesa. Pero la experiencia enseña que, sin una arquitectura de riesgos compartida y sin contratos de arrastre, los pósits de potencia se descuelgan con el primer cambio de gobierno en cualquiera de las orillas.




