En su primera salida internacional como presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh aterrizó en el foro de bancos centrales de Sintra con tres mensajes que los mercados llevaban semanas esperando descifrar: firmeza total contra la inflación, pocas prisas por recortar los tipos de interés y una reducción deliberada de la comunicación institucional.
El escenario no era sencillo. Warsh asumió el cargo en mayo tras una transición que dejó cicatrices: su antecesor, Jerome Powell, sufrió presiones sin precedentes por parte del presidente Donald Trump para bajar los tipos y llegó a ver cuestionada su autonomía. Hoy, con la inflación estadounidense todavía en el 4,2% en mayo —más del doble del objetivo del 2%—, el nuevo responsable de la Fed necesita credibilidad y la está buscando en su tono más duro.
Los tres mensajes de Warsh: inflación, tipos y menos pistas
Warsh ha dejado claro en Sintra que su prioridad absoluta es devolver la inflación al 2%, cueste lo que cueste. En junio, su primera decisión al frente del Comité Federal de Mercado Abierto fue mantener los tipos en la horquilla 3,50%-3,75%, pero la frase que resonó fue: “Llevamos cinco años fallando y lo vamos a corregir”.
El giro en su discurso no ha pasado desapercibido. Antes de llegar a la Fed, Warsh había abogado por tipos más bajos y llegó a calificar el liderazgo de la Reserva como “roto”. Judith Arnal, investigadora del Real Instituto Elcano y Fedea, explica el cambio: “No podía empezar su mandato desanclando las expectativas de inflación; necesitaba reafirmar su credibilidad de entrada”.
Para Xavier Vives, catedrático del IESE y asistente habitual al foro, “ha conseguido dar credibilidad al mensaje contra la inflación y prueba de ello es que el dólar enseguida recuperó terreno respecto al euro”. La divisa estadounidense se fortaleció y la rentabilidad de la deuda pública subió, síntoma de que el mercado compró el guión halcón.
Pero hay un segundo mensaje que inquieta: nueve de los dieciocho participantes en la encuesta de proyecciones de la Fed anticipan al menos una subida adicional de tipos antes de que termine el año. No se trata de un simple mantenimiento: la puerta a nuevos incrementos está abierta y Warsh no ha movido un dedo para cerrarla.
Y luego está el tercer eje de su estrategia: menos comunicación. El republicano ha anunciado que recortará las ruedas de prensa y reducirá las pistas sobre los próximos movimientos. En un entorno donde cada palabra de la Fed mueve billones, el silencio puede ser el arma más poderosa, pero también la más peligrosa si genera incertidumbre adicional.
El mercado ya descuenta que los tipos altos no son una anomalía pasajera, sino el escenario base de la era Warsh.
El BCE se desmarca con su primera subida en casi tres años
Mientras la Fed mantiene el pulso, el Banco Central Europeo ha dado un giro este mismo mes de junio. En el foro de Sintra, la anfitriona Christine Lagarde estrenó un alza de un cuarto de punto, hasta el 2,25%, la primera desde septiembre de 2023. La inflación en la eurozona alcanzó el 3,2% en mayo, dos décimas más que en abril, y el bloqueo del estrecho de Ormuz sigue encareciendo el petróleo y alimentando los temores de que las presiones de precios se enquisten.
“Lagarde fue bastante optimista respecto al crecimiento, incluso más que nosotros”, señala Nadia Gharbi, economista de Pictet Wealth Management. Pero lo que quita el sueño al BCE, insiste, son los efectos de segunda ronda, y no hay señales de que vayan a desaparecer en los próximos meses.
Sintra 2026: productividad, inteligencia artificial y el trauma regulatorio
El foro de este año también ha puesto sobre la mesa debates que van más allá de la coyuntura monetaria. La necesidad de acelerar la productividad europea es un trauma recurrente, y se aborda con urgencia en un entorno donde la inteligencia artificial promete —o amenaza— revolucionar el sistema financiero.
Además, se ha presentado un estudio liderado por Mariassunta Giannetti que enciende las alarmas sobre la regulación bancaria: los planes de Estados Unidos y Reino Unido para simplificar requisitos de capital podrían desestabilizar el marco global y generar una carrera reguladora a la baja. Un asunto espinoso que el BCE recibe con presiones de la banca para relajar exigencias, pero que la institución europea parece dispuesta a mantener.
En este clima de incertidumbre, la presencia de Warsh y su discurso sin fisuras han servido de contrapeso. Sin embargo, cabe preguntarse si la Fed será capaz de sostener ese tono si la economía pierde fuelle o si la presión política arrecia desde la Casa Blanca. Su giro desde posiciones anteriores más favorables a tipos bajos sugiere que la supervivencia institucional pesa más que la agenda personal.
Por ahora, el mensaje está lanzado. Y el mercado ha tomado nota: en 2026, la era de los tipos altos no ha hecho más que empezar.



