Correr una maratón es un reto extremo para el cuerpo humano, y el corazón, el motor que bombea a más de 140 pulsaciones por minuto durante horas, es el protagonista silencioso. Un nuevo metaanálisis, publicado en BMJ Open Sport & Exercise Medicine, ha puesto cifras a ese estrés: tres biomarcadores cardiacos se elevan de forma constante tras cruzar la meta hasta superar los umbrales utilizados para diagnosticar un infarto. Y sin embargo, las resonancias magnéticas no muestran cicatrices ni lesiones estructurales visibles. La gran paradoja del corredor extremo.
El estudio, una síntesis de todos los trabajos publicados en inglés hasta abril de 2025, analizó los niveles de troponina T cardíaca (cTnT), troponina I cardíaca (cTnI) y el péptido natriurético tipo B N-terminal (NT-proBNP) en corredores antes y después de completar una maratón. Los resultados son contundentes: los tres marcadores se disparan durante la primera hora posterior al esfuerzo, superando los límites que los cardiólogos usan para activar el protocolo de infarto agudo de miocardio o insuficiencia cardíaca.
Tres proteínas que disparan todas las alarmas (sin que nadie sepa qué significan)
La troponina es la proteína estrella del diagnóstico cardíaco. Cuando una arteria se obstruye y el músculo del corazón sufre isquemia, las células liberan troponina a la sangre en cantidades anormales. El metaanálisis confirma que tras una maratón esos valores se multiplican, alcanzando concentraciones que en cualquier otra circunstancia llevarían al paciente a urgencias. La NT-proBNP, vinculada al estiramiento de las paredes cardíacas, también se eleva. Sin embargo, en los corredores de larga distancia, ese cóctel de biomarcadores no va acompañado de síntomas clínicos evidentes.
Los investigadores recuerdan que la mayoria de los participantes en los estudios revisados eran hombres jóvenes y bien entrenados. Las mujeres, cuyos corazones responden de forma potencialmente distinta tanto a corto como a largo plazo, están infrarrepresentadas. Tampoco se ha informado de manera uniforme sobre el nivel de entrenamiento, un factor que podría modular la magnitud del daño celular.
El corazón cambia de forma… pero apenas se nota
Además de los análisis de sangre, los estudios incluyeron ecocardiografías y resonancias magnéticas cardíacas antes y después de la carrera. Los ecocardiogramas detectaron alteraciones en el volumen de las cavidades y en la fracción de eyección del ventrículo izquierdo (la cantidad de sangre que expulsa el corazón en cada latido). No obstante, esos cambios fueron pequeños y no alcanzaron el rango que los clínicos considerarían significativo. Dicho de otra forma: el corazón se estira y se contrae de manera ligeramente diferente, pero sigue funcionando con normalidad.
Las resonancias magnéticas, la prueba de imagen más precisa para buscar cicatrices o fibrosis, no hallaron ningún signo visible de lesión miocárdica estructural. Ni inflamación localizada, ni parches de tejido dañado. La máquina de precisión del músculo cardíaco parece absorber el castigo de 42 kilómetros sin dejar huella permanente… al menos en una sola maratón.

¿Significa esto que correr maratones es seguro para el corazón? Los investigadores advierten contra el triunfalismo. “Aún existe la posibilidad de que se produzcan consecuencias patológicas en personas susceptibles o con participación repetida en eventos de resistencia extrema”, subrayan en el artículo. El antecedente de que tanto los niveles muy bajos como los extremadamente altos de ejercicio aumentan el riesgo de muerte planea sobre todo el debate.
La troponina cardíaca se dispara después de una maratón hasta valores que obligarían a ingresar a cualquier paciente sedentario, pero el corazón del corredor entrenado no muestra daño alguno en las imágenes.
La gran pregunta: ¿daño irreversible o simple adaptación de un músculo excepcional?
Esta revisión sistemática es la más completa hasta la fecha sobre los efectos agudos de una maratón en el miocardio, pero sus autores reconocen limitaciones importantes. La falta de datos consistentes sobre el volumen de entrenamiento impide saber si los corredores más avezados sufren menos estrés cardíaco o, por el contrario, acumulan microdaño a lo largo de los años. Las diferencias por sexo y etnia apenas han sido exploradas.
Me fascina, como divulgador, esa zona gris de la fisiología del ejercicio: los mismos indicadores que en un sedentario certifican una emergencia, en un maratoniano podrían ser la firma normal de un órgano que se reconfigura. El corredor gana en eficiencia de bombeo, en capacidad de dilatación y en resistencia a la fatiga, pero ¿a qué precio? El estudio no cierra la puerta a que, en personas con predisposición genética o tras decenas de maratones, la remodelación cardíaca derive en fibrosis o arritmias.
Los autores reclaman estudios prospectivos a largo plazo en poblaciones diversas, con métodos estandarizados, para responder a la incógnita definitiva: si estas elevaciones son la huella de una adaptación positiva o la semilla de una patología silenciosa. Mientras tanto, el consejo prudente sigue siendo la personalización: no todas las maratones afectan igual a un corazón de 25 años que a uno de 55, y el historial de entrenamiento es clave.
El corazón humano es, quizá, el músculo más fascinante del cuerpo. Capaz de bombear 200 millones de litros de sangre a lo largo de una vida, se adapta al esfuerzo con una plasticidad que aún desafía a la ciencia. Esta revisión no ofrece respuestas definitivas, pero sí la brújula: la próxima vez que un corredor cruce la meta con las piernas temblorosas, su corazón estará enviando señales que todavía no hemos aprendido a interpretar del todo.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Los niveles de troponina T, troponina I y NT-proBNP se elevan por encima de los umbrales clínicos tras una maratón, pero las pruebas de imagen no muestran daño estructural en el corazón.
- Dónde: revisión sistemática de estudios realizados en corredores de maratón en todo el mundo.
- Institución responsable: síntesis publicada en BMJ Open Sport & Exercise Medicine, liderada por investigadores de diversas universidades.
- Cuándo: Publicado en 2025, con datos recopilados hasta abril de ese año.
- Impacto a futuro: Subraya la necesidad de estudios a largo plazo que aclaren si las elevaciones de biomarcadores son adaptativas o predicen enfermedad cardíaca en corredores habituales.




