El fondo que gana un 46% apostando por infraestructura IA en lugar de gigantes tecnológicos

Blue Whale Growth ha disparado su rentabilidad al diferenciar entre las empresas que invierten en IA y las que reciben esa inversión. La estrategia le ha llevado a incorporar a Honeywell, Lumentum o Leonardo en su top diez.

Blue Whale Growth, un fondo activo de renta variable global gestionado desde Londres, ha registrado una rentabilidad del 46% en lo que va de 2026, en un entorno en el que la bolsa mundial apenas avanza un 7%. La clave de este rendimiento no reside en comprar los títulos de los gigantes tecnológicos que dominan los titulares, sino en concentrar la cartera en las compañías que construyen la infraestructura física y digital sobre la que se asienta la inteligencia artificial.

Claves de la operación

  • Un 46% de rentabilidad frente al 7% del mercado global. El fondo ha multiplicado por seis el avance del índice de referencia en un año marcado por la tensión geopolítica y la volatilidad.
  • La apuesta por el proveedor, no por el cliente. El gestor Stephen Yiu diferencia entre los que invierten en IA —Alphabet, Amazon, Microsoft, Meta— y los que reciben esa inversión, como Nvidia, Broadcom o Hynix.
  • El nuevo tridente del fondo: Honeywell, Lumentum y Leonardo. Las tres cotizadas acaban de incorporarse al top diez de la cartera, combinando automatización industrial, componentes ópticos para centros de datos y tecnología de defensa.

La estrategia de ‘quality growth’ que elige al proveedor, no al cliente

Blue Whale Growth se define como un fondo de quality growth: busca compañías de alta calidad que, al mismo tiempo, ofrecen oportunidades de crecimiento. No es un vehículo temático de inteligencia artificial, y ahí reside parte de su fortaleza. El equipo gestor pivota la cartera hacia donde detecta la mejor relación entre calidad y retorno potencial, y en este momento esa oportunidad está íntimamente ligada a la infraestructura que permite el despliegue masivo de la IA.

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En una entrevista concedida a principios de año a El Economista, Stephen Yiu, máximo responsable del fondo, explicaba la lógica con una distinción que ha marcado la diferencia: «Hay que diferenciar entre las compañías que invierten en IA y las que acaban recibiendo esa inversión, que yo llamo compañías de infraestructura de IA. Los que gastan en IA serían Alphabet, Amazon, Microsoft, Meta y algunas otras como OpenAI. Las compañías en las que preferimos invertir hoy son las que reciben la inversión en IA, como Nvidia, Broadcom o Hynix».

De este modo, el fondo evita la exposición directa a los grandes grupos que compiten ferozmente por liderar la carrera de los modelos de lenguaje y se posiciona en los eslabones previos de la cadena de valor: semiconductores, redes ópticas, sistemas de refrigeración para centros de datos y automatización industrial. Una tesis que, a la vista de los números, convence al mercado.

La flexibilidad del mandato ha permitido al equipo de Blue Whale transitar desde valores de consumo discrecional —su posición original en 2016— hasta el actual sesgo hacia la tecnología industrial. «Hoy, esa oportunidad está estrechamente ligada a la IA y a la infraestructura que permite su crecimiento. Mañana podría ser algo completamente diferente», reconocen desde la boutique británica.

Honeywell, Lumentum y Leonardo: el nuevo tridente del fondo británico

Las tres últimas incorporaciones al top diez de la cartera ilustran con precisión el enfoque. Honeywell, el conglomerado industrial estadounidense, desarrolla tecnología para los sectores aeroespacial, defensa y automatización industrial, tres áreas que convergen en la demanda de infraestructura inteligente. Lumentum, por su parte, fabrica los componentes ópticos y láseres que hacen posible la transmisión de datos a alta velocidad, un recurso crítico para los centros de datos que alimentan los modelos de IA.

La presencia de Leonardo, el grupo europeo de defensa y aeroespacial, añade una capa adicional. La firma italiana —competidora directa de la española Indra en varios programas de la OTAN— ha visto dispararse su cartera de pedidos gracias a los contratos vinculados a la ciberseguridad y a los sistemas de vigilancia, ambos fuertemente apoyados en inteligencia artificial.

La rentabilidad del 46% no es un golpe de suerte; es la traducción en números de una tesis que distingue entre quien paga la fiesta de la IA y quien vende los ingredientes.

La lectura española: ¿puede competir Indra con los proveedores de infraestructura europea?

Desde la óptica del mercado español, la inclusión de Leonardo en la cartera de Blue Whale Growth conecta con una dinámica que seguimos de cerca en esta redacción. Indra, la compañía tecnológica del IBEX 35, compite con el grupo italiano en los mismos segmentos —radares, sistemas de mando y control, ciberdefensa— y está inmersa en su propio proceso de transformación hacia una empresa más centrada en el software y la inteligencia artificial.

La pregunta que sobrevuela el sector es si Indra logrará emular la trayectoria de Leonardo, cuyo valor en bolsa se ha revalorizado más de un 80% desde 2023, o si se quedará rezagada en la carrera por convertirse en un proveedor de infraestructura crítica para la defensa europea. El programa FCAS, el futuro sistema de combate aéreo en el que participa junto a Airbus y Dassault, supone una baza importante, pero los plazos son largos y la visibilidad de ingresos, limitada.

Mientras, los inversores minoristas españoles que quieran replicar la estrategia de Blue Whale se enfrentan a una dificultad evidente: el fondo no está registrado para su comercialización directa en España. La alternativa pasa por analizar la composición de la cartera —pública en sus informes trimestrales— y seleccionar valores individuales que compartan la misma lógica: compañías con fuerte exposición a la inversión en infraestructura digital y aeroespacial.

En cualquier caso, la lección del fondo británico trasciende lo anecdótico. En un mercado que tiende a agrupar toda la inteligencia artificial bajo la etiqueta de los grandes nombres tecnológicos, la verdadera rentabilidad —al menos en 2026— está llegando por el lado de los habilitadores. El tiempo dirá si la tesis aguanta cuando el gasto en capex de los hiperescalares se modere, pero de momento, Yiu y su equipo han acertado de lleno.


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