EE.UU. investiga a la farmacéutica alemana por sus bajos precios y amenaza con una guerra comercial

La investigación, basada en la Sección 301, podría culminar en septiembre con tarifas que lastren el sector farmacéutico europeo, que exporta más del 20% de su producción alemana a Estados Unidos.

He analizado con detalle la decisión de la Representación Comercial de Estados Unidos (USTR) de abrir una investigación sobre la regulación alemana de precios de los medicamentos. La indagación, amparada en la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, cuestiona que los precios artificialmente bajos en el mercado farmacéutico germano constituyan una subvención encubierta que perjudica a los laboratorios estadounidenses. Si Washington confirma su tesis, podrían imponerse aranceles a las exportaciones del sector a partir de septiembre, cuando está previsto que concluya el proceso. El conflicto esta lejos de resolverse.

Según la OCDE, en 2023 los pacientes estadounidenses desembolsaron una media de 1.713 dólares (unos 1.502 euros al cambio actual) por persona en medicamentos, frente a los 1.158 dólares de los alemanes. La discrepancia es el argumento central de la administración Trump: EE.UU. asume un peso desproporcionado de la financiación de la I+D farmacéutica global mientras el sistema germano, basado en negociaciones centralizadas de precios, mantiene los costes bajos para sus asegurados.

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El detonante: la sección 301 y la acusación de subsidio encubierto

El Representante Comercial de EE.UU., Jamieson Greer, ha dejado clara la postura: «Esta investigación tratará de determinar si el persistente infra‑pago de Alemania por productos farmacéuticos innovadores es irrazonable o discriminatorio y si restringe el comercio de Estados Unidos». La iniciativa se dirige, además, contra un paquete de ahorro sanitario de la ministra alemana de Sanidad, Nina Warken, que el Bundestag tiene previsto aprobar en las próximas semanas y que forzará mayores descuentos a las farmacéuticas.

«Esta investigación tratará de determinar si el persistente infra‑pago de Alemania por productos farmacéuticos innovadores es irrazonable o discriminatorio y si restringe el comercio de Estados Unidos.»
—Jamieson Greer, Representante Comercial de los Estados Unidos, junio 2026

Los precios de los medicamentos: una comparativa entre dos sistemas

Un fármaco concreto ilustra la disparidad. Jardiance, desarrollado por la alemana Boehringer Ingelheim, cuesta en Alemania unos 80 euros al mes para pacientes privados (o un copago máximo de 10 euros para los asegurados públicos). En Estados Unidos, el precio de lista para un paciente sin seguro o con un deducible alto ronda los 300 euros, según datos de la filial estadounidense de la compañía. Sin embargo, los pacientes cubiertos por Medicare o Medicaid pagan entre 0 y 50 dólares. La diferencia, por tanto, afecta sobre todo a los no asegurados y a quienes tienen planes con deducibles elevados.

Las razones son estructurales. En Alemania, los precios se negocian centralizadamente y los fabricantes deben demostrar un valor terapéutico añadido; en EE.UU., los intermediarios conocidos como Pharmacy Benefit Managers (PBM) –tres compañías controlan el 80% del mercado de recetas– añaden opacidad y presionan los listados al alza. La propia Comisión Federal de Comercio (FTC) estadounidense ha abierto investigaciones por prácticas anticompetitivas en este ámbito.

Análisis: la amenaza arancelaria y sus contradicciones

A mi juicio, la ofensiva comercial esconde una paradoja. El sistema norteamericano distorsiona los precios finales tanto o más que el alemán, aunque las consecuencias recaen sobre el bolsillo del paciente. La investigación de la USTR se enmarca en la estrategia de presión arancelaria del presidente Trump, pero la amenaza es real: la consultora Deloitte estima que unos aranceles de entre el 10% y el 35% durante tres o cuatro años reducirían las exportaciones farmacéuticas alemanas a EE.UU. entre un 5% y un 53%, con pérdidas de entre 1.300 y 13.400 millones de euros. Más del 20% de las exportaciones farmacéuticas germanas tienen como destino Estados Unidos, lo que convierte al sector en uno de los más expuestos a una guerra comercial.

De momento, Berlín mantiene la calma. El canciller Friedrich Merz ha ofrecido transparencia y la ministra Warken recuerda la delicada situación financiera de las aseguradoras. «En el pasado, las reglas sobre descuentos obligatorios para los medicamentos en Alemania fueron siempre vinculantes y probablemente seguirán siéndolo», señala Susanne Uhlmann, experta de Deloitte. La pelota está en el tejado de Washington, pero la cuenta atrás hacia septiembre ya ha comenzado.

🌍 El impacto en España y Europa

La industria farmacéutica alemana es la mayor de la UE. Cualquier barrera arancelaria afectaría a las cadenas de suministro paneuropeas y, por extensión, a las empresas españolas que operan en el sector o exportan al mercado estadounidense. Compañías como Grifols o Almirall, con presencia en EE.UU., podrían sufrir mayores costes y una posible contracción de márgenes. Además, una escalada comercial elevaría la incertidumbre global y presionaría al BCE, que vería complicado su margen de maniobra si la inflación importada repunta. Para un hogar español con hipoteca variable, eso significa que el Euríbor podría mantenerse rígido durante más tiempo del previsto.


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