NOMAD Hamptons 2026: el diseño coleccionable como activo de lujo que gana terreno al arte

La primera edición americana de la feria de diseño NOMAD reúne a galerías y coleccionistas en el Watermill Center bajo un formato de invitación privada. La conexión con el legado de Robert Wilson y el patrocinio de Armani consolidan al diseño como un refugio tangible para el capi

He visto desfilar carteras de inversión extremadamente sofisticadas durante la última década y, sin embargo, el diseño coleccionable sigue siendo la gran anomalía. Mientras el arte contemporáneo lucha contra la corrección de precios, esta clase de activo avanza silenciosamente. La primera edición americana de NOMAD, que se celebra este fin de semana en los Hamptons, es la prueba más reciente. No se trata de una feria de diseño al uso: es un termómetro privado del capital paciente.

La ubicación elegida, The Watermill Center, es en sí misma un activo con una procedencia irremplazable. El recientemente fallecido director de ópera y teatro Robert Wilson transformó este antiguo centro de investigación de Western Union en un campus para artistas. La muerte de Wilson el año pasado convierte esta edición en la primera gran cita cultural en el recinto desde su desaparición. Para el inversor, esto implica un hito de legado: la apertura de su apartamento privado, con una colección de más de 8.000 objetos nunca antes expuestos al público, es un marcador de escasez extrema que quedará registrado en la procedencia de cada pieza que alberga.

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NOMAD opera con una mecánica deliberada: no hay carteles en la carretera. Se llega si se está dentro del círculo. Este formato de invitación exclusiva para miembros del NOMAD Circle y VIPs no es un capricho aspiracional, sino un filtro de liquidez. En el mercado del arte, la democratización de las ferias ha diluido la capacidad de descubrimiento de precios; aquí, la restricción de acceso mantiene la tensión entre oferta y demanda en un punto óptimo para el vendedor y el comprador institucional.

Más de 30 galerías y un eje geográfico que mira al capital emergente

El despliegue va mucho más allá de Nueva York. Nicolas Bellavance-Lecompte, fundador de la feria, ha tejido un mapa de más de treinta galerías y proyectos especiales. Encontramos a pesos pesados como Gallery FUMI de Londres, Mathieu Lehanneur desde París o The Future Perfect, junto a la firma local Eric Firestone. Sin embargo, lo que debería hacer saltar las alertas de cualquier family office es el notable hilo conductor de Oriente Medio.

Con la presencia de Leila Heller Gallery, Iris Projects de Abu Dabi y Le LAB de El Cairo, NOMAD está cartografiando el flujo de capital de los grandes patrimonios emergentes hacia el diseño. La integración de la instalación Rooted Movements, respaldada por la cultura de Abu Dabi, y el hecho de que Giorgio Armani actúe como socio oficial, confieren a la feria una capa de validación institucional que separa la mera decoración del activo con potencial de revalorización.

El proyecto Giorgio Armani/Unveiled, comisariado por Abby Bangser, es paradigmático. No se limita a exhibir mobiliario de Armani/Casa, sino que fusiona 13 prendas de archivo con obras recién encargadas a Ariel Dearie y Jonathan Kline. Es la simbiosis perfecta entre la moda como registro histórico y el diseño como objeto de deseo contemporáneo. A esto se suma la instalación textil de Rachel Hayes, que difumina el límite entre la obra de arte y la amenidad funcional: el tipo de encrucijada conceptual que, documentada, eleva el precio en el mercado secundario.

El valor de un diseño no reside solo en su autoría, sino en la imposibilidad de un acceso inmediato a él. NOMAD fabrica escasez con precisión quirúrgica.

El diseñador como artista y el dilema de la liquidez

La convergencia entre el arte contemporáneo y el diseño coleccionable es ya un hecho económico. La volatilidad que han experimentado las obras de artistas inflados por la especulación pandémica obliga a los asignadores de activos a buscar alternativas tangibles. Una cómoda de edición limitada o una vasija escultórica ofrecen lo que un NFT o un lienzo sobrevalorado no pueden: utilidad real mientras se espera la maduración del capital. Eso sí, la liquidez sigue siendo el talón de Aquiles. A diferencia de un Rolex Daytona, cuyo diferencial de compra-venta está estandarizado, el diseño carece de un mercado secundario masivo y automatizado.

Aquí es donde el modelo de feria privada demuestra su utilidad para el patrimonio. Al concentrar en un solo fin de semana a los custodios del gusto —galeristas, arquitectos, directores creativos de marcas de lujo—, NOMAD permite que el precio de mercado justo se establezca en un entorno controlado, lejos del ruido de las subastas generalistas. La conexión con el legado de Gio Ponti, a través de la nieta del arquitecto, Caterina Licitra, que aporta cartas de la correspondencia personal entre Ponti y Wilson, es una estrategia de autenticación que dispara la trazabilidad y, por tanto, el valor.

Para el inversor con horizonte de medio plazo, la clave no está en comprar diseño funcional, sino en identificar al diseñador que trasciende a artista de mercado. Las piezas expuestas en Watermill no son producción en serie; llevan el ADN de un lugar y un momento irrepetibles. La pregunta que todo gestor de patrimonio debe hacerse al revisar el catálogo es simple: ¿dónde cotizará esta galería dentro de una década? Si el patrocinio de Armani y la curaduría de Bellavance-Lecompte logran su objetivo, la respuesta probablemente sea: en las carteras de los mismos bancos privados que hoy acumulan arte de posguerra.

💎 Veredicto Wealth

El diseño coleccionable es una maniobra de diversificación sólida para carteras con una asignación superior al 15% en arte contemporáneo, pero exige un horizonte mínimo de 5 a 7 años. La liquidez seguirá siendo el principal riesgo hasta que los grandes portales de subastas dediquen ventas monográficas a las piezas que hoy se ven en Watermill.


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