Marco Rubio ha sellado esta tarde en Washington un acuerdo-marco trilateral con Israel y Líbano que establece la retirada de las tropas israelíes de dos zonas del sur del país de los cedros y la transferencia del control al Ejército libanés. He analizado la letra pequeña del comunicado y lo que más me llama la atención no es tanto la firma en sí —aún estamos en el “comienzo del comienzo”, en palabras del secretario de Estado—, sino la velocidad con la que Hizbulá ha vuelto a agitar el fantasma de la guerra civil para rechazar de plano cualquier compromiso.
Un acuerdo marco con dos enclaves y un horizonte de normalización
El pacto, que incorpora formalmente a Estados Unidos como tercer signatario, materializa la retirada israelí de dos áreas situadas dentro de la zona tampón del sur libanés. El Gobierno de Benjamin Netanyahu se compromete a ceder el control a las Fuerzas Armadas de Líbano, aunque el calendario sigue sin definirse. Las zonas, según la información facilitada por el propio Netanyahu, son:
- Un enclave al norte del río Litani, donde ya no hay infraestructura activa de la milicia chií.
- Un segundo punto al sur de la cuenca hidrográfica que separa el sur del resto del país, también despejado de presencia operativa de Hizbulá.
Este movimiento se produce apenas horas después de que el primer ministro israelí reiterase que su país no se retiraría de Líbano mientras él estuviera al frente del Gobierno. El giro inmediato responde, según fuentes del Ejecutivo israelí citadas por medios estadounidenses, a la expectativa de que este acuerdo preliminar sirva de antesala a un futuro tratado amplio de paz, una cuestión tabú durante décadas en el país levantino.
“Hoy es el comienzo del comienzo. Queda mucho trabajo por delante. En ningún caso subestimamos la dificultad de la tarea que nos espera. Pero comprendemos su importancia y lo esencial que resulta. Nos honra poder desempeñar un papel en la consecución de este acuerdo”. — Marco Rubio, secretario de Estado de EE. UU., ceremonia de firma, Washington, 26 de junio de 2026
Reacciones encontradas: la amenaza de Hizbulá y el visto bueno libanés
La embajadora libanesa en Washington, Nada Hamadeh Moawad, calificó el texto como “el primer paso en el camino hacia el restablecimiento de la soberanía y la integridad territorial del Líbano”. En la misma línea, el presidente Joseph Aoun agradeció a Donald Trump los “esfuerzos desplegados” y rindió homenaje a los libaneses desplazados por la guerra. Sin embargo, Hizbulá ha reaccionado con una amenaza explícita: el diputado Hassan Fadlallah advirtió de que las autoridades de Beirut no podrán “imponer la aplicación del acuerdo salvo embarcándose en una guerra civil, con el apoyo de EE. UU.”.
“El acuerdo trilateral abre la vía hacia la paz entre Israel y Líbano y marca la exclusión de Irán y de Hizbulá del proceso”. — Yechiel Leiter, embajador de Israel en EE. UU.
La reacción de la milicia chií subraya la fragilidad del proceso. El secretario general de la organización, Naim Qassem, exigió la “retirada incondicional” de Israel de todo el sur libanés y avisó de que el acuerdo “no tendrá ningún efecto sobre el terreno”. El tenso equilibrio interno libanés añade una capa adicional de riesgo a lo que, en el plano diplomático, representa un éxito para la Administración Trump y para el acercamiento entre los bloques regionales.
Análisis: el petróleo como termómetro y la sombra del pacto con Irán
Lo que veo aquí es un movimiento geopolítico que no se puede desligar del acuerdo paralelo que Irán y Estados Unidos firmaron la semana pasada. La exclusión explícita de Teherán y de Hizbulá que menciona el embajador Leiter encaja con la estrategia de Washington de aislar a los actores desestabilizadores mientras tiende puentes con los Gobiernos de la región. Para los mercados, esta señal de desescalada —aunque incipiente— podría aliviar la prima de riesgo incorporada en los precios del crudo desde la reapertura del conflicto en el sur del Líbano.
En las primeras horas tras el anuncio, los futuros del Brent mostraron una ligera corrección a la baja, y los costes de los fletes de petroleros que transitan por el Mediterráneo oriental se moderaron. Sin embargo, la amenaza de una guerra civil libanesa o de un bloqueo por parte de Hizbulá mantendrá la volatilidad. La producción de los países del Golfo no se ve afectada directamente, pero cualquier recrudecimiento de las tensiones podría estrangular el suministro de gas natural que ya busca alternativas hacia Europa. Mientras tanto, más de 1,2 millones de desplazados internos en Líbano siguen sin vislumbrar un retorno seguro, lo que añade presión humanitaria y económica sobre una región que aún digiere las consecuencias de meses de combates.
🌍 El impacto en España y Europa
Para España, este primer paso hacia la estabilización de la frontera israelo-libanesa tiene un impacto indirecto pero tangible. El Mediterráneo oriental es una de las rutas alternativas de suministro de gas que Europa explora para reducir su dependencia del combustible ruso. Una desescalada reduce la prima de riesgo que encarece los fletes y los seguros del gas natural licuado (GNL) que llega a las plantas de regasificación españolas —España es la puerta de entrada de un tercio del GNL que consume la UE—. Si el acuerdo cristaliza, el precio del gas en el mercado ibérico podría moderarse en los próximos trimestres, lo que aliviaría la factura energética de hogares y empresas y, en consecuencia, presionaría a la baja la inflación subyacente. No obstante, el Euríbor apenas notaría un efecto directo; la verdadera baza para las hipotecas españolas sigue estando en Fráncfort, no en Beirut. La incógnita es si el BCE verá este atisbo de estabilidad como un argumento adicional para acelerar los recortes de tipos o si, por el contrario, la amenaza de una guerra civil mantendrá la cautela sobre la evolución de los precios energéticos.




