La crisis política británica se ha trasladado esta mañana a los mercados con una virulencia que no veía desde el otoño de 2022. He seguido la apertura del FTSE 100 mientras las agencias confirmaban que Keir Starmer anunciará hoy su dimisión como primer ministro, apenas dos años después de aterrizar en Downing Street. El índice londinense ha llegado a ceder más de un 1,5 % en los primeros compases, arrastrado por los valores inmobiliarios y financieros, y la libra esterlina ha tocado mínimos frente al dólar que no se registraban desde el pánico desatado por los minipresupuestos de Liz Truss.
Lo que empezó como un goteo de críticas internas en el Partido Laborista se ha convertido en un alud. La victoria incontestable de Andy Burnham en las elecciones parciales de Makerfield el pasado viernes ha actuado como catalizador. El alcalde de Gran Manchester, una figura que llevaba años esperando su oportunidad en la sombra, ha conseguido lo que parecía imposible: unificar al laborismo en torno a la idea de que el problema no es el programa, sino el mensajero. Decenas de diputados y varios ministros de peso —Yvette Cooper, Shabana Mahmood o Heidi Alexander— han reclamado ya en privado la cabeza del primer ministro.
El detonante: Makerfield y la sombra de Farage
Burnham no solo ganó el escaño. Demostró que existe un discurso capaz de frenar a Reform UK, la formación populista de Nigel Farage que se ha convertido en la principal amenaza electoral para los laboristas en el norte de Inglaterra. Los comicios locales de mayo ya habían encendido las alarmas; Makerfield ha sido el detonante definitivo. Starmer, que prometió estabilidad tras catorce años de gobiernos conservadores, se marcha sin haber logrado domeñar ni a su propio partido ni a un electorado cada vez más fragmentado. Será el séptimo inquilino del Número 10 en una década, un dato que la City ha cotizado hoy con crudeza.
«Starmer hará lo que sea mejor para el interés del país» — Peter Kyle, ministro de Empresas, en declaraciones a la BBC.
«Starmer ha fracasado estrepitosamente en temas importantes» — Donald Trump, expresidente de Estados Unidos, en un mensaje en redes sociales.
La libra y la deuda pagan la incertidumbre
El sell-off de esta mañana es el termómetro de un mercado que detesta los vacíos de poder. La libra ha perforado el nivel de 1,20 frente al dólar y los gilts a diez años han visto cómo su yield repuntaba con fuerza, ampliando el spread con el bund alemán hasta niveles que no tocaba desde los momentos más tensos de la negociación del Brexit. El temor no es solo la inestabilidad inmediata: los inversores descuentan que un futuro gobierno de Burnham podría virar hacia políticas más intervencionistas, aunque el propio Burnham haya coqueteado con el centro en el pasado. La posibilidad real de que Ed Miliband asuma la cartera de Hacienda añade presión bajista sobre unos activos que ya arrastraban dudas estructurales desde la salida de la Unión Europea.
Análisis: séptimo primer ministro en diez años, y el coste de la fragmentación
Lo que veo en esta crisis no es solo una lucha de poder en el laborismo. Es la constatación de que el Brexit partió en pedazos el sistema político británico y de que las grietas siguen sin cerrarse. La prima de riesgo política del Reino Unido, que llegó a esfumarse tras el acuerdo comercial con Bruselas, ha vuelto a emerger con fuerza. Reform UK actúa como una cuña que impide la formación de mayorías estables, y los mercados empiezan a interiorizar que la alternancia ordenada entre dos grandes partidos puede ser historia. La gran pregunta para las próximas semanas es si el Banco de Inglaterra se verá forzado a frenar cualquier amago de recorte de tipos para defender la divisa, en un momento en que la economía británica apenas crece. La conferencia laborista de finales de septiembre se ha convertido, de repente, en la cita más importante para el futuro de la libra.
🌍 El impacto en España y Europa
La tormenta en la City tiene consecuencias directas para el ahorrador español. La debilidad de la libra, unida a la huida hacia el dólar como refugio, está presionando al alza al Euríbor a través de los spreads soberanos europeos. Si la inestabilidad persiste, las hipotecas variables que se revisen en los próximos meses podrían encarecerse entre 10 y 15 puntos básicos adicionales respecto a lo previsto, una factura que los hogares españoles no necesitan en plena desescalada de la inflación. Para el sector turístico —con millones de visitantes británicos cada año—, una libra devaluada encarece las vacaciones en España y podría restar ingresos al sector exterior. Y para las empresas del IBEX 35 con exposición al mercado británico (IAG, Santander UK, Telefónica), la combinación de crisis política y desplome de la divisa es un viento de cara que no estaba en ningún presupuesto de 2026.





