Christie’s subasta el vestuario de ‘Devil Wears Prada’ y consolida la moda de cine como inversión

Veinte años después de la primera venta benéfica en eBay, las prendas de la secuela salen a subasta con el sello de Christie's y elevan el vestuario cinematográfico a clase de activo alternativo.

Nunca imaginé que dedicaría un análisis de inversión a un vestido manchado de salsa. Pero la subasta que Christie’s prepara para septiembre del vestuario de la secuela de The Devil Wears Prada ha conseguido lo que parecía improbable: convertir la moda de cine en un activo alternativo con fundamentales cada vez más sólidos.

De eBay a Christie’s: la evolución del mercado del vestuario cinematográfico

Hace exactamente dos décadas, una parte del armario de Miranda Priestly y Andy Sachs salió a subasta en eBay, la plataforma de compra-venta que entonces dominaba un mercado aún sin catalogar. Aquella venta benéfica recaudó fondos para Dress for Success y dejó como anécdota que el boyfriend de Anne Hathaway compró el abrigo verde con puños de leopardo que la actriz convirtió en fetiche personal. Hoy, la misma casa de subastas que vende un Basquiat por 100 millones de euros da la bienvenida a las prendas de la secuela con una venta online del 1 al 15 de septiembre bajo el título ‘A Million Girls Would Kill for These Things’. La exposición pública se celebrará en las galerías de Rockefeller Center del 8 al 13 de septiembre.

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El salto cualitativo no es menor. Christie’s, con presencia en 46 países y más de 7.600 millones de dólares en ventas anuales, está validando un segmento que hasta ahora oscilaba entre el mercadillo de fans y las casas especializadas en entertainment memorabilia. En la subasta participan prendas firmadas por Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Lady Gaga, con un denominador común: la procedencia directa del rodaje y la garantía de autenticidad que ofrece la casa de subastas.

Entre los lotes se incluye el vestido verde de Andy Sachs —un Gabriela Hearst Niki que se vende al público por 7.900 euros— con la mancha de comida de la escena de los Hamptons deliberadamente conservada. También un prototipo de los zapatos rojos Valentino Garavani Rockstud, firmados por Streep, con una estimación de entre 500 y 1.000 euros, una cifra que parece una ganga para cualquier inversor que entienda el valor potencial de la firma y la pantalla. Y, por supuesto, la chaqueta Dries Van Noten con flecos que Streep lució en una reunión de la redacción de Runway, pieza que la diseñadora de vestuario y la actriz salvaron de los recortes del estudio.

Las piezas clave y la lógica del coleccionista-inversor

El interés para un family office o un inversor de alto patrimonio no reside en la función textil de las prendas, sino en su capacidad de encapsular un momento de la cultura pop que sigue generando conversación dos décadas después. La película original es un referente de la industria de la moda y una máquina de nostalgia para una generación que ahora ocupa posiciones de toma de decisión financiera. La secuela, con la incorporación de Lady Gaga, proyecta renovar ese capital simbólico justo a tiempo para la subasta.

Christie’s no es ajena al poder del cine como motor de valor. En 2011, la casa ya vendió el vestido blanco de Marilyn Monroe en La tentación vive arriba por 5,6 millones de dólares, y en 2019 adjudicó el icónico traje de Sean Connery como James Bond por más de 100.000 euros. El vestuario de The Devil Wears Prada no alcanzará esas cotas en esta ronda, pero el patrón de revalorización es similar: escasez, procedencia contrastada y un universo de coleccionistas dispuestos a pagar por un trozo de historia cinematográfica.

El vestuario de una película ya no es un recuerdo de fan: es un activo con procedencia, historia y un mercado secundario que valida su precio con cada nueva subasta.

Horizonte temporal y riesgos: ¿inversión o pasión con plusvalía?

Mi experiencia con los activos alternativos indica que este tipo de piezas operan en un mercado de compradores apasionados, no puramente financieros. Eso introduce dos dinámicas: por un lado, la demanda es muy inelástica en los segmentos altos —un coleccionista dispuesto a pagar no se guía por el PER—; por otro, la liquidez puede evaporarse cuando el entusiasmo generacional se enfría. El valor del vestuario de The Devil Wears Prada depende en buena medida de que la película siga siendo relevante para los compradores con capacidad de gasto. La secuela, si triunfa en taquilla, actuará como catalizador inmediato; si fracasa, el precio de mercado secundario podría estancarse.

Con todo, la entrada de Christie’s en esta categoría es un paso hacia la institucionalización. Al igual que ocurrió con los relojes de colección hace quince años o con los bolsos de Hermès, la validación de una gran casa de subastas reduce la asimetría de información y amplía el pool de compradores. Eso, en el medio plazo, tiende a comprimir los descuentos por iliquidez y a estabilizar las valoraciones.

💎 Veredicto Wealth

El vestuario cinematográfico de culto puede ser un activo de diversificación para el inversor que combine afinidad cultural con un horizonte superior a los siete años. La principal amenaza no es la volatilidad del precio, sino la liquidez: vender un vestido de Anne Hathaway requiere encontrar al comprador exacto en el momento en que la nostalgia por el filme alcanza su pico.

La subasta benéfica de Christie’s arranca el 1 de septiembre. Quienes quieran añadir un pedazo de Miranda Priestly a su cartera tendrán quince días para pujar. La única certeza es que, esta vez, nadie sugerirá flores para primavera.


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