Iberdrola ha movido ficha en uno de los proyectos más ambiciosos de la nueva economía del hidrógeno. La planta Green Meiga, que iba a levantarse en Begonte, en plena Terra Chá lucense, se construirá finalmente en Huelva. La inversión, cercana a los 500 millones de euros, se mantiene. Lo que cambia es la ubicación, el consorcio y el calendario. La noticia, adelantada por Economía Digital, ha sacudido el tablero autonómico: Galicia pierde una de sus grandes apuestas verdes y Andalucía gana un complejo industrial ligado al metanol renovable.
De Begonte a Huelva: la ingeniería se impone
La decisión no fue improvisada. Tras completar la ingeniería básica y analizar los resultados técnicos y económicos, Iberdrola concluyó que el emplazamiento original no garantizaba la viabilidad a largo plazo. El grupo presidido por Ignacio Sánchez Galán ha incorporado a Magnon, filial de Ence, como socio estratégico. Magnon opera en Huelva una planta de generación con biomasa de 50 MW —la mayor de España— y aporta activos esenciales: terrenos adecuados, acceso a CO₂ biogénico, permisos ambientales ya concedidos y un suministro de agua fiable.
La entrada de Magnon, formalizada en diciembre de 2025 junto con la modificación del acuerdo con la Agencia Ejecutiva Europea del Clima (Cinea), resuelve uno de los quebraderos de cabeza de la versión gallega: la captura y el refinado del CO₂ necesario para producir e-metanol. En Huelva, el CO₂ lo pondrá la biomasa de Magnon. En Begonte, el proyecto dependía de fuentes externas más inciertas.
El hidrógeno verde solo será rentable donde el CO₂ biogénico y la demanda industrial se den la mano.
El nuevo calendario también se resiente: las operaciones arrancarán a finales de 2028, casi dos años después de lo previsto inicialmente. Ciena ha autorizado el retraso, consciente de que el cambio de localización refuerza la solidez del proyecto. Europa sigue mirando con buenos ojos esta iniciativa, que recibió una ayuda europea de 123 millones de euros en el marco del plan REPowerEU.
Metanol verde y empleo: las cifras del nuevo Green Meiga

El corazón del Green Meiga es una planta de producción de 100.000 toneladas anuales de e-metanol, un compuesto químico clave para descarbonizar sectores como los plásticos, los materiales de construcción o los combustibles sintéticos. Para fabricarlo, Iberdrola desplegará una unidad de electrólisis de 151 megavatios que generará hidrógeno verde. Ese hidrógeno se combinará con el CO₂ biogénico que suministrará Magnon. El resultado es un metanol con huella de carbono cercana a cero.
Las cifras de empleo también han viajado al sur. Durante la fase de construcción se prevén 6.000 puestos de trabajo, mientras que la operación de la planta generará 426 empleos entre fijos, temporales e inducidos. Son números que la Xunta de Galicia había defendido con uñas y dientes cuando declaró el proyecto como iniciativa empresarial prioritaria en su día. Ahora se esfuman.
En el consorcio, Foresa, la empresa gallega con sede en Caldas de Reis, mantiene su papel. Se encargará de la recepción y el refinamiento del CO₂, así como del módulo de síntesis de metanol. Iberdrola coordinará todo el proyecto y liderará la parte de hidrógeno. El objetivo: evitar 2,9 millones de toneladas de CO₂ al año, una cifra equivalente a las emisiones de una ciudad mediana.
La reubicación no solo atiende a razones técnicas. Huelva concentra una demanda industrial de metanol que Begonte no podía ofrecer, lo que mejora las perspectivas comerciales del proyecto. De hecho, la propia Iberdrola reconoce que el Green Meiga aspira a cubrir ‘una importante cuota de mercado’ insatisfecha de e-metanol, reforzando su posicionamiento como actor de referencia.
La nueva geografía del hidrógeno en España
La decisión de Iberdrola es sintomática del momento que vive el hidrógeno verde en España. La Asociación Gallega del Hidrógeno ya advertía en su último informe de seguimiento que el sector está ‘en una fase de criba y consolidación’. De los más de 30 proyectos que llegaron a barajarse en Galicia, solo seis siguen en tramitación. El reto, como señalan los propios promotores, es convertir el potencial en proyectos con decisión final de inversión, demanda asegurada y financiación europea directa.
Desde esta redacción, creemos que el traslado de Begonte a Huelva no es un fracaso del hidrógeno, sino una muestra de madurez. Los grandes proyectos industriales no se deciden por romanticismo territorial, sino por la alineación de recursos: electricidad renovable, biomasa, agua, permisos y mercado. Huelva los tiene todos. Galicia, en este caso concreto, ofrecía solo la voluntad política.
Con todo, la pérdida duele. La Xunta había apostado fuerte por el Green Meiga como punta de lanza de su cadena de valor del hidrógeno. Ahora, el foco se desplaza al sur, donde Ence y su filial Magnon consolidan un polo industrial que ya mira al metanol verde como nueva línea de negocio. Es pronto para hablar de un corredor andaluz del hidrógeno, pero la semilla está plantada —y con 500 millones encima de la mesa—.
No es descartable que otros proyectos sigan el mismo camino de pragmatismo. La geografía del hidrógeno en España se está dibujando no solo sobre el mapa de los recursos eólicos y solares, sino sobre el mapa de la industria existente y de la biomasa disponible. Iberdrola ha sido la primera en mover ficha. No será la última.




