El número de voluntarios con implantes cerebrales se duplica y los ensayos de interfaz cerebro-computadora despegan

La cifra de personas con implantes cerebrales en ensayos clínicos supera los 150, duplicando la de hace dos años. China se convierte en el primer país en autorizar su uso médico y la tecnología avanza hacia la comunicación y la movilidad asistida.

El número de voluntarios con implantes cerebrales en ensayos clínicos se ha duplicado en apenas dos años, superando los 150 individuos, según una estimación actual de la investigadora Mariska Vansteensel, del Centro Médico Universitario de Utrecht. China acaba de convertirse en el primer país en aprobar el uso médico de una interfaz cerebro-computadora (BCI), y los laboratorios de todo el mundo están refinando dispositivos capaces de devolver la comunicación y la movilidad a personas con parálisis grave.

El mundo de las interfaces cerebro-computadora (BCI), una tecnología que hasta hace poco parecía de ciencia ficción, está viviendo una aceleración sin precedentes. Hace solo dos años, un estudio publicado por Michelle Patrick-Krueger y sus colegas de la Universidad de Houston identificó 67 voluntarios con implantes cerebrales en ensayos desde 1998 hasta finales de 2023. “Desde entonces, esa cifra ha aumentado muchísimo”, afirma Vansteensel. Su estimación actual ronda las 150 personas, un salto que refleja el despegue de una tecnología que durante décadas permaneció confinada a unos pocos laboratorios académicos.

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La historia de Casey Harrell: hablar y trabajar con el pensamiento

Uno de esos voluntarios es Casey Harrell, un hombre con esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que perdió la capacidad de hablar. En julio de 2023, un equipo de la Universidad de California en Davis le implantó un dispositivo que capta la actividad eléctrica del cerebro durante el habla imaginada. Desde entonces, Harrell ha usado el sistema para comunicarse con fluidez, navegar por internet y seguir ejerciendo su labor como activista climático, todo ello sin depender de otra persona.

El implante, desarrollado dentro del consorcio BrainGate, consta de electrodos insertados en el cerebro y conectados a un ordenador externo mediante dos puertos en la parte superior de la cabeza. Un software decodifica las señales cerebrales en fonemas y predice lo que Harrell quiere decir. Una mirada a un rastreador ocular le permite corregir cualquier error antes de que las palabras se emitan por un altavoz.

“Para mí, esto no es nada menos que revolucionario”, declaró Harrell a MIT Technology Review. El sistema incluye un filtro de lenguaje soez que evita malentendidos cuando habla con su hija y un modo de privacidad. Pero, sobre todo, le ha devuelto la autonomía: ha podido mantener un empleo, reconectar con amigos y leer cuentos a su hija pequeña.

El dispositivo ha permitido a Harrell mantener un empleo, reconectar con amigos y leer a su hija: una autonomía que parecía perdida para siempre.

El equipo de UC Davis, liderado por el neurocirujano David Brandman, ha refinado el sistema durante casi tres años. La gran novedad no es solo la precisión del decodificador de habla —cercana al 97 %—, sino el salto de una comunicación basada en “apuntar y hacer clic” a una voz sintética clonada de la propia de Harrell, generada a partir de grabaciones anteriores a su enfermedad.

Implantes más allá del laboratorio: de Neuralink a la aprobación en China

El caso de Harrell ilustra el potencial, pero la explosión de ensayos va mucho más lejos. En enero de este año, la empresa Neuralink, fundada por Elon Musk, anunció que ha implantado su dispositivo en 21 personas en los últimos dos años. La compañía apuesta por un chip inalámbrico y totalmente implantable, una de las múltiples arquitecturas que compiten hoy.

Otras firmas han tomado caminos distintos. Synchron, con sede en Nueva York, prueba un implante que se introduce a través de los vasos sanguíneos hasta alcanzar la corteza motora, sin necesidad de cirugía abierta. Sus ensayos en Norteamérica y Australia avanzan con decenas de pacientes. Mientras, la empresa china Neuracle obtuvo este año la autorización para usar su BCI fuera del entorno experimental, marcando un hito regulador: China es el primer país que aprueba un uso médico de esta tecnología.

No todas las interfaces exigen perforar el cráneo. Existen desde gorros de electrodos hasta dispositivos que se colocan sobre la superficie del cerebro (ECoG). La regla es sencilla, explica la comunidad científica: cuanto más cerca de las neuronas, mejor es la señal, pero mayor el riesgo quirúrgico. La empresa Precision Neuroscience, cofundada por un exingeniero de Neuralink, apuesta precisamente por una lámina de electrodos en la superficie cerebral, buscando el equilibrio entre seguridad y rendimiento.

implante cerebral

Lo que sabemos y lo que aún ignoramos: las preguntas pendientes

El entusiasmo es comprensible, pero la prudencia científica obliga a recordar qué es lo que aún no sabemos. La mayoría de los voluntarios que hoy llevan un BCI son personas con lesión medular que conservan la capacidad de hablar; su parálisis afecta a las extremidades, pero no al habla. Los beneficios para pacientes con ELA avanzada están mucho menos documentados. De hecho, en algunos casos en los que los dispositivos sí ayudaron inicialmente —incluso a personas en estado de encierro total—, los sistemas dejaron de funcionar sin que los investigadores sepan aún por qué.

Esa incógnita es una de las razones que justifican el actual despegue de ensayos. Se necesitan más voluntarios, más variabilidad clínica y más años de seguimiento para entender cómo se comporta el cerebro con un implante crónico. “Solo así sabremos para quién funcionan y durante cuánto tiempo”, resume Vansteensel. La diversidad de diseños —alámbricos, inalámbricos, superficiales, profundos— ofrece un abanico de posibilidades, pero también multiplica las variables que hay que controlar.

El panorama, con todo, es mucho más esperanzador que hace un lustro. La entrada de empresas como Neuralink y Synchron ha acelerado la inversión, y la decisión de China de saltar a la aprobación médica coloca a la tecnología ante un escrutinio regulatorio que, de superarse con éxito, podría allanar el camino para su uso más amplio. Los próximos dos años serán cruciales para ver si la promesa de devolver la comunicación y la movilidad resiste el paso del tiempo.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: El número de voluntarios con implantes cerebrales en ensayos clínicos se duplica en dos años, superando los 150, y China aprueba el primer uso médico de una interfaz cerebro-computadora.
  • Dónde: Múltiples centros en Estados Unidos (UC Davis, Neuralink), Europa (Utrecht), China (Neuracle) y Australia (Synchron).
  • Institución responsable: Consorcio BrainGate, Universidad de California en Davis, Neuralink, Synchron, Neuracle y el Centro Médico Universitario de Utrecht, entre otros.
  • Cuándo: Datos actualizados a junio de 2026; el hito chino se produjo en 2026.
  • Impacto a futuro: Acelera la investigación para restaurar la comunicación y la movilidad en personas con parálisis grave, aunque persisten interrogantes sobre la durabilidad y eficacia a largo plazo.

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