CryptoQuant sentencia: el 99,9% de las altcoins están muertas; solo estas tres categorías sobrevivirán

El CEO de CryptoQuant, Ki Young Ju, apunta a que la era de los tokens sin ingresos ha terminado. Solo los proyectos con utilidad real, como BNB, Toncoin y DeFi, resistirán el filtro institucional.

El 99,9% de las altcoins —es decir, las criptomonedas que no son bitcoin— está condenado a desaparecer. Así lo ha afirmado Ki Young Ju, CEO de la firma de análisis on-chain CryptoQuant, en un hilo publicado en X el 17 de junio. Ju no solo decreta el fin de una era; también señala qué proyectos sobrevivirán a la criba.

Según Ju, en cada ciclo alcista el capital nuevo que llega del mundo financiero tradicional se ha concentrado en bitcoin, mientras que el resto del mercado se ha limitado a rotar su liquidez interna. La capitalización total de las altcoins apenas ha superado el máximo que alcanzó en 2021, mientras que la de bitcoin sí ha crecido con fuerza. El cambio de rumbo de la Reserva Federal y las tensiones geopolíticas de 2026 han reforzado esta tendencia.

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El problema de las altcoins basadas en narrativa

El diagnóstico de CryptoQuant es duro pero sencillo: cualquier token cuyo único atractivo sea una historia bonita está muerto. Cuando no hay ingresos reales ni un equipo que ejecute, el precio se viene abajo en cuanto la narrativa pasa de moda. Ju lo resume con una frase: “La era de ganar dinero solo por emitir un token se acabó”.

Aunque bitcoin se compara con fortunas de billones de dólares, la inmensa mayoría de las altcoins sigue muy lejos de sus precios máximos anteriores. Y sin una fuente de ingresos verificable, los inversores acaban abandonando el proyecto.

Las tres categorías que sobrevivirán según CryptoQuant

Ki Young Ju divide las pocas excepciones en tres grandes grupos. El primero lo forman negocios globales de internet que emiten tokens en lugar de acciones tradicionales.

En esta categoría entran BNB, el token nativo del exchange Binance, y Toncoin (GRAM), vinculado a la aplicación de mensajería Telegram. Ambos tienen una base de usuarios enorme, generan ingresos reales y ejecutan de forma constante. Ju cree que, a medida que se aprueben ETF de altcoins, estos activos podrían canalizar parte del capital institucional hacia los ecosistemas de Internet.

La supervivencia de una altcoin ya no depende de una historia atractiva, sino de ingresos verificables y equipos comprometidos.

El segundo grupo lo componen los protocolos de finanzas descentralizadas (DeFi) que generan ingresos demostrables. Ju puso como ejemplo a Hyperliquid (HYPE), cuyo volumen de trading en 2026 demuestra una demanda real. Para el CEO, la credibilidad del fundador y una gobernanza que respete a los tenedores de tokens marcan la diferencia entre los proyectos viables y el resto. Es decir, no basta con tener una buena idea: hace falta tracción y transparencia.

Un informe de Standard Chartered calcula que el sector DeFi podría alcanzar un valor de 2,7 billones de dólares en 2030, lo que da respaldo a la tesis de que los protocolos con ingresos demostrables tienen un futuro duradero.

El tercer grupo recoge tendencias financieras más amplias: stablecoins, tokenización de activos del mundo real (RWA) y acciones tokenizadas. Son sectores donde la tecnología blockchain ya ha encontrado demanda institucional real. Ju también menciona la infraestructura para agentes de inteligencia artificial, un área que compara con las empresas tecnológicas que surgieron tras el estallido de las puntocom.

Qué significa esto para el inversor y para el mercado cripto

Lo que plantea Ki Young Ju no es una novedad absoluta, pero sí un recordatorio de que el sector está madurando. Durante la burbuja de las ICO en 2017, cualquier proyecto con un documento técnico vistoso recaudaba millones. En el verano DeFi de 2020, muchos protocolos prometieron revolucionar las finanzas y hoy son polvo. La diferencia ahora es que el dinero institucional exige fundamentos, ingresos y regulación.

No obstante, conviene ser prudente. Ni BNB está exento de riesgos regulatorios (la SEC ha mirado con lupa a Binance), ni los protocolos DeFi son inmunes a fallos de seguridad. La selección natural que describe Ju es una apuesta a largo plazo, pero no una garantía.

Ju, que se reconoce maximalista de bitcoin, zanjó el debate con claridad: “Estoy de acuerdo en rechazar al 99,9% de las altcoins. Pero ‘la mayoría son basura’ no es lo mismo que ‘todas son basura’. Sean selectivos, no prejuiciosos”.

Con los ETF de cripto al contado cada vez más asentados y una regulación que avanza, la segunda mitad de 2026 podría ser el momento en que se empiece a ver si la estrategia selectiva funciona o si, por el contrario, el grueso del capital sigue prefiriendo la seguridad de bitcoin.


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