La empresa de infraestructura cripto BitGo acaba de estrenarse en el Fortune 500 con unos ingresos declarados de 16.200 millones de dólares en 2025. Se convierte así en la primera compañía de custodia y servicios de activos digitales que, además de cotizar en la Bolsa de Nueva York, opera bajo ficha de banco fiduciario nacional supervisado por la Oficina del Contralor de la Moneda (OCC) de Estados Unidos, según los datos adelantados por Bitcoin Magazine.
El hito llega apenas cinco meses después de que BitGo Holdings (NYSE: BTGO) debutara en el parqué neoyorquino en enero de 2026. La edición de este año del Fortune 500, que se publica esta semana, coloca a la compañía en el puesto 273, reafirmando el peso creciente de la infraestructura cripto en las grandes ligas corporativas.
Un banco fiduciario con más de 470.000 bitcoins bajo custodia
BitGo no es un exchange ni una firma de inversión. Su núcleo de negocio es la custodia institucional de criptomonedas y la prestación de servicios de infraestructura para fondos, emisores de ETF y grandes patrimonios. En sus cajas fuertes digitales reposan más de 470.000 bitcoins, lo que la sitúa entre los diez mayores tenedores de BTC del mundo. La propia compañía guarda una tesorería corporativa de aproximadamente 2.449 bitcoins.
Esa capacidad de custodia regulada es la que ha atraído a clientes como 21Shares —para sus ETF de bitcoin—, Fold y, más recientemente, a proyectos de stablecoin como World Liberty Financial (con su USD1) y SoFi (con SoFiUSD, la primera stablecoin emitida por un banco nacional estadounidense en una blockchain pública).
Nick Payton, vicepresidente de marketing de BitGo, explicó a Bitcoin Magazine que la ficha bancaria federal concedida por la OCC en diciembre de 2025 supone “una ventaja competitiva difícil de replicar solo con software, por muy avanzada que sea la inteligencia artificial”. Al operar como BitGo Bank & Trust, National Association, la empresa queda sujeta a estándares de capital reforzados, auditorías periódicas y supervisión fiduciaria, lo que —según Payton— traslada la carga del cumplimiento normativo fuera de los hombros de sus clientes institucionales.
La combinación de ficha bancaria federal y volumen de custodia genera una ventaja difícil de replicar con software, por más avanzada que sea la inteligencia artificial.
Más allá de la custodia: los nuevos motores de ingresos
El negocio de BitGo ya no es solo custodiar. La compañía ha diversificado sus fuentes de ingresos con tres patas complementarias: los servicios Prime (negociación OTC, trading electrónico y derivados), el staking desde custodia fría (que permite obtener rendimientos por activos como Ethereum o Solana sin moverlos de la cámara acorazada), y la plataforma de Stablecoin-as-a-Service, que gestiona la emisión, quema y custodia de monedas estables.
El propio Payton detalló que las comisiones de custodia siguen siendo el pilar principal de la facturación, pero que el segmento de stablecoins es el que más crece. SoFiUSD, por ejemplo, arrancó con una emisión inicial de 150 millones de dólares y planes de escalar con rapidez. “Bitcoin siempre ha movido mucho volumen en BitGo, pero Ethereum, Solana y las stablecoins también están ganando protagonismo”, añadió.
La compañía opera en en más de 100 países, con oficinas en Dubái —donde posee licencia VARA—, Londres, Ciudad de México y Singapur. Una capilaridad que, combinada con la ficha federal, le permite ofrecer servicios transfronterizos sin el laberinto de licencias estado por estado que lastra a otros actores.
Análisis: el Fortune 500 como nuevo campo de juego para las cripto
Que una empresa de infraestructura cripto entre en la lista de las 500 mayores compañías estadounidenses por ingresos no es un dato más. Hasta ahora, los actores cripto con visibilidad en este tipo de clasificaciones eran, sobre todo, mineros o exchanges. BitGo representa la llegada de la capa de servicios financieros especializados, un segmento que el inversor tradicional entiende mejor porque se parece al de un custodio de valores clásico, pero sobre raíles digitales.
La jugada de la OCC —conceder una ficha fiduciaria nacional a una compañía nativa cripto— rompe además con la idea de que la regulación es siempre un freno. En este caso, la supervisión federal actúa como un sello de garantía que atrae dinero institucional y facilita la expansión internacional. No es casualidad que los ETF de bitcoin recurran a BitGo como custodio: buscan la misma seguridad jurídica que esperarían de un banco tradicional.
Dicho esto, conviene no perder de vista los riesgos. La concentración de cientos de miles de bitcoins en un solo custodio, por muy regulado que esté, es un punto único de fallo potencial si alguna vez fallaran los procedimientos o surgiera una vulnerabilidad no detectada. BitGo insiste en su arquitectura de seguridad y en las auditorías continuas, pero la historia del sector está llena de ejemplos en los que la confianza ciega ha salido cara.
En paralelo, la compañía mira hacia la tokenización de activos tradicionales —acciones, deuda privada— como una oportunidad a medio plazo. Payton se mostró entusiasta pero cauto: “Hay que hacerlo con cuidado y de forma responsable. No queremos que se convierta en una burbuja”.
Lo que sí queda claro es que, por primera vez, el Fortune 500 tiene en sus filas a un banco fiduciario cuya materia prima son criptomonedas. Y eso, en un sector acostumbrado a las promesas, es una realidad contante y sonante.




