La galaxia Ojo Negro, Messier 64, es un torbellino de polvo oscuro y luz antigua que esconde un secreto cinético: sus entrañas giran al revés. El pasado 20 de marzo de 2026, la NASA y la ESA publicaron una imagen compuesta que combina las miradas del telescopio espacial Hubble y del James Webb, y lo que revelaron va mucho más allá de una postal cósmica. La banda de polvo que le da el ojo morado a esta espiral a 17 millones de años luz no es solo un adorno: es la cicatriz de una colisión galáctica que invirtió la rotación de sus capas externas hace más de mil millones de años.
La danza cósmica revelada por Hubble y Webb
El retrato es fruto de la suma de longitudes de onda que ningún telescopio por sí solo podía capturar. El Webb observó la galaxia en el infrarrojo cercano y medio, atravesando las nubes de polvo para asomarse a las regiones donde nacen estrellas. El Hubble, por su parte, aportó la luz ultravioleta, visible e infrarrojo cercano, dibujando con nitidez la silueta de la banda oscura que abraza el núcleo brillante. El resultado es una imagen de una riqueza cromática inédita.
El procesamiento corrió a cargo de Gladys Kober, de la NASA y la Universidad Católica de América, sobre datos obtenidos por un equipo internacional liderado por F. Belfiore del Observatorio Europeo Austral, J. Lee del Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial, A. Leroy de la Universidad Estatal de Ohio y D. Thilker de la Universidad Johns Hopkins. Una constelación de instituciones para una sola galaxia.
La banda de polvo oscuro y el ojo siniestro
Messier 64 debe su apodo al denso anillo de material opaco que rodea su centro, visible incluso con telescopios de aficionado. Esa franja negra, que recuerda a un ojo amoratado, no es estática: se desplaza y, lo más desconcertante, rota en sentido contrario al resto de la galaxia. El gas de las regiones exteriores gira en dirección opuesta a las estrellas y el gas de las regiones interiores. Una rareza que la nueva imagen vuelve más palpable.
La vista combinada permite apreciar cómo las estrellas recién nacidas del disco interior siguen un movimiento ordenado, mientras el gas periférico traza una coreografía inversa. En la imagen de Webb, esos filamentos de gas aparecen teñidos de tonos anaranjados; en la de Hubble, el contraste entre la luz azulada del núcleo y la sombra del polvo es casi táctil.

Para hacerse una idea de lo que significa una rotación inversa a escala galáctica imaginemos una peonza dentro de otra peonza que gira al revés. La fricción entre ambas capas genera turbulencias intensas y dispara la formación de estrellas en el límite donde los flujos colisionan. Es exactamente lo que los astrónomos creen que ha ocurrido en el Ojo Negro.
Un baile en sentido contrario: el enigma de la rotación
La explicación más aceptada apunta a una fusión con una galaxia satélite hace más de mil millones de años. Aquella colisión no destruyó a M64, pero sí le robó parte de su momento angular y reconfiguró el movimiento del gas exterior. La imagen del 20 de marzo no resuelve el enigma, pero lo ilumina con un detalle sin precedentes.
El gas que orbita al revés no es un mero capricho. Al moverse en sentido contrario, arrastra consigo material de las regiones internas, comprime nubes moleculares y enciende brotes de formación estelar justo en la frontera. Esa línea de colisión es la que los astrónomos rastrean ahora con los datos de Webb para medir la velocidad del flujo y la tasa de natalidad estelar.
Eso sí, la hipótesis de la fusión no está cerrada. Algunos modelos sugieren que el comportamiento podría deberse también a la acreción de gas intergaláctico frío que llegó con una orientación distinta. La imagen no descarta ninguna de las dos opciones; simplemente nos da el mapa más nítido que tenemos para decidir.
Lo que la fusión galáctica nos cuenta sobre el pasado del Ojo Negro
El Ojo Negro es un laboratorio de dinámica galáctica. Su contrarrotación permite a los científicos estudiar cómo las colisiones reordenan el cosmos sin necesidad de viajar atrás en el tiempo. Porque mirar a M64 es mirar un accidente congelado: lo que vemos ahora ocurrió hace 17 millones de años, cuando la luz partió, pero la estructura que observamos sigue cicatrizando.
Este tipo de galaxias con componentes cinemáticamente desacoplados no son excepcionales, pero pocas se muestran con esta claridad. Y la combinación de telescopios ofrece una lección de astrofísica práctica: Hubble ve la sombra, Webb ve el fuego que la sombra esconde. Juntos convierten un enigma en un relato.
El gas exterior de la galaxia Ojo Negro gira al revés, una anomalía que probablemente nació de una fusión hace más de mil millones de años.
La imagen compuesta de marzo de 2026 no es la última palabra. Los equipos seguirán apuntando los espectrógrafos de Webb para descomponer la luz de las regiones de choque y medir con precisión las velocidades radiales. Si el modelo de fusión es correcto, cabría esperar encontrar los restos difusos de la galaxia satélite engullida, quizá en forma de corrientes de marea aún no detectadas.
De confirmarse, estaríamos ante la crónica de una colisión que reescribió la anatomía de una galaxia entera. Y todo ello a apenas 17 millones de años luz de casa, una distancia casi vecinal en términos cosmológicos.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Una imagen compuesta sin precedentes de la galaxia Messier 64 (Ojo Negro) que revela con detalle su rotación inversa y la banda de polvo que la caracteriza.
- Dónde: Constelación de Coma Berenices, a unos 17 millones de años luz de la Tierra.
- Institución responsable: NASA, ESA, CSA, con datos de Hubble y Webb procesados por Gladys Kober (NASA/Catholic University of America).
- Cuándo: Imagen publicada el 20 de marzo de 2026.
- Impacto a futuro: Proporciona la base observacional para resolver el origen de la contrarrotación galáctica mediante futuros estudios espectroscópicos.



