Murat Kurum, presidente designado de la COP31, ha lanzado en Bonn un objetivo global que ambiciona que el 35% de la energía final proceda de la electricidad en 2035, acelerando la descarbonización de los sectores del transporte, la calefacción y la industria pesada.
El 35% de la energía mundial, eléctrica: la nueva meta de la COP31
La propuesta presentada por Kurum, que será el anfitrión de la cumbre del clima que se celebrará en Turquía a finales de 2026, pone cifras a una realidad que muchos actores llevan años reclamando. Hoy, apenas un 20% del consumo final de energía procede de la electricidad. Cerca de cuatro quintas partes siguen dependiendo directamente del petróleo, el gas y el carbón, según los datos recogidos por la Agencia Internacional de la Energía. El objetivo lanzado desde Bonn busca dar la vuelta a esa ecuación en menos de diez años.
“El mundo debe aspirar a que un tercio de sus necesidades energéticas se cubran con electricidad en 2035”, afirmó Kurum ante los delegados reunidos en la ciudad alemana para preparar la agenda de la próxima Conferencia de las Partes (COP). La declaración, aunque no es vinculante para los países, marca el tono de la que será la prioridad de la presidencia turca de la COP31: impulsar una electrificación masiva de la economía como palanca de descarbonización.
Cómo impulsar la electrificación sin descuidar la eficiencia
El reto no es menor. Sectores como el transporte, la climatización de edificios o la industria de alta temperatura llevan décadas funcionando con combustibles fósiles y no se electrifican de un día para otro. La hoja de ruta que esboza la presidencia de la COP31 combina tres pilares: renovables, redes inteligentes y eficiencia energética.
Vamos a los datos. Hoy, la generación eléctrica mundial ya es renovable en alrededor de un 30%, pero los electrodomésticos, las calderas de gasóleo y los motores de combustión interna siguen dominando la demanda final. Para alcanzar el 35% de electrificación en 2035, la generación limpia deberá expandirse a un ritmo aún no visto y, sobre todo, tendrá que desplegarse la infraestructura de recarga y almacenamiento que haga viable sustituir millones de equipos fósiles.

La letra pequeña del plan apunta directamente a los próximos planes nacionales de energía y clima. “Las contribuciones determinadas a nivel nacional que los países deben presentar este año tienen que incluir objetivos claros de electrificación”, señaló un asesor técnico de la presidencia. Esta exigencia conecta con la Taxonomía Verde europea y con el paquete Fit for 55, que ya fuerza a las compañías a reportar el Scope 3 y a acelerar la transición de sus flotas.
📊 Impacto ecológico en cifras
- CO2 evitado: No detallado en la fuente, pero cada punto porcentual de electrificación que sustituya combustibles fósiles evitaría cientos de millones de toneladas de CO2 anuales.
- Capacidad / magnitud: La meta supone elevar del 20% al 35% el peso de la electricidad en el consumo final de energía mundial.
- Inversión: Las necesidades de inversión en redes, renovables y eficiencia se estiman en varios billones de euros hasta 2035, según estimaciones de la AIE.
- Equivalencia tangible: Alcanzar el 35% de electrificación global equivale a retirar de la ecuación energética todo el consumo actual de petróleo de China e India juntos.
El objetivo de la COP31 no es una recomendación más; coloca a la electrificación como la palanca central de la descarbonización global.
Lo que la COP31 exige a las empresas y a los inversores ESG
La declaración de Bonn no se queda en el ámbito diplomático. A efectos prácticos, la presidencia turca está lanzando un mensaje directo a los gestores de activos y a los departamentos de sostenibilidad de las grandes corporaciones: los próximos planes de inversión deben financiar, sobre todo, electrificación limpia y eficiencia.
La demanda de bombas de calor, de puntos de recarga ultrarrápida, de electrificación de procesos industriales o de flotas de reparto cero emisiones no es una tendencia: es el suelo que pisa la COP31. Las empresas que ya cuentan con estrategias ESG alineadas con la Taxonomía Verde y con objetivos validados por SBTi parten con ventaja, porque la cumbre de finales de 2026 va a pedir hechos, no anuncios. La inversión verde, los bonos verdes y los fondos de transición energética tienen una señal de hacia dónde dirigirse.
La presidencia turca quiere que la COP31 no se limite a un debate sobre emisiones, sino que se convierta en un acelerador de la transformación industrial. Para ello, pedirá a los bancos multilaterales y a las agencias de crédito a la exportación que reorienten sus carteras hacia la electrificación de países en desarrollo, según fuentes cercanas a la organización.
La COP31 aprieta el acelerador: ¿llega a tiempo?
La meta del 35% de electrificación para 2035 no aparece en el vacío. Ya en 2023, la Agencia Internacional de la Energía señalaba que, para alinearse con un escenario de cero emisiones netas en 2050, la cuota de electricidad en el consumo final debía alcanzar el 30% en 2030. El nuevo objetivo de la COP31 sube la ambición: cinco puntos porcentuales más en un plazo cinco años después. El horizonte es todavía más exigente y, por tanto, el margen de error más estrecho.
Aquí está la letra pequeña que de verdad importa. La electrificación, sin una generación 100% renovable y sin una red capaz de gestionar millones de nuevos puntos de consumo, corre el riesgo de quedarse en una promesa bienintencionada. Países como España, con una penetración eólica y solar entre las más altas de Europa, pueden absorber esa meta sin grandes sobresaltos. Pero economías emergentes que todavía dependen del carbón para generar electricidad necesitarán un esfuerzo de inversión y de transferencia tecnológica que hasta ahora no ha llegado.
El dato que sostiene la ambición es rotundo: cerrar 2026 con una hoja de ruta clara hacia el 35% de electrificación en 2035 evitaría una factura climática que, de no actuar, se pagará en forma de eventos extremos y disrupciones en las cadenas de suministro. Como ya ha ocurrido con la Taxonomía Verde, cuando una gran cumbre aprieta, el mercado reacciona antes que la ley.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: Cada punto de electrificación renovable que sustituya consumo fósil evita cientos de millones de toneladas de CO2 al año y reduce la contaminación atmosférica en las ciudades.
- Modelo que cambia: La meta del 35% acorta los plazos de amortización de las inversiones en renovables, redes y almacenamiento, y acelera la obsolescencia de los activos fósiles no electrificables.
- Para las próximas generaciones: Una economía electrificada con fuentes limpias es más eficiente, más barata a largo plazo y menos dependiente de la volatilidad de los combustibles fósiles, sentando las bases de un sistema energético resiliente.





