El actor Russell Crowe ha visto suspendido el rodaje de su nueva película, ‘The Last Druid’, en España debido a un brote de peste porcina que afecta a varias comarcas de Barcelona. La producción, que contaba con una inversión millonaria y equipos técnicos nacionales, iba a repartirse entre las Islas Canarias y la Ciudad Condal. Ahora, el Departamento de Agricultura de la Generalitat ha paralizado los permisos al considerar que no se han aplicado las medidas suficientes para evitar la propagación de la enfermedad a través del movimiento de jabalíes.
‘The Last Druid’ es un proyecto de corte histórico dirigido por William Eubank, con quien Crowe ya colaboró en ‘Misión hostil’ (2024). El guion sitúa al intérprete neozelandés en la piel de un druida celta que lidera la resistencia de su aldea frente al avance del Imperio Romano. Se trata de una superproducción que iba a dejar en España buena parte de su presupuesto. Según fuentes de la producción, se esperaba generar cientos de empleos directos y una importante contratación de servicios auxiliares en ambas localizaciones.
El plan original contemplaba iniciar el rodaje en Canarias y trasladarse posteriormente a un municipio del interior de Barcelona, una zona montañosa que reunía las condiciones paisajísticas adecuadas. Sin embargo, los últimos focos de peste porcina detectados en la provincia forzaron a la administración a revisar los protocolos sanitarios. El Departamento de Agricultura ya había advertido de que cualquier actividad que pudiera dispersar jabalíes infectados requeriría un cerco perimetral estricto, algo que según el organismo no se había cumplido a pocos días de arrancar las cámaras.
No es la primera vez que un brote sanitario irrumpe en los planes de la industria audiovisual española, aunque sí uno de los casos de mayor repercusión mediática por el nombre del protagonista. La decisión de la Generalitat supone un freno en seco a una producción que prometía reforzar el papel de España como plató internacional, justo cuando el sector trata de consolidar su recuperación tras varios ejercicios marcados por la inflación de costes y la competencia de otros países europeos.
El impacto logístico y financiero de la suspensión no es menor. Un rodaje de esta envergadura moviliza equipos de más de un centenar de personas, alquila instalaciones, contrata hoteles y consume servicios locales durante semanas. Cada día de retraso supone un sobrecoste que puede ascender a decenas de miles de euros, además de complicar las agendas de un reparto internacional. La productora, que había recibido el visto bueno inicial, confía en que las negociaciones con la administración permitan levantar la paralización en un plazo breve, pero la incertidumbre ya ha empezado a pasar factura.
La paralización ilustra el delicado equilibrio entre el control sanitario y una industria que aspira a atraer grandes producciones.
Un freno inesperado al plan de rodaje
El equipo de producción llevaba meses cerrando acuerdos con proveedores locales, desde empresas de transporte y seguridad hasta estudios de sonido y empresas de catering. La inversión en Barcelona superaba los dos millones de euros solo en gastos directos, según estimaciones preliminares que manejan asociaciones del sector. Canarias, por su parte, iba a beneficiarse de la filmación de escenas en sus paisajes volcánicos, un imán habitual para superproducciones que buscan exenciones fiscales y luz natural durante todo el año.
El supervisor de rodaje ha declinado hacer declaraciones públicas, pero fuentes cercanas a la producción admiten que la orden de paralización llegó cuando ya se habían desplazado varios equipos técnicos a la zona. Ahora, mientras los responsables del proyecto evalúan alternativas —incluida la posibilidad de trasladar parte del rodaje a otras comunidades autónomas—, la incertidumbre retrae el flujo de inversión previsto. La situación recuerda a otros episodios en los que plagas o restricciones ganaderas han interferido con actividades económicas aparentemente alejadas del sector primario.
El dilema entre sanidad animal y la apuesta por el cine
La peste porcina es una enfermedad de declaración obligatoria que ha obligado a las autoridades catalanas a extremar las medidas de bioseguridad en los últimos meses. Cualquier actividad que pueda incrementar el movimiento de fauna salvaje en las zonas afectadas está sometida a un escrutinio férreo, y el rodaje de una película histórica en un entorno montañoso entraba de lleno en ese perímetro de riesgo. El Departamento de Agricultura sostiene que la protección de la cabaña ganadera está por encima de cualquier otro interés, y no se ha mostrado dispuesto a ceder mientras no se alcance un protocolo que garantice la contención del brote.
Para el sector audiovisual, el caso de ‘The Last Druid’ evidencia la debilidad de un sistema que, a pesar de los incentivos fiscales y la creciente demanda de localizaciones españolas, aún no ha articulado una vía rápida de resolución en situaciones de crisis sanitaria. La burocracia puede alargar la parálisis durante semanas, y en un negocio donde los plazos de producción están medidos al milímetro, eso equivale a perder el tren de otras producciones. La solución, como en tantos otros ámbitos, pasará por una mayor coordinación entre administraciones y por protocolos que permitan conjugar el control epidemiológico con la actividad económica.
La industria del cine en España movió más de 1.200 millones de euros en 2025 y empleó de forma directa a más de 70.000 profesionales. Atraer a estrellas como Russell Crowe es un activo que el sector no puede permitirse perder cada vez que surge una crisis imprevista. El desafío, ahora, es demostrar que España es capaz de ofrecer seguridad jurídica y sanitaria sin estrangular los proyectos que necesita para seguir creciendo.





