El fondo de 350 millones no frena los costes energéticos de la industria química británica

El gobierno de Starmer destina 350 millones de libras a un fondo de resiliencia, pero la industria química sigue sufriendo con costes energéticos que duplican a los de la UE. La descarbonización sin competitividad está poniendo en riesgo miles de empleos en el sector.

350 millones de libras no van a detener el colapso de la industria química británica. A pesar de su peso en el PIB y en las cadenas de suministro, el sector se desangra por unos costes energéticos que ahogan cualquier margen. El anuncio del gobierno de Starmer no es una solución, es el reconocimiento de que la política Net Zero está dejando al Reino Unido sin una columna vertebral industrial.

En los últimos meses, varias plantas han cerrado o reducido producción, y el fondo de resiliencia de 350 millones de libras anunciado por la canciller Rachel Reeves parece un parche para una hemorragia. A la química se suma la cerámica, que también recibirá 120 millones adicionales, confirmando que la factura eléctrica y del gas está rompiendo sectores enteros.

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Costes energéticos que asfixian: por qué la industria química británica pierde competitividad

El corazón del problema está en los precios de la electricidad y el gas. El Reino Unido arrastra desde hace años unos de los costes industriales más altos de Europa, impulsados por el Carbon Price Floor y la reciente reforma del UK Emissions Trading Scheme. Mientras la UE ha suavizado el impacto con ayudas de estado y exenciones, las plantas británicas compiten con una mano atada a la espalda.

Las cifras son elocuentes. El coste de la electricidad para un gran consumidor industrial en el Reino Unido ronda los 25-30 peniques por kilovatio-hora, casi el doble que en países como España o Alemania, según estimaciones del sector. En un negocio donde la energía supone más del 30% de los costes variables, esa brecha es insalvable. La consecuencia es un goteo de cierres —desde fertilizantes hasta plásticos— que está vaciando el tejido productivo y deslocalizando capacidad hacia Asia y Estados Unidos.

El reciente anuncio de Reeves reconoce esta realidad, pero lo hace con una cantidad que no llega ni al 10% de lo que la industria necesita para modernizarse en un entorno de descarbonización. Es, en la práctica, una confesión de que la transición verde ha ido más rápido que la protección del músculo manufacturero.

El Reino Unido se ha convertido en un laboratorio de la transición energética, y la industria química está pagando el coste del experimento.

Fondo de 350 millones y la cerámica: el gobierno admite el problema, pero ¿es suficiente?

El Critical Chemicals Resilience Fund se ha presentado como un salvavidas para un sector que emplea a más de 150.000 personas y genera un valor añadido de 5.000 millones de libras al año. Sin embargo, la letra pequeña revela que solo cubrirá proyectos de eficiencia energética y descarbonización, no ayudas directas a la factura, dejando fuera a muchas pymes que ya están en números rojos.

La cerámica, hermanada en esta crisis, recibe 120 millones con el mismo enfoque. Ambos fondos suman menos de 500 millones, una cifra que empequeñece frente a los 2.300 millones que Alemania destinó solo a las compensaciones por el coste del CO2 en 2025. La desigualdad regulatoria es tan flagrante que incluso la Confederación de la Industria Británica (CBI) ha pedido una revisión urgente de los mecanismos de apoyo, o el Reino Unido se quedará sin sectores estratégicos para cuando alcance el net zero.

política Net Zero

Competitividad industrial frente a descarbonización: la lección para Europa

La crisis británica es un aviso para toda Europa. Con el Green Deal Industrial Plan y el Reglamento sobre la industria de cero emisiones netas, Bruselas está intentando cuadrar el círculo de la descarbonización con la competitividad, pero el caso del Reino Unido muestra lo que ocurre cuando la ambición climática se desacopla de la política industrial.

España, con un mix energético mucho más renovable y precios mayoristas contenidos, puede salir beneficiada como destino de inversiones que huyen de las islas británicas. Sin embargo, el riesgo de fugas de carbono no es exclusivo de un país: si la UE no acelera el CBAM y protege a sus industrias intensivas en energía, veremos una repetición de este guion en el sur de Europa antes de 2030.

Creo que el Reino Unido está pagando el precio de haber sido el primero en apostar por un modelo de precios altos al carbono sin una red de seguridad industrial sólida. La paradoja es que, al perder capacidad productiva, acabará importando productos químicos fabricados con mucha menos exigencia climática, dilapidando cualquier beneficio ambiental. El fondo de 350 millones es un gesto, pero no cambia la tendencia. La pregunta que queda en el aire es si el gobierno de Starmer está dispuesto a redefinir el ritmo de la transición o si aceptará una desindustrialización silenciosa como peaje del liderazgo climático.


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