143 rechazos de inversores: la historia de WHOOP y su valoración de 10.000 millones

Will Ahmed pasó de no conseguir inversión a liderar una empresa de 10.100 millones. Su secreto: transformar el fallo personal en modelo de negocio.

Me he pasado la mañana viendo la entrevista que CNBC International ha publicado este 6 de junio de 2026 con Will Ahmed. La historia es de las que dejan sin aliento: 143 inversores le cerraron la puerta antes de que su empresa, WHOOP, alcanzase una valoración de 10.100 millones de dólares. Ahora, con 2,7 millones de miembros y fichajes como LeBron James o Cristiano Ronaldo, Ahmed demuestra que a veces el fracaso es el mejor compañero de viaje.

El estudiante de Harvard que quiso medir lo invisible

En 2012, Ahmed estaba en Harvard y tomó una decisión que aterraba a sus padres: no haría consultoría ni finanzas. Montaría una empresa en la intersección del hardware, el software y la medicina. No era ingeniero, no había tenido un trabajo a tiempo completo. Según relató a CNBC, los inversores le repetían que no podría construir una tecnología fiable. Pero él llevaba años haciéndose una pregunta tan ingenua como poderosa: ¿cómo se mide el motor más importante del mundo, nuestro cuerpo? La respuesta la buscó devorando cientos de artículos médicos y escribiendo su propio documento sobre recuperación, intensidad y sueño.

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Ahmed apostó por una estrategia contraintuitiva: antes que al consumidor masivo, fue a por los atletas de élite. “Necesitaban medir la recuperación y, además, si lograba que amasen WHOOP, crearían una marca de rendimiento aspiracional”, explicó. Funcionó. Michael Phelps y LeBron James se convirtieron en usuarios tempranos y el boca a boca en los vestuarios hizo el resto.

Un CEO de 24 años al borde del colapso

Pero construir la empresa casi lo rompe. Con 24 años, Ahmed había levantado decenas de millones, dirigía a 40 personas y se sentía completamente desbordado. “Bebía demasiado café y demasiado alcohol. Era un crío al que habían puesto al mando de una empresa sin manual de instrucciones”, confesó. La tensión estalló en un ataque de pánico que lo llevó al hospital.

Aquella madrugada en urgencias entendió que WHOOP podía fracasar por su culpa, no por la tecnología. Empezó a meditar, cambió su forma de gestionar el estrés y se obligó a crecer al ritmo del negocio. Sin embargo la empresa seguía sin ser rentable y los inversores miraban el reloj.

Una semana para la quiebra y el giro que lo cambió todo

Entre 2017 y 2018, WHOOP tenía una marca potente, la usaban los mejores deportistas del planeta, pero las ventas no despegaban. “Teníamos una tecnología muy potente, sin embargo no habíamos descubierto cómo hacer un negocio de verdad”, recordó Ahmed. La caja se agotaba y la bancarrota acechaba a solo siete días vista.

«Estuvimos a una semana de declararnos en bancarrota antes de cerrar un acuerdo», reveló Will Ahmed.

— Will Ahmed, fundador y CEO de WHOOP

El salvavidas llegó en mayo de 2018, cuando Ahmed mató el precio único del hardware y lo convirtió en una suscripción mensual con el dispositivo incluido. “El monitoreo de la salud es un viaje continuo, no una compra puntual”, justificó. De la noche a la mañana, la empresa se alineó con las necesidades reales de sus miembros y las cifras empezaron a cuadrar.

De la advertencia de la FDA a los 10.100 millones

En mayo de 2025 lanzaron WHOOP 5.0 y WHOOP MG, con funciones como la edad WHOOP —la página más compartida de la aplicación—, electrocardiograma y estimaciones de presión arterial. Pero dos meses después, la FDA envió una carta advirtiendo de que la función de presión arterial parecía requerir autorización como dispositivo médico. WHOOP mantiene que es una herramienta de bienestar, pero el rifirrafe dejó claro que la línea entre salud y medicina se está difuminando.

Nada de eso frenó el apetito inversor. En marzo de 2026, WHOOP cerró una ronda de 575 millones de dólares que elevó su valoración a los 10.100 millones. Entraron fondos soberanos del Golfo, como el 2.0 de Abu Dhabi o el QAA catarí, y pesos pesados sanitarios como Mayo Clinic y Abbott. Ahmed lo ve como gasolina para crecer en I+D y expandirse geográficamente.

¿Salud o medicina? El rompecabezas regulatorio de WHOOP

El episodio con la FDA no es anecdótico. Cuando un wearable presume de alertas de salud, ECG y tendencias de presión arterial, el usuario puede confundir consejos de bienestar con diagnósticos médicos. La postura de WHOOP —es un complemento, no un sustituto— choca con reguladores que quieren más control. Si la empresa logra navegar ese foso regulatorio sin perder agilidad, podría redefinir el autocuidado de millones de personas. Si no, el precedente abriría un debate incómodo para todo el sector.

Ahmed cierra la entrevista con un mensaje para quienes sueñan con emprender: no montes una empresa por glamour; hazlo solo si hay un problema que te obsesiona hasta en la ducha. Su historia demuestra que la obsesión puede sobrevivir a 143 portazos, a un ataque de pánico y a una semana de margen antes del abismo. La pregunta abierta es si, ahora que WHOOP coquetea con el lenguaje de la medicina, el regulador le dejará seguir siendo tan rápido como hasta ahora.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de CNBC International en YouTube.


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