Veinticinco millones de euros y un formato de tertulia en directo. Esas son las dos bazas con las que el nuevo canal de televisión Siete pretende competir con La Sexta y Cuatro después de obtener la 23ª licencia de TDT nacional. El Consejo de Ministros dio luz verde al proyecto el pasado martes 2 de junio, y la cadena podrá empezar a emitir antes de que termine el otoño de 2026.
Un consorcio con raíces en Prisa y Globomedia
Detrás del canal Siete está el consorcio Servicios Integrados de Entretenimiento Televisivo, participado a partes iguales por cuatro inversores. Andrés Varela, empresario y accionista personal de Prisa, lidera la iniciativa; Diego Prieto, procedente del sector de ambulancias; una sociedad vinculada a Adolfo Utor, dueño de Baleària; y el argentino José Luis Manzano, dueño de Integra Capital y accionista de referencia de Telefe.
El asesoramiento estratégico recae en José Miguel Contreras, fundador de Globomedia y artífice de la puesta en marcha de La Sexta. Su experiencia es una de las claves para entender la apuesta por un modelo de bajo coste y alta carga de directo.
Tertulias, debates y nada de informativos propios

La rejilla de Siete no incluirá servicios informativos con redacción propia. En su lugar, la actualidad se abordará a través de programas de análisis y debate continuo, lo que permite mantener un presupuesto operativo anual de entre 20 y 25 millones de euros, muy inferior al de Mediaset o Atresmedia, que rondan los diez a veinte veces más.
El objetivo es competir por una franja de audiencia que busca información en directo, sin necesidad de grandes producciones. La producción técnica y la gestión comercial se externalizarán, y la cadena baraja incluso un acuerdo con la marca CNN para dotarse de imágenes internacionales.
Con un presupuesto de 25 millones y sin informativos propios, Siete desafía la lógica de los grandes grupos televisivos apostándolo todo al directo y al fichaje de caras conocidas.
En el punto de mira están algunos rostros de RTVE como Javier Ruiz, Silvia Intxaurrondo, Jesús Cintora o Marta Flich. El canal promete un “espacio diverso y plural” sin uniformidad editorial, aunque la composición del accionariado apunta a un perfil progresista que se solapa con el histórico público de La Sexta.
Un rival de bajo coste para La Sexta y Cuatro
El posicionamiento de Siete es deliberado: apunta a los dos canales más pequeños de los grandes grupos, Cuatro (Mediaset) y La Sexta (Atresmedia), que históricamente han competido con un enfoque progresista y programas de actualidad matinal. La cadena se beneficiará de unos costes de producción mínimos mientras intenta captar a los profesionales que ya gozan de reconocimiento en RTVE.
Sin embargo, el reto es mayúsculo. Aunque 25 millones de euros puedan parecer ajustados, el modelo de tertulia sin informativos ya ha demostrado ser resistente frente a las plataformas de streaming, según los promotores. La clave estará en la capacidad de generar una conversación continua que mantenga a la audiencia enganchada y atraiga a un público joven y urbano que no se conforma con los boletines tradicionales.
La incógnita es si el canal logrará alcanzar una cuota de pantalla suficiente para hacer sostenible la operación publicitaria. La televisión en abierto en España pierde anunciantes año tras año, y la fragmentación de la TDT hace que los canales pequeños apenas superen el 1% de share. Siete necesitará un contenido tan atractivo que trascienda la marca del simple canal temático para sobrevivir.
El aterrizaje de Siete coincide, además, con la migración a la ultra alta definición que libera espacio en el espectro. El Gobierno ha cumplido con la obligación legal de sacar la licencia a concurso, y ahora el mercado deberá decidir si hay hueco para un vigésimo tercer operador. La apuesta, en todo caso, es valiente y transforma el mapa televisivo español antes de fin de año.




