Francia ha sellado con SoftBank una inversión de 45.000 millones de euros para construir en el norte del país el mayor campus de centros de datos de inteligencia artificial de Europa. La operación, impulsada por el presidente Macron y el CEO Masayoshi Son, amenaza con arrebatar a España el liderazgo que acumulaba desde los anuncios de AWS y Microsoft.
Claves de la operación
- El mayor despliegue de cómputo para IA en Europa. SoftBank planea alcanzar una capacidad de 3,1 GW en 2031, ampliable a 5 GW, en la región de Hauts-de-France, con epicentro en Dunkerque.
- Francia apuesta por su red nuclear como ventaja competitiva. A diferencia de España, que basa su atractivo en las renovables, el país galo ofrece una energía de base constante que resulta clave para los hiperescaladores.
- España acumula 22.000 millones en proyectos, pero pierde exclusividad. Los compromisos de AWS en Aragón (15.700 millones) y Microsoft (más de 7.000) mantienen al país en la pugna, aunque el protagonismo se reparte.
El contraataque francés que descoloca a España
La apuesta gala es un golpe estratégico. SoftBank ha diseñado el proyecto como una gran promotora inmobiliaria de centros de datos: construirá la infraestructura y la alquilará a terceros, a diferencia de los hiperescaladores como AWS o Microsoft que operan sus propias nubes. Francia se cuela así en el reparto con un modelo de negocio distinto.
El acuerdo se enmarca en la visita de Son a París y en el interés del Elíseo por situarse como hub tecnológico europeo aprovechando su parque nuclear, que garantiza un suministro eléctrico estable y con bajas emisiones de carbono. La energía nuclear es el as bajo la manga que ni España ni los países nórdicos pueden replicar fácilmente. La primera fase, valorada en 45.000 millones, se concentrará en la región de Hauts-de-France, una zona industrial con acceso a redes eléctricas robustas y fibra de alta capacidad.
España acumula 22.000 millones pero pierde el monopolio de las grandes inversiones
España no se queda atrás ni mucho menos. AWS ha confirmado una inversión de 15.700 millones en Aragón para sus centros de datos, mientras que Microsoft ha comprometido más de 7.000 millones en diversas ubicaciones. A estas cifras se suma el desembarco de Blackstone y otros fondos que han elegido el país por su liderazgo en energías renovables. El sol y el viento ibéricos han sido durante años el principal imán para los hiperescaladores.
Pero la irrupción del eje París-Tokio altera el statu quo. Las consultoras especializadas ya advertían de que la excesiva dependencia de un solo vector energético podría penalizar a España cuando otros países ofrecieran alternativas complementarias. Si bien Francia ha logrado un acuerdo sin precedentes España no se queda sin argumentos: la cartera de proyectos renovables sigue creciendo y la península ofrece una ubicación geoestratégica para servir tráfico hacia África y Latinoamérica.
El verdadero mapa de la infraestructura cloud europea se está redibujando. Los tradicionales FLAP-D (Fráncfort, Londres, Ámsterdam, París y Dublín) pierden peso relativo frente a las nuevas apuestas periféricas, donde el precio del suelo y la energía es más bajo. Los países nórdicos, con sus climas fríos, también entran en liza, aunque el verdadero cuello de botella para todos —incluidos Francia y España— es la escasez de hardware: la crisis de las memorias ha encarecido los costes y la demanda supera con creces la oferta.
La batalla europea por los centros de datos no se decide en Bruselas. Se juega entre megavatios, fibra y quién firma más rápido los acuerdos con los gigantes tecnológicos.

Soberanía digital: la cuenta que no cuadra a Europa
El trasfondo de esta competición franco-española esconde una paradoja que incomoda a Bruselas. Desde que la Comisión Europea lanzara su estrategia de soberanía digital en 2020, los Estados miembros llevan años vendiendo sus ventajas competitivas a las multinacionales tecnológicas. España ha sido pionera en ese empeño con la Ley de Startups y el impulso a los PERTE, pero el capital que levanta los centros de datos sigue siendo norteamericano o asiático. Francia, pese al gesto de optar por SoftBank en lugar de otro hiperescalador, no escapa de la misma realidad: la infraestructura se construye en suelo europeo, pero la propiedad, la tecnología y la gobernanza de los datos permanecen fuera del control comunitario.
El caso de Aragón es paradigmático. La comunidad autónoma se ha convertido en uno de los polos de centros de datos más activos del sur de Europa, atrayendo a AWS y Microsoft con incentivos fiscales y acceso a energía eólica y solar. Sin embargo, la mayoría de los inversores prefiere cerrar contratos de suministro energético de largo plazo sin transferir apenas valor añadido local más allá del empleo temporal de construcción. El patrón se repite ahora en Hauts-de-France con el proyecto de SoftBank.
La verdadera batalla no la va a decidir quién ofrezca más megavatios, sino quién consiga asegurar antes los chips. La crisis de las memorias y la tendencia al alza de los costes de los semiconductores amenazan con retrasar todos estos proyectos. Los hiperescaladores y los conglomerados como SoftBank pugnan por contratos preferentes con los grandes fabricantes, mientras Europa se limita a poner el suelo y las líneas eléctricas. El riesgo de que el Viejo Continente se convierta en un mero gestor de infraestructura para otros es más real que nunca.




