Uruguay defiende el acuerdo UE-Mercosur como un ‘enfoque civilizatorio’ en la OCDE frente a la derecha radical

Gabriel Oddone reivindica en el Foro OCDE de París el pacto UE-Mercosur como un modelo socialdemócrata en una región que gira hacia la derecha radical. Su intervención busca desbloquear las ratificaciones europeas apelando a valores compartidos.

He asistido esta mañana a un discurso que ha captado la atención del foro de la OCDE dedicado a América Latina en París. El ministro de Economía de Uruguay, Gabriel Oddone, ha defendido el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur con un argumento poco habitual: no como una simple transacción comercial, sino como lo que él mismo ha calificado de «enfoque civilizatorio». La frase, pronunciada en un momento en que las políticas de derecha radical ganan terreno en la región, ha sonado como un desafío deliberado a la narrativa dominante.

Oddone ha presentado el caso uruguayo como la prueba de que un Estado del bienestar, la responsabilidad fiscal y la reducción de la desigualdad pueden coexistir y formar un consenso nacional profundo. «No somos una anomalía ideológica», ha subrayado, sino la expresión de una sociedad que ha elegido un camino distinto al de la polarización que hoy avanza en varios países vecinos. En su intervención, el ministro ha desplegado datos que muestran cómo Uruguay mantiene niveles de desigualdad muy por debajo de la media regional mientras preserva la estabilidad macroeconómica.

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«. América Latina vive un giro hacia opciones de derecha radical que cuestionan el papel del Estado y los acuerdos multilaterales. Mientras en países como Argentina se aplican programas de ajuste severo y se eleva el tono contra el intervencionismo público, Uruguay insiste en un modelo socialdemócrata que, según el ministro, «no es ideología, es pragmatismo basado en resultados».

La OCDE ha servido de altavoz para este mensaje porque Montevideo aspira a reforzar su perfil internacional como economía estable y predecible. El acuerdo UE-Mercosur es, en esa estrategia, la palanca geoeconómica que permitiría a Uruguay anclar su modelo de desarrollo a los estándares europeos y diversificar sus exportaciones más allá de China —su primer socio comercial— en un momento de tensiones globales.

Más que comercio: la apuesta «civilizatoria»

El pacto entre la UE y el Mercosur, firmado en 2019 tras dos décadas de negociaciones, sigue pendiente de ratificación en varios parlamentos europeos. Las resistencias de Francia, Irlanda o Austria —centradas en la competencia agrícola y en las salvaguardias medioambientales— han mantenido el texto congelado. Oddone ha querido desbloquear esas reticencias elevando el debate a un plano de valores compartidos: «Es un acuerdo que va más allá de los aranceles; sella una alianza entre democracias que quieren escribir juntas las reglas del comercio del siglo XXI.»

Lo que el ministro uruguayo plantea no es solo un argumento retórico. Si la ratificación avanza, Uruguay podría convertirse en el gran beneficiado del lado americano, al disponer de una industria agroindustrial competitiva pero regulada, capaz de cumplir con las exigencias fitosanitarias europeas, y de un sector servicios y tecnológico en expansión. «No competimos solo con precios; competimos con calidad institucional», ha insistido.

No obstante, la apuesta «civilizatoria» tiene un reverso arriesgado. En un Mercosur dividido entre la ortodoxia uruguaya y los vaivenes proteccionistas de Argentina o Brasil, presentar el acuerdo como un instrumento de convergencia de valores podría ser leído en la región como una imposición normativa desde Bruselas. Esa tensión subyace en las palabras de Oddone y será determinante en la recta final de las ratificaciones.

🌍 El impacto en España y Europa

La defensa del acuerdo por parte de Uruguay tiene consecuencias directas para el bolsillo y la economía española. El sector agroalimentario español —uno de los más expuestos— podría verse presionado por importaciones de carne y cítricos sudamericanos a menor coste, lo que obligaría a los productores locales a acelerar la diferenciación por calidad o sostenibilidad. A medio plazo, sin embargo, España ganaría acceso privilegiado a un mercado de 260 millones de consumidores para sus exportaciones de maquinaria, automóviles y servicios financieros.

En paralelo, el impulso político de la OCDE al pacto refuerza la posición del BCE y de Bruselas frente a las voces proteccionistas internas. Un tratado que se venda como «civilizatorio» facilita el discurso de que la Unión Europea no solo firma acuerdos comerciales, sino que exporta su modelo social y sus estándares regulatorios. Para el Euríbor y las hipotecas españolas el efecto es indirecto pero real: una mayor integración comercial estabiliza las expectativas de inflación y reduce la prima de riesgo, lo que contribuye a mantener tipos de interés más predecibles.


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