Las claves del alejamiento de Iker Jiménez y su mujer Carmen Porter de la izquierda

Pocas figuras de la televisión española han demostrado una capacidad tan extraordinaria para conectar con la audiencia como Iker Jiménez. Lo consiguió en la radio con Milenio 3, lo trasladó a la televisión con Cuarto Milenio y ahora vuelve a hacerlo con Horizonte, un programa que se ha convertido en uno de los fenómenos mediáticos más relevantes de los últimos años. Incluso sus detractores reconocen una virtud difícil de encontrar en el panorama audiovisual actual: sabe interpretar las inquietudes de una parte importante de la sociedad antes que muchos de sus competidores.

Ha construido una relación de confianza con sus seguidores durante décadas y ha sabido adaptarse a los cambios tecnológicos y culturales sin perder una identidad reconocible. Sin embargo, resulta llamativo que quien denuncia constantemente la dinámica de «rojos contra azules» haya terminado construyendo un espacio donde la representación ideológica parece cada vez más desequilibrada.

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Iker Jiménez critica la polarización, pero sus tertulias raramente incluyen voces que defiendan posiciones de izquierdas o que cuestionen con la misma intensidad a referentes de la derecha política. La consecuencia es que una parte de la ciudadanía puede sentirse excluida de un debate que formalmente se presenta como plural.

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Iker Jiménez y Carmen Porter.

La evolución de Jiménez tampoco surge de la nada. Existen motivos comprensibles que ayudan a explicar su distanciamiento de determinados sectores progresistas. Uno de ellos es la relación histórica con el Grupo Prisa.

Durante años, buena parte de la élite cultural y mediática vinculada a ese entorno mantuvo una actitud de evidente superioridad hacia los contenidos de misterio que él representaba. Se ridiculizaban muchas de sus temáticas mientras, al mismo tiempo, se obtenían beneficios económicos gracias a la enorme audiencia que generaban sus programas. Esa contradicción dejó huella.

A ello se suma una mala digestión de una creciente preocupación por cuestiones relacionadas con la identidad nacional, la seguridad o la inmigración irregular. Son asuntos que en España han sido tradicionalmente capitalizados por la derecha y que han contribuido a acercar a Jiménez a discursos que encuentran más eco en ese espacio ideológico que en la izquierda tradicional.

La habilidad comunicativa de Iker reside precisamente en que rara vez se presenta como un actor político. A diferencia de otros comunicadores, evita habitualmente la presencia de políticos en activo y prefiere rodearse de periodistas, analistas o investigadores. Esa estrategia le permite proyectar una imagen de independencia. Sin embargo, muchos de esos colaboradores comparten una visión similar de la actualidad, lo que limita la diversidad real de perspectivas. Cuando se le pregunta por esta cuestión, suele argumentar que determinados perfiles simplemente no quieren acudir a sus programas. Es una explicación posible, pero insuficiente para justificar la ausencia sistemática de voces que contradigan la línea dominante de los debates.

Otro de los elementos centrales de su discurso actual es la denuncia de las campañas dirigidas contra su figura. En algunos casos, sus críticas tienen fundamento. Tras la tragedia de la DANA, Iker Jiménez fue objeto de una fuerte contestación pública por informaciones relacionadas con el aparcamiento de Bonaire. Él recuerda con razón que medios claramente identificados con la izquierda también difundieron datos incorrectos o especulaciones durante aquellas jornadas de enorme confusión. También ha señalado intentos de desacreditar su trabajo mediante la promoción de formatos alternativos que pretendían ocupar un espacio similar desde una perspectiva más alineada con los consensos mediáticos dominantes.

La aparición de programas progubernamentales diseñados contra él como Conspiranoicos fue interpretada por parte de su audiencia como una respuesta directa al fenómeno de Horizonte. Pero el problema de ese relato es que tiende a omitir las responsabilidades propias.

El victimismo resulta menos convincente cuando quien lo ejerce ha construido buena parte de su carrera profesional sobre el sensacionalismo. Durante décadas, Jiménez ha vivido de presentar historias extraordinarias, misterios sin resolver y fenómenos paranormales. Ese enfoque fue precisamente el que le convirtió en una figura popular. Además, las críticas que recibe no proceden únicamente de adversarios ideológicos.

Algunas nacen de errores periodísticos cometidos en su propio entorno profesional. Durante la crisis de Bonaire, Carmen Porter afirmó en antena que submarinistas de la Guardia Civil habían visto cadáveres en el aparcamiento inundado. Aquella información nunca fue confirmada.

Sin embargo, cuando Iker Jiménez recuerda aquellos acontecimientos suele insistir en que él no realizó determinadas afirmaciones en su programa y que sus comentarios se limitaron a las redes sociales. Esa defensa deja fuera un elemento importante: la información fue difundida por la persona que ocupa el puesto de subdirectora de sus espacios.

Carmen Porter, subdirectora y mujer de Iker Jiménez

La cuestión resulta relevante porque forma parte del debate sobre la responsabilidad editorial. No basta con analizar lo que dice el presentador principal si el programa funciona como una estructura colectiva.

El caso de la polémica Carmen Porter, mujer del comunicador, también ilustra otro fenómeno asociado al giro ideológico del universo mediático construido alrededor de Iker Jiménez. Algunas de sus intervenciones han sido interpretadas como ejemplos de una mirada poco sensible hacia determinados sectores sociales. Su comentario sobre la reforma laboral impulsada por Yolanda Díaz —«Dile al albañil que trabaja 12 horas, bueno, ahora serán 8 ó 7 con Yolandita»— fue percibido por muchos espectadores como una muestra de clasismo más que como una crítica política argumentada.

Resulta igualmente significativo que Porter apenas haya desarrollado proyectos de éxito alejados de la marca construida junto a Iker Jiménez. El único gran formato liderado directamente por ella, Al otro lado, fue retirado de la programación de Telecinco tras registrar audiencias insuficientes en sus dos entregas en 2013.

Ese dato ayuda a entender hasta qué punto el fenómeno mediático gira fundamentalmente alrededor de la figura de Jiménez. Otro aspecto menos conocido es la existencia de críticas procedentes de antiguos colaboradores. Antonio Moyano, que trabajó durante años junto a él, publicó el libro Iker, el mago del misterio, donde cuestionaba aspectos de su comportamiento profesional y personal. Entre otras cosas, lo describía como un compañero de escasa fidelidad profesional hacia terceros y excesivamente preocupado por el dinero, con sus mecanismos para evitar hasta el pago de un café.

Gran momento para Iker Jiménez

Todo ello coincide con un extraordinario momento de éxito profesional. Los datos de audiencia de Horizonte atraviesan una etapa histórica y han contribuido decisivamente al crecimiento de Cuatro. La cadena ha encontrado un nicho de mercado muy definido: una audiencia crítica con el Gobierno y cada vez más alejada de los medios tradicionales.

Jiménez ha sabido ocupar ese espacio mejor que nadie. Precisamente por eso, su evolución merece ser analizada con más profundidad que la habitual caricatura de héroe o villano. Iker Jiménez no es simplemente una víctima de la izquierda ni un propagandista de la derecha. Es un comunicador extremadamente inteligente que ha detectado una demanda concreta en el mercado audiovisual y la ha explotado con enorme eficacia.

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