Ethereum cierra mayo con su tercera caída mensual consecutiva, una secuencia bajista que no se repetía desde 2022. El dato pone cifras a un deterioro más profundo: desde la fusión a Proof of Stake (The Merge) en septiembre de ese año, el ether ha perdido un 65% de su valor frente a bitcoin.
El último trimestre ha sido especialmente duro para la segunda criptomoneda del mercado. Mayo se ha teñido de rojo por tercera vez seguida, algo que no veíamos desde el segundo trimestre de 2022, en pleno colapso de Terra/Luna y el inicio del criptoinvierno. Entonces, ether se desinflaba junto al resto del mercado; ahora la caída es más selectiva y revela una debilidad relativa que preocupa a los inversores.
Tres meses en rojo: el peor trimestre desde 2022
Los datos del mercado, recogidos por Cointribune, muestran que ether ha encadenado pérdidas mensuales en marzo, abril y mayo. La última vez que se produjo una racha similar fue hace cuatro años, cuando el ether pasó de los 3.500 dólares a rozar los 1.000 en apenas un trimestre. Aunque la magnitud de la corrección actual no es tan violenta, la persistencia del goteo está erosionando la confianza de los holders minoristas.
Desde que dejó atrás la minería y adoptó el staking (el bloqueo de ether para validar transacciones a cambio de recompensas), la red ha ganado en eficiencia energética y en previsibilidad de su emisión. Sin embargo, el precio ha ido por otro camino. En el mismo periodo, bitcoin ha conseguido subir un 40%, espoleado por la entrada de los grandes fondos en sus ETFs al contado. El diferencial entre ambos activos se ha ampliado hasta niveles no vistos desde 2019.
Las razones del desfase de ether frente a bitcoin
Los analistas apuntan a varios factores. El más citado es la narrativa de los flujos institucionales: mientras los ETFs de bitcoin al contado han captado más de 50.000 millones de dólares desde su lanzamiento, los fondos cotizados de ether apenas han conseguido una décima parte de ese capital. BlackRock, Fidelity y compañía concentran sus esfuerzos comerciales en el activo que consideran “oro digital” y dejan a ether en un segundo plano.
Ether ha perdido dos tercios de su valor frente a bitcoin desde que la red dio el salto a Proof of Stake.
Otro lastre es la competencia de las capas 1 ultrarrápidas como Solana, que han captado gran parte del interés especulativo durante este ciclo. Los memecoins y los proyectos de inteligencia artificial se han desplegado mayoritariamente sobre solana, restando actividad y comisiones a la red principal de Ethereum. Y el rendimiento del staking, antes del 4-5 %, ha caído por debajo del 3 %, una cifra que no compensa el riesgo de volatilidad en en un activo como ether.
Análisis: ¿una corrección cíclica o algo más profundo?
Conviene no perder la perspectiva. Ethereum ha vivido rachas prolongadas de infrarendimiento frente a bitcoin en varias fases de su historia: ocurrió en 2016, a principios de 2020 y de nuevo en 2021, antes de remontar con fuerza en la segunda mitad del ciclo. Quien descuenta ahora el fin del ether puede estar ignorando que las narrativas en el mercado cripto cambian con rapidez.
No obstante, hay motivos para la cautela. La fragmentación de liquidez entre los más de veinte rollups (las capas 2 que procesan transacciones fuera de la cadena principal para abaratar costes) ha dificultado que inversores externos entiendan dónde reside el valor del ecosistema. Además, la posibilidad de que la SEC vuelva a cuestionar el estatus regulatorio del staking de ether introduce una incertidumbre que no afecta a bitcoin.
La pregunta que flota en el aire es si el mercado necesita un nuevo catalizador —un gran upgrade, una adopción corporativa relevante o un cambio de tono regulatorio— para que ether recupere tracción. Mientras tanto, la racha de tres meses en rojo es un recordatorio de que, más allá de la tecnología, el precio sigue mandando en la confianza del inversor.




