Banco Sabadell lanza stablecoin euro para pymes y particulares en 2026

El banco se alía con el consorcio Qivalis, que reúne a 37 entidades de 15 países, para ofrecer pagos transfronterizos instantáneos y más baratos. La iniciativa busca plantar cara al dominio de las stablecoins en dólar dentro del marco reg

Banco Sabadell ha confirmado que lanzará una stablecoin vinculada al euro en el segundo semestre de 2026, una apuesta por los pagos digitales que busca reducir los costes y la fricción de las transferencias internacionales para pequeñas empresas y particulares.

La iniciativa se canalizará a través del consorcio Qivalis, que ya reúne a 37 instituciones financieras en 15 países europeos, y nace con la intención expresa de plantar cara al dominio de las stablecoins en dólar. Estamos ante un movimiento de calado: un banco tradicional español se suma a la construcción de una infraestructura financiera digital regulada, estable y paneuropea, justo en un momento en que las reglas del juego (con el reglamento MiCA sobre la mesa) ya están claras.

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Qué sabemos de la stablecoin del Sabadell

El token será un dinero electrónico con paridad 1:1 respecto al euro. Cada unidad emitida tendrá un respaldo íntegro en depósitos bancarios y activos líquidos de máxima calidad, custodiados por entidades reguladas. Nada de volatilidad: una stablecoin (un activo digital diseñado para mantener un valor estable) funciona como el equivalente digital de un billete, sin los tumbos de bitcoin o ethereum.

El director de planificación IT y OPS del banco, Jordi Amorós, lo dejó claro en una entrevista reciente: “No vemos un uso especulativo, sino una herramienta de transferencia de valor más ágil, eficiente y programable para nuestros clientes”. La programabilidad es, de hecho, una de las claves diferenciales: una empresa podrá, por ejemplo, liberar el pago al proveedor automáticamente cuando la mercancía llegue a destino, sin intervención manual.

El foco principal está en las pymes con actividad exportadora o importadora. Las transferencias internacionales tradicionales arrastran comisiones, intermediarios y varios días de espera. Con una stablecoin regulada, esos pagos serían instantáneos y mucho más baratos. Un poco como pasar de enviar un fax a usar un mensaje de WhatsApp, pero con euros.

Por qué Qivalis y qué implicaciones tiene para Europa

Qivalis no es un experimento de laboratorio. Las 37 entidades que lo componen ya le dan una masa crítica considerable para que la interoperabilidad funcione desde el día uno. Detrás hay una visión geopolítica: el mercado de las stablecoins está copado por monedas ancladas al dólar estadounidense, mientras que el euro apenas tiene presencia en la economía on-chain. Esta iniciativa aspira a corregir ese desequilibrio y a que las empresas europeas no dependan de divisas ajenas para digitalizar sus tesorerías.

El respaldo del reglamento MiCA (el marco europeo que supervisa emisores de criptoactivos y exige reservas, transparencia y autorización) es otro escudo. Sabadell no se lanza a la piscina sin salvavidas: aprovecha una normativa que ya da seguridad jurídica y que, además, excluye de facto a proyectos sin controles. La diferencia con otras iniciativas no está en prometer rentabilidad, sino en ofrecer confianza institucional: gobernanza clara, cumplimiento normativo e integración con la banca europea.

El euro digital promovido por la banca tradicional no es una utopía, es una forma de competir en un tablero donde el dólar lleva años de ventaja.

El banco ya tiene en el radar varias aplicaciones futuras: pagos internacionales instantáneos de menor coste, tesorería corporativa programable, liquidación automática de activos tokenizados y una mayor integración entre el dinero digital regulado y las infraestructuras financieras tradicionales. Todo, eso sí, a un ritmo que marcará la adopción real de las empresas.

El contexto: una banca que se mueve hacia la blockchain sin perder el control regulado

Lo que hace Sabadell se entiende mejor si miramos el tablero más amplio. En los últimos tres años, varios bancos europeos y estadounidenses han coqueteado con la tokenización de depósitos o la emisión de sus propias monedas digitales. No hablamos de criptomonedas especulativas, sino de usar la tecnología de contabilidad distribuida (blockchain) para hacer más eficientes los procesos de siempre: compensación, liquidación y custodia.

La experiencia de iniciativas como el JPM Coin en Estados Unidos o los pilotos de monedas digitales de banco central (CBDC) demuestra que la clave no está en la tecnología, sino en que los bancos se sientan cómodos con el marco legal y en que los clientes vean una ventaja tangible. Ahí Sabadell juega con un perfil interesante: un banco mediano, muy enfocado al segmento de empresas, con una base de pymes que importan y exportan. Para ese cliente, una stablecoin en euros puede ser una solución natural.

Dicho esto, el camino no está exento de obstáculos. La adopción masiva requiere que los países europeos armonicen la aplicación de MiCA, que las pymes entiendan la herramienta y que los grandes operadores de pagos (Visa, Mastercard) faciliten la interoperabilidad con sus redes. Si Qivalis consigue que un número suficiente de empresas lo utilice a diario, otros bancos españoles se verán obligados a seguir la estela. Si se queda en un piloto con poco volumen, será una nota a pie de página en la historia de la digitalización financiera europea.

La apuesta personal de este medio es que, más que una revolución, asistimos a una evolución sensata. La banca tradicional no va a desaparecer por arte de magia; lo que veremos es una progresiva incorporación de capacidades tecnológicas que hoy parecen disruptivas pero que, en una década, serán tan normales como la banca online. La stablecoin del Sabadell es un paso en esa dirección, y tiene más de sentido común que de aventura.


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