La UE sanciona a VK por vigilancia masiva: el duro golpe a la red social rusa

La aplicación Max, desarrollada por la red social y supervisada por el FSB, viene preinstalada en todos los móviles vendidos en Rusia. La UE eleva a 98 el número de personas sancionadas y a 7 las entidades por violaciones de derechos humanos desde 2024.

Bruselas congela todos los activos en territorio comunitario de VKontakte, la mayor red social rusa, y de otras 8 entidades y personas vinculadas al sistema de vigilancia masiva que el Kremlin utiliza para reprimir a la oposición y a los críticos con la guerra de Ucrania.

Claves de la operación

  • La red social del Kremlin, en el punto de mira VKontakte desarrolla y gestiona la aplicación Max, supervisada por el FSB, que viene preinstalada en todos los móviles vendidos en Rusia y permite el rastreo masivo de los ciudadanos.
  • Nueve sancionados, entre ellos cuatro directivos La UE apunta también a las empresas Citadel, VAS Experts y Norsi-Trans, fabricantes de hardware y software del sistema SORM de espionaje de comunicaciones.
  • Suspensión total de relaciones financieras La congelación de activos y la prohibición de que ciudadanos y empresas de la UE pongan fondos a disposición de los sancionados los aísla por completo del mercado europeo.

La aplicación Max: el caballo de Troya de la vigilancia rusa

La aplicación móvil Max, desarrollada por VKontakte y supervisada directamente por el servicio de seguridad ruso FSB, se ha convertido en la herramienta más intrusiva del aparato represivo del Kremlin. Viene preinstalada de fábrica en todos los teléfonos Android que se venden en Rusia, sin opción de desinstalación, y recopila metadatos de comunicaciones, geolocalización y actividad de los usuarios.

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Una vez recogida la información, los organismos de seguridad la cruzan con perfiles de opositores, periodistas y activistas críticos con la invasión de Ucrania. El sistema no es un mero rastreador publicitario, sino un eslabón clave de la cadena de represión digital que ha llevado a detenciones selectivas y a la identificación de disidentes en territorio ruso y en las zonas ocupadas.

El Consejo de la UE subraya que estas prácticas «restringen la libertad de expresión, el acceso a la información y la libertad de asociación», derechos consagrados en la Carta de Derechos Fundamentales europea. Con las sanciones, Bruselas eleva la presión sobre cualquier empresa que participe en la maquinaria de control estatal rusa.

El cerco financiero y tecnológico a la Rusia de Putin

Junto a VKontakte y su filial Communication Platform, la UE ha incluido en la lista negra a otras tres empresas: Citadel, VAS Experts y Norsi-Trans. Estas compañías fabrican y comercializan el hardware y el software del Sistema de Medidas Operativas de Investigación (SORM), con el que Moscú intercepta todas las comunicaciones telefónicas y por Internet dentro del país desde hace más de una década.

Los nuevos sancionados elevan a 98 el número de personas y a 7 las entidades sujetas a este régimen de sanciones, activado en marzo de 2024 tras la muerte del opositor Alexei Navalni. Además de la congelación de activos, los cuatro directivos de las compañías —cuyos nombres no han trascendido— tienen prohibida la entrada o el tránsito por cualquier país comunitario.

El FSB no necesita hackear los dispositivos de la oposición rusa; ya viene la vigilancia instalada de serie en cada teléfono.

Telefónica, 2014 y la lección que VKontakte repite ahora

No es la primera vez que Bruselas activa el bloque financiero contra el ecosistema digital ruso. En 2014, tras la anexión de Crimea, Telefónica se desprendió de su filial rusa ante el endurecimiento del régimen de sanciones europeas, que ya apuntaba a la incertidumbre regulatoria y al riesgo reputacional de mantener activos en el país. Aquella decisión, entonces controvertida, marcó el comienzo del repliegue de las grandes telecos españolas del mercado ruso.

El caso de VKontakte escala esa tensión porque, a diferencia de una teleco, la red social tiene un valor simbólico enorme como ventana de propaganda para el régimen. Congelar sus activos —probablemente testimoniales en la UE— y vetar a sus directivos envía una señal inequívoca a cualquier startup que aspire a hacer negocio en ambas orillas. El verdadero alcance es preventivo: impide que los ingenieros de VK participen en proyectos europeos, bloquea patentes conjuntas y seca cualquier posible canal de financiación a través de paraísos fiscales interpuestos.

La gran pregunta es si estas medidas reducen realmente la capacidad represora del FSB. La respuesta corta es que no: la aplicación Max seguirá preinstalada en Rusia y las escuchas del SORM continuarán. Pero las sanciones, aunque simbólicas, dibujan una línea de intolerancia regulatoria que puede disuadir a futuros desarrolladores de tecnología de vigilancia dual y, sobre todo, cierran el grifo financiero que todavía pudiera llegar desde Europa a través de testaferros.

La Comisión revisará el impacto de estas medidas dentro de un año, y si el Kremlin persiste en la monitorización masiva de sus ciudadanos, la lista de sancionados podría ampliarse a los fabricantes de componentes para el SORM. En esta redacción observamos que la tecnología de vigilancia se ha convertido en un sector estratégico para el Kremlin, y que solo una presión multilateral podrá erosionar sus cadenas de suministro.


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