Emilio Gayo, consejero delegado de Telefónica, detalló ayer ante los Desayunos Esade la ambición de la operadora en el megaproyecto de la gigafactoría de inteligencia artificial europea que España aspira a albergar. La compañía quiere un rol de desarrollador tecnológico y una participación minoritaria de entre el 10% y el 15% del capital, sin asumir el papel de gran inversor. La noticia, que ya había trascendido en parte, confirma el giro estratégico de la teleco hacia los servicios de valor añadido sobre infraestructura digital.
La operadora se centrará en la ingeniería y en la posterior comercialización de los servicios de IA que salgan de la gigafactoría, un modelo que encaja con la experiencia acumulada en sus propios centros de datos. “No es un sitio donde tengamos que tener un papel como gran inversor”, precisó Gayo, en una sesión liderada por Esade Alumni y CriteriaCaixa. La clave, a su juicio, es poner la capilaridad de red y la capacidad de desarrollo al servicio de un proyecto de soberanía digital.
En paralelo, el consorcio industrial que impulsará la candidatura española se ensancha. Banco Santander se sumará al grupo privado junto a ACS y Telefónica, según confirmaron fuentes conocedoras del proceso a Europa Press. La entidad presidida por Ana Botín articularía su participación mediante financiación de deuda, una fórmula que refuerza la solidez financiera del proyecto sin diluir capital. El consorcio aún no se ha constituido formalmente: necesita pasar por el Consejo de Ministros y no se descarta la adhesión de más socios.
El encaje de Telefónica: ingeniería y comercialización
La propuesta de Telefónica se aleja de la de un inversor tradicional. La compañía pondrá sobre la mesa conocimiento de construcción de centros de datos y músculo de negocio empresarial para convertirse en el socio que diseñe, despliegue y, más tarde, comercialice los servicios cloud y de inteligencia artificial que albergue la gigafactoría. Gayo recordó que “Telefónica tendría un papel de ingeniería y desarrollo” y que el negocio B2B ya factura más por servicios no estrictamente de comunicaciones, una palanca que el nuevo plan estratégico quiere acelerar.
“La IA tendrá un mayor impacto en la excelencia del servicio que en la eficiencia”, subrayó el ejecutivo, que apuesta por reducir errores y mejorar la experiencia de cliente. La telco maneja ya contratos como el de Navantia —6,5 millones de euros adjudicados el mes pasado— y una UTE con Indra dentro del megacontrato MC3 de 950 millones, lo que demuestra que el perímetro de Telefónica incluye hoy ciberseguridad industrial y conectividad militar.
Sin embargo, el CEO insistió en que la compañía no debe perder su identidad. “En ningún momento debemos perder de vista que somos telecos”, dijo, una advertencia que también sirve como ancla de valor para los inversores que siguen viendo al grupo como un utility tecnológico.
Consorcio con Santander y ACS: así se financia la infraestructura
El anuncio de la entrada de Santander en el consorcio añade una capa de viabilidad financiera a la candidatura. La opción preferida es la deuda, lo que permite a la entidad participar sin asumir riesgos de equity y a la estructura mantener una gobernanza más ágil. El proyecto, todavía en fase de diseño institucional, aspira a convertirse en el nodo europeo de computación de IA, un mercado que Bruselas estima clave para la autonomía estratégica.
Gayo fue contundente al respecto: “Europa perdió el tren tecnológico hace años. Si antes había cinco o seis compañías europeas entre las veinte más importantes del mundo, hoy es difícil encontrar alguna”. La gigafactoría, a su juicio, es la oportunidad de recuperar parte de ese terreno con un modelo de colaboración público-privada que, por primera vez, parece recibir una voluntad política firme en la Unión Europea.
“Detecto por primera vez la voluntad política sobre cómo debe entenderse la competencia y la inversión tecnológica en Europa”, comentó, en referencia a las nuevas directrices sobre fusiones y ayudas de Estado que empiezan a abrirse paso en Bruselas.

La soberanía digital europea necesita desarrollo propio y Telefónica ha decidido que su lugar está en la capa de ingeniería, no solo en la conectividad.
Análisis: ¿una teleco más allá de los datos o un riesgo de dispersión?
El movimiento de Telefónica encaja en una tendencia sectorial: las operadoras europeas buscan rentabilizar sus infraestructuras con servicios digitales de alto valor añadido mientras los ingresos tradicionales por conectividad se comprimen. Telefónica ya ha dicho que sus mercados core son España, Alemania, Reino Unido y Brasil, y que Hispanoamérica “ha dejado de ser” relevante. En ese perímetro, la gigafactoría es una pieza que podría aportar ingresos recurrentes a medio plazo, siempre que el proyecto reciba luz verde definitiva y las proyecciones de demanda de computación de IA se materialicen.
El riesgo está en la ejecución. La experiencia de grandes consorcios público-privados en Europa ha sido irregular y la propia Telefónica ha tenido que ajustar ya sus inversiones en fibra y en el mercado británico. Apostar por una participación minoritaria reduce la exposición financiera, pero también diluye el control sobre la arquitectura final del proyecto. A mi juicio, la operadora acierta al poner el foco en la capa de servicios y no en el capital intensivo, pero el mercado no premiará la iniciativa hasta que no vea un business case tangible.
Otro vector que cruza esta noticia es la defensa. Gayo mencionó expresamente que la evolución tecnológica ha llevado el negocio de defensa a las telecos y que alianzas como la de Navantia o la UTE con Indra son necesarias. Si la gigafactoría acaba prestando servicios a organismos de seguridad europeos, la percepción de Telefónica como activo estratégico podría revalorizarse, pero también aumentaría la exposición a decisiones políticas. Quien invierta en el valor debe incorporar que una parte creciente de sus ingresos pivotará sobre contratos ligados a la soberanía digital, con ciclos de decisión más largos y menor previsibilidad que el negocio tradicional.
En mi lectura, el verdadero termómetro será la composición final del consorcio y el reparto de riesgos. Si más socios industriales y financieros se suman con compromisos de take-or-pay, el riesgo se diversifica. Si el peso acaba recayendo en los tres promotores iniciales, la hoja de ruta se volverá más exigente. Los próximos pasos, con la decisión del Consejo de Ministros, marcarán la diferencia entre un proyecto estratégico y una declaración de intenciones.
Veredicto Merca2
Cotización al cierre o apertura: Las acciones de Telefónica cerraron ayer en 4,02 euros, con un avance del 0,3% tras conocerse las declaraciones de Gayo. El valor capitaliza unos 22.500 millones de euros.
Clave técnica: Telefónica se mueve en una banda lateral entre 3,82 y 4,10 euros desde mediados de mayo. Un cierre con volumen por encima de 4,10 euros activaría un objetivo a 4,30 euros; la pérdida de 3,80 abriría paso al soporte de 3,60.
Apunte macro: La prima de riesgo española amanece estable en 68 puntos básicos. El IBEX 35 cotiza plano, con el sector de telecomunicaciones europeas a la espera de los próximos datos de inflación de la eurozona.





