Cuando se analizan los movimientos de Donald Trump en Oriente Medio, la mayoría de los titulares se centran en si habrá o no un ataque a Irán. Pero Alberto Iturralde, responsable de operativa de Dax y colaborador de Negocios TV, ofrece una lectura mucho más profunda. El plan no es solo contener a Teherán. Según él, se trata de una estrategia perfectamente calculada para reconfigurar el mapa energético mundial.
Una farsa diplomática con un propósito oculto
Iturralde sostiene que las negociaciones nucleares con Irán son una mascarada. No existe intención real de acuerdo. En su análisis para Negocios TV, afirmó que cualquier pacto temporal solo serviría para mantener el petróló en niveles moderados hasta que pasen las elecciones legislativas estadounidenses. Una vez superadas las midterms de octubre, la presión sobre Irán volverá con la misma intensidad que en marzo.
El motivo es estructural y no coyuntural: Estados Unidos necesita garantizarse el suministro energético global en un escenario de creciente competencia con otras potencias. Para lograrlo, según Iturralde, el objetivo último es destruir las infraestructuras petroleras de los países del Golfo. No como un fin inmediato, sino como un proceso escalonado que empieza atacando Irán para provocar una respuesta que dañe las instalaciones de sus vecinos árabes.
La coartada iraní y el verdadero objetivo
El analista explicó que un ataque de Estados Unidos sobre refinerías o terminales iraníes desencadenaría represalias de Irán dirigidas principalmente contra Emiratos Árabes Unidos. Ese país se ha alineado abiertamente con Washington, lo que lo convierte en blanco prioritario. La devastación resultante abriría la puerta a una intervención israelí con supuesta ayuda humanitaria, administrando los recursos de los emiratos en beneficio de los intereses occidentales.
«Es un plan a largo plazo, muy medido», insistió. «Donald Trump no está loco. Está cumpliendo a rajatabla los designios del estado profundo». Iturralde desmonta así la imagen de un presidente errático y lo sitúa como ejecutor de una hoja de ruta geopolítica trazada mucho antes de su mandato.
‘Estados Unidos necesita destruir todas las infraestructuras petroleras de los países del Golfo. Y necesita también destruir las infraestructuras petroleras de Irán.’
— Alberto Iturralde
El crudo en 100 dólares: la línea roja de Trump
El precio del barril actúa como un limitador natural de cualquier acción militar. Iturralde señaló que, mientras el petróleo se mantenga por debajo de los 100 dólares, Trump tiene margen para apretar las tuercas a Irán. Si supera esa cota, el coste en los surtidores estadounidenses se dispara y el margen de maniobra se reduce drásticamente. Cualquier ataque que dañe infraestructuras energéticas provocaría un repunte inmediato de los precios, algo que la Casa Blanca quiere evitar a toda costa.
Hay además dos factores clave que complican la ventana temporal. El primero es la cercanía del Mundial de Fútbol 2026, que arranca en pocos días. Un conflicto abierto empañaría uno de los mayores escaparates globales y añadiría incertidumbre a los mercados. El segundo es la salida a bolsa de SpaceX, la empresa de Elon Musk. «SpaceX necesita muy buen sentimiento bursátil durante los próximos 20 días para que su estreno sea un éxito», recordó Iturralde. Un ataque rápido y quirúrgico sería la única opción compatible con ambos eventos, pero resultaría ineficaz para los objetivos estratégicos.
Israel, un aliado incómodo pero útil
Las polémicas imágenes del ministro israelí Ben Gvir rezando en un lugar simbólico y la indignación internacional subsiguiente no son, para Iturralde, un obstáculo para los planes estadounidenses. «La imagen les da lo mismo. Han estado asesinando mujeres y niños de manera impune, un genocidio en tiempo real». La condena global no frena a Israel porque su papel en el tablero es demasiado valioso para Washington. Los israelíes conocen el punto débil de Trump —su ego— y lo explotan para forzarle a mantener el pulso aunque el precio del crudo amenace con descontrolarse.
Iturralde cita a analistas como Brian Berletic que llevan tiempo explicando esta dinámica. La guerra contra Irán no es una improvisación de un líder impulsivo, sino un eslabón más en una cadena de dominio energético que se prolongará más allá de la actual administración.
Rusia responde al ruido de sables europeo
En el otro extremo del espectro geopolítico, Rusia acaba de finalizar unos ejercicios nucleares que Vladímir Putin ha calificado explícitamente como un mensaje a Europa. Iturralde considera que la advertencia es justificada. «Europa claramente está llevando al continente entero a una guerra contra Rusia», afirmó. Hay periodistas alemanes, como Jonas D., que documentan desde hace años cómo los simulacros nucleares de la OTAN contemplan siempre un escenario de conflicto atómico con Moscú.
Rusia no hace sino replicar las maniobras anuales de la Alianza, en las que sistemáticamente Alemania aparece desaparecida del mapa. La diferencia es que los medios occidentales presentan la postura rusa como una amenaza unilateral, obviando el contexto. Para Iturralde, esta distorsión informativa es otra pieza del mismo engranaje que construye el camino hacia el enfrentamiento.
Qué significa todo esto para el inversor y el ciudadano
La tesis de Iturralde tiene implicaciones directas. Si el plan sigue su curso, la volatilidad en el mercado del crudo será la norma. Los repuntes puntuales por encima de los 100 dólares podrían activar frenos en la escalada bélica, pero no detendrán el proceso de fondo. Las carteras expuestas a energía y materias primas deben incorporar este riesgo geopolítico como un factor estructural, no coyuntural.
Más inquietante aún es la lectura sobre la OTAN y Rusia. El aumento de los ejercicios nucleares de uno y otro lado normaliza un escenario impensable hace una década. La guerra en Ucrania ha sido solo el prólogo de una confrontación más amplia que ya tiene fecha —2030— en los despachos de Bruselas.
El análisis de Negocios TV pone sobre la mesa un panorama complejo. No se trata de conspiraciones, sino de intereses perfectamente racionales llevados al extremo. La pregunta no es si Trump atacará Irán, sino cuándo y con qué consecuencias. La posible destrucción de las infraestructuras del Golfo redefiniría quién controla la energía que mueve el mundo. Y mientras esa partida se juega, los mercados bailan al son de un petróleo que es, al mismo tiempo, arma y rehén.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Negocios TV en YouTube.





