La prima de riesgo de España cotiza por debajo de los 40 puntos básicos, un nivel que no se veía desde antes de la guerra de Irán. El mercado parece dormido. Pero Goldman Sachs acaba de agitar el tablero con un análisis que pone el foco en dos riesgos que los inversores no están descontando: la falta de Presupuestos y la parálisis política.
La prima de riesgo no miente, pero oculta
El diferencial del bono español a diez años frente al bund alemán apenas supera los 35 puntos básicos. Para Goldman, ese diferencial refleja exclusivamente factores externos —inflación y ralentización global— y asigna un riesgo cero a la situación doméstica. «Los inversores son constructivos con los bonos españoles», explica el banco estadounidense. El riesgo político, simplemente, no está en el precio.
Esa complacencia tiene dos flancos débiles. El primero es la dependencia del turismo internacional. Un encarecimiento prolongado del combustible podría reducir el número de viajeros. Por cada caída del 10% en la llegada de turistas por avión, el PIB español perdería un 0,3%, según los cálculos del banco.
Por qué la ausencia de Presupuestos se vuelve «urgente»
El segundo riesgo es la incapacidad del Gobierno para sacar adelante unos nuevos Presupuestos. Pedro Sánchez lidera un Ejecutivo en minoría desde las elecciones de 2023. Este año terminan los fondos europeos Next Generation, y sin presupuestos actualizados, España pierde capacidad de maniobra fiscal. Goldman lo califica de «urgente».
Hasta ahora, la parálisis presupuestaria ha sido tolerada por el mercado porque evita medidas fiscales negativas. Pero, como advierte el banco, esa calma tiene fecha de caducidad: las elecciones generales de 2027.
Los inversores no ponen precio al riesgo doméstico español. Esa brecha entre la realidad política y el coste de financiación no es sostenible.
Las encuestas apuntan a que los comicios de 2027 podrían alumbrar un Gobierno más estable, pero Goldman no descarta otro Parlamento bloqueado. «La prolongada incertidumbre política reduciría la confianza de los inversores en la transformación de la economía española», sostiene el informe. El fin de los fondos europeos añade presión: sin presupuesto, España podría tener dificultades para canalizar las inversiones pendientes.
Más allá de la prima de riesgo: una fragilidad estructural
La calma del mercado de deuda soberana española se apoya en tres pilares: un crecimiento económico sólido, el colchón de liquidez del BCE y la percepción de que ningún partido llevará a cabo políticas disruptivas. Sin embargo, Goldman señala un punto ciego: la incapacidad de aprobar reformas fiscales de calado. Sin presupuestos, cualquier ajuste —incluso los que el mercado desea— queda bloqueado.
Es una trampa de confort. La prima de riesgo puede seguir comprimida mientras los inversores globales busquen rentabilidad y España ofrezca un diferencial atractivo. Pero cuando llegue el próximo susto —una desaceleración económica, un repunte del déficit, un bloqueo político prolongado— ese colchón desaparecerá rápido.
En 2012, con la crisis del euro, el diferencial llegó a superar los 600 puntos básicos. En 2019, la incertidumbre electoral elevó la prima al entorno de 100. Hoy, con un Parlamento fragmentado y el fin de los Next Generation a la vista, la base es más frágil de lo que parece. La pregunta no es si los inversores despertarán, sino en qué momento y con qué contundencia.




