El boom de la deuda IA en el mercado de bonos: por qué nunca volverá a ser igual

Pimco detecta un reajuste silencioso en el crédito mientras las acciones de las big tech siguen subiendo. La Reserva Federal advierte además de que la avalancha de bonos podría desplazar a los emisores financieros tradicionales.

Un cambio silencioso está reescribiendo las reglas del mercado de bonos global. La voraz demanda de capital de las grandes tecnológicas para financiar centros de datos y modelos de inteligencia artificial ha disparado las emisiones de deuda corporativa hasta niveles que empiezan a alterar índices, diferenciales y hasta la política monetaria. La Reserva Federal acaba de advertir que esta ola de bonos de los hiperescaladores podría desplazar a los emisores financieros tradicionales, añadiendo un peligro de correlación y duración desconocido para la estabilidad del sistema.

Claves de la operación

  • Emitirán 360.000 millones de dólares en 2026. UBS calcula que Amazon, Microsoft, Alphabet, Meta y Oracle pasarán de 121.000 millones en 2025 a esa cifra, concentrando el mercado de grado de inversión.
  • El mercado de crédito se está volviendo cauteloso. La gestora Pimco detecta un reajuste silencioso: mientras las acciones suben, los inversores en bonos exigen cada vez más rentabilidad porque ven un ciclo de capex financiado con deuda difícil de digerir.
  • La Fed teme una recomposición de los índices de renta fija. Si los bonos tecnológicos sustituyen a los bancarios, la duración media del mercado se alarga, los tipos de referencia pierden predictibilidad y la gestión del riesgo se complica para todos los agentes.

Renta variable al alza, renta fija a la defensiva

Los resultados del Nasdaq 100 —un 17% en 2026 y más del 29% desde finales de abril— confirman que los inversores en acciones todavía compran la promesa de la IA. Sin embargo, en el mercado de bonos el ambiente es muy distinto. Los bonistas están reclamando primas de riesgo crecientes a las mismas compañías que ven brillar en bolsa. La dualidad es coherente: el accionista persigue la revalorización, el acreedor defiende capital y exige mitigar riesgos bajistas.

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Lotfi Karoui, estratega de crédito multiactivos de Pimco, resume el fenómeno: “Para los accionistas, el potencial alcista justifica la apuesta. Para los bonistas, el riesgo bajista es real y el potencial alcista pertenece a otros”. El gestor sitúa el punto de inflexión en el brusco aumento del ratio de capex sobre flujo de caja libre del sector, que ha pasado del 40% en 2023 al 94% estimado en 2026. Meta es el caso más llamativo: tras cumplir previsiones, cerró el trimestre con un flujo de caja libre negativo de unos 3.000 millones de dólares, algo insólito para una compañía acostumbrada a generar decenas de miles de millones en positivo (todavía en 2025 tuvo 46.100 millones).

Ese cambio de patrón, según Pimco, es señal de que el apalancamiento reportado subestima las obligaciones futuras. Muchos compromisos de inversión cruzados entre OpenAI, Nvidia, Microsoft o Meta aún no figuran en los balances y crean una demanda inducida, no orgánica. El riesgo de que los activos queden obsoletos si la adopción de la IA no acelera de forma lineal añade otra capa de incertidumbre.

La pregunta no es si las big tech pueden pagar sus bonos hoy: es si los flujos que esperan generar dentro de cinco años van a ser suficientes para cubrir una montaña de vencimientos que nadie sabe cuándo terminará.

La advertencia de Pimco: tres riesgos que los bonos ya están descontando

La mayor gestora de renta fija del mundo identifica tres fuentes de peligro. La primera es que la velocidad de adopción de la IA no es predecible y puede ser no lineal: si las mejoras llegan antes, hará falta más inversión y deuda; si tardan, los activos ya construidos pierden valor. La segunda es la incertidumbre sobre qué capa de la infraestructura de IA capturará más valor; nadie puede garantizar que la construcción actual encuentre suficiente demanda.

La tercera tiene que ver con la financiación circular: acuerdos entre gigantes que se aseguran capacidad recíprocamente pero no generan demanda orgánica. Si esa transición hacia ingresos reales no se materializa, los márgenes se comprimirán de golpe y la presión sobre el servicio de la deuda se volverá insostenible.

Estas alertas no son alarmismo teórico. El consenso de analistas de S&P ya proyecta que el capex de los cinco mayores proveedores de nube alcanzará los 870.000 millones en 2027, casi el doble que en 2025. Con esos volúmenes, el mercado de bonos corporativos de grado de inversión quedaría dominado por un puñado de emisores tecnológicos.

La Reserva Federal enciende una luz amarilla para el mercado de bonos

El banco central estadounidense ha sido explícito en un informe emitido esta semana. “Es concebible que esta gran emisión de los hiperescaladores desplace parcialmente la oferta de otros emisores con grado de inversión, incluidas las empresas financieras que son actualmente los emisores dominantes”, señala el documento. Para la Fed, el verdadero problema no es la falta de demanda, sino el cambio estructural en la duración de la deuda.

Al sustituir bonos bancarios —de plazos más cortos— por papel tecnológico a largo plazo, el índice de referencia se alarga. Eso debilita las relaciones históricas que los inversores utilizan para valorar otros activos y dificulta la calibración de los tipos de interés de referencia. La institución pide seguir el fenómeno con detalle porque “las relaciones históricas en el mercado se vuelvan más débiles” y podrían surgir consecuencias inesperadas.

Christian Hantel, Senior Portfolio Manager en Vontobel, advierte además de un aumento del riesgo de correlación. La necesidad de fondos disparará la exposición a bonos, crédito privado y financiación apalancada, lo que hará que la IA impregne todas las clases de activos y carteras. Si la rentabilidad de la inteligencia artificial defrauda, esa correlación actuará como amplificador de pérdidas en lugar de diversificación.

El nuevo mapa de la renta fija y sus implicaciones para Europa

Desde la redacción de Merca2 observamos una lectura que excede a Estados Unidos. Esta concentración de emisiones coincide con un contexto donde los índices de bonos globales reequilibran sus pesos: los valores financieros, que han sido el pilar del crédito investment grade durante décadas, empiezan a ceder terreno a unos pocos nombres tecnológicos. Esto altera la gestión pasiva de carteras, obliga a revisar mandatos de inversión y puede elevar el coste de financiación de la banca en plena adaptación a Basilea IV.

En España, las grandes entidades siguen siendo la columna vertebral de la emisión de deuda corporativa de máxima calidad. Santander, BBVA o CaixaBank colocan decenas de miles de millones cada año para sostener su actividad. Una reducción de la demanda institucional hacia esos valores —porque los índices otorguen más peso a los bonos tecnológicos— podría forzarles a ofrecer cupones más altos, con el consiguiente impacto en sus cuentas de resultados. La experiencia de 2012, cuando los diferenciales de la banca española se dispararon durante la crisis del euro, recuerda que un mercado de bonos fragmentado y convulso añade prima de riesgo país.

Por otro lado, la propia dinámica europea añade un matiz regulatorio. La Autoridad Bancaria Europea y el BCE llevan meses pidiendo a las entidades que vigilen su exposición al sector tecnológico y a los activos vinculados a la IA. Si los bonos del sector tecnológico estadounidense ganan tanto peso en los índices, los fondos europeos podrían verse arrastrados a una exposición indirecta mayor de la deseada. El BCE ya ha señalado en algunas de sus actas la necesidad de entender mejor los canales de contagio entre las finanzas descentralizadas y el crédito tradicional.

La gran pregunta que sobrevuela el mercado es si la deuda IA se ha convertido en un activo refugio de facto, simplemente porque es abundante, líquida y lleva el sello de nombres como Apple o Microsoft. La Fed, al pedir que se siga el fenómeno con detalle, deja entrever una duda genuina: nadie sabe cómo se comportarían esos bonos en un escenario de estrés de liquidez. Mientras tanto, las emisiones seguirán llegando a una velocidad que no tiene precedentes en la historia de la renta fija. El inversor en bonos, hoy, ya no puede ignorar la IA. Y esa es precisamente la transformación que la propia Fed teme.


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