Arturo Pérez-Reverte (74), escritor: “El mundo digital nos hace fácilmente manipulables y eso únicamente se combate con la lucidez de la cultura”

El escritor Arturo Pérez-Reverte sostiene que las sociedades actuales se desarman intelectualmente ante el algoritmo y advierte que la cultura y la memoria histórica son las únicas herramientas defensivas para evitar la manipulación digital masiva.

Arturo Pérez-Reverte, con motivo del lanzamiento de la octava entrega de su emblemática saga del capitán Alatriste, ambientada esta vez en una misión en París, ha reflexionado sobre el envejecimiento, la cultura, la pérdida de valores clásicos en Occidente y las amenazas invisibles que configuran el panorama actual de la hiperconectividad.

El escritor advierte sobre los riesgos del descontrol tecnológico en las nuevas generaciones. El académico sostiene que las sociedades contemporáneas se están desarmando intelectualmente ante el algoritmo y el consumo rápido, perdiendo las herramientas críticas básicas para defenderse del entorno. En sus propias palabras, “el mundo digital nos hace fácilmente manipulables y eso únicamente se combate con la lucidez de la cultura”.

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La vejez como archivo y la cultura como escudo

La vejez como archivo y la cultura como escudo
Fuente: agencias

Pérez-Reverte tiene una teoría sobre los viejos que incomoda un poco a Occidente. No pide que se adapten ni que finjan ser jóvenes. Pide lo contrario: «A un viejo hay que pedirle no que se mantenga joven, sino que sea de su edad». Lo que hay detrás de un anciano, insiste, es una biografía entera de errores, amores, desastres y aciertos. Material de supervivencia que la sociedad occidental desperdicia mientras otras culturas, las africanas, las orientales, las latinoamericanas, siguen escuchando al patriarca antes de tomar decisiones.

Su propio ejemplo viene de la Real Academia Española, donde entró en 2003 siendo el académico más joven. Estuvo dos años sin abrir la boca. Escuchaba a figuras como Manuel Seco o Rafael Lapesa debatir sobre la lengua y salía pensando que ese era el verdadero privilegio de ser académico: llegar a tiempo para oír a los últimos grandes. Eso, dice, es lo que está desapareciendo. No la vejez, sino la escucha.

La cultura, en ese contexto, no es adorno ni entretenimiento. Es lo que Pérez-Reverte llama una herramienta defensiva. Él mismo lo comprobó cuando con 19 años llegó por primera vez a una guerra. No fue un trauma porque ya lo había leído todo. Reconocía los patrones, los gestos, los silencios. La cultura no elimina la tragedia, pero ayuda a soportarla y a asumirla con serenidad», dice. Sin ella, afirma, habría regresado roto de Beirut o de Sarajevo.

El apocalipsis que viene y la ignorancia que ya llegó

YouTube video

Pérez-Reverte no teme al mundo digital en abstracto. Lo que le preocupa es lo concreto: alguien ya sabe a quién sigues, a qué horas, qué parte de cada vídeo repites, qué compras y cuándo. Con esos datos, puede predecir tu voto antes de que tú lo hayas decidido. «Eso nos hace fácilmente manipulables», repite, y añade que la única defensa posible es el conocimiento propio, la cultura de verdad, no la cultura de las comillas.

Describe tres escenarios posibles. En el primero, el ciudadano mantiene una actitud lúcida y alerta, consciente de que cede datos, pero intenta no dejarse llevar. En el segundo, estados y corporaciones controlan el sesgo de información con una precisión quirúrgica. En el tercero, ni siquiera ellos conservan el control y todo colapsa en una jungla digital donde nadie sabe de dónde viene la amenaza. Ese tercer escenario es el que más le inquieta, y lo llama, con humor sombrío, el apocalipsis zombie.

Lo que más le reprocha a las nuevas generaciones no es que sean peores. Es que tienen los medios que su generación nunca tuvo y no los usan para lo que importa. «Ahora la ignorancia es voluntaria, no forzosa», dice sin rodeos. «No hay excusa para ciertos comportamientos bestiales o irracionales que la cultura puede evitar o atenuar». Alguien con un teléfono en el bolsillo tiene acceso a todo el conocimiento humano acumulado. Usarlo para ver qué ropa lleva una influencer es, a su manera, una decisión.

Y sin embargo, Pérez-Reverte no se indigna. Observa. Esa es la diferencia que subraya entre él y el abuelo gruñón: cuando alguien le empuja en una escalera mecánica, no se enfada; intenta entender qué mundo habita ese alguien. La curiosidad como postura ante el fin de una época. El humor y el conocimiento como las dos muletas sin las cuales, dice, «ver acabar un mundo es una tragedia».


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