Pablo Gil (60), economista: «La empresa que dominará la inteligencia artificial quizá ni existe todavía y no será Nvidia»

El economista Pablo Gil advierte que la fiebre por la inteligencia artificial repite errores históricos del mercado y cuestiona que gigantes como Nvidia lideren el futuro. También anticipa un 2026 marcado por inflación, deuda y una creciente incertidumbre global.

El economista Pablo Gil lleva años advirtiendo que los mercados tienden a repetir los mismos errores con disfraces distintos. Esta vez, el disfraz se llama inteligencia artificial. El analista desmonta algunas de las certezas más arraigadas entre inversores y traza un mapa de lo que puede venir en lo que resta de 2026, pero advierte que apostar a ganadores concretos en tecnología es, más que una estrategia, una ilusión bien empaquetada.

Gil, que ha gestionado carteras durante décadas y hoy divulga sobre educación financiera con una audiencia creciente en redes, no teme contrariar el consenso. Su diagnóstico sobre el momento actual mezcla historia, macroeconomía y una dosis de escepticismo que, según él, falta en el debate público sobre la inteligencia artificial.

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Inteligencia artificial: El espejismo de las compañías inevitables

Inteligencia artificial: El espejismo de las compañías inevitables
Imagen: Merca2

Cuando le preguntan por Nvidia, OpenAI o Microsoft como apuestas seguras para los próximos años, Gil responde sin rodeos: «La empresa que liderará la inteligencia artificial quizá ni existe todavía». No es una frase de efecto. Es la conclusión que extrae de estudiar cómo se han comportado los líderes tecnológicos en cada gran revolución del último siglo.

El paralelismo que más le preocupa es el de las telecomunicaciones a finales de los noventa. Compañías como Cisco, que construía los routers sobre los que correría internet, parecían destinos inevitables del capital. Veinticinco años después, sus cotizaciones nunca han recuperado los niveles del año 2000. Lo mismo vale para Blockbuster, para Kodak, para aquellas Telcos que se endeudaron hasta el límite para comprar licencias UMTS. «Telefónica era un gigante en 1999 y mira dónde está hoy», recuerda Gil, que traza esa línea directamente hacia el presente.

El problema, explica, no es que la inteligencia artificial vaya a fracasar como tecnología. Es que el mercado está asignando valor a los actores actuales como si el tablero fuera a congelarse. Las grandes compañías que hoy lideran la carrera llevan tiempo invirtiendo más de lo que ganan, y han cruzado una línea relevante: ya no financian esa expansión con sus propios beneficios, sino con deuda.

«Las compañías de inteligencia artificial ya se están endeudando con dinero que todavía no han ganado», señala. Si el ritmo de desarrollo se ralentiza, quizá porque la base de datos de internet está casi consumida y los modelos necesitan nuevos insumos de aprendizaje, el coste de esa apuesta puede ser muy alto.

El razonamiento tiene un sustento estadístico que Gil cita con frecuencia: en un análisis de más de 60.000 acciones cotizadas desde 1900, solo un 2% concentró prácticamente toda la revalorización histórica del mercado. El resto quebró o rindió menos que un bono gubernamental. Buscar ese 2% por anticipado, con nombre y apellido, es lo que Gil considera una quimera. «Prefiero irme al casino antes que intentar adivinar el próximo Nvidia», resume. Al menos, dice, en el casino la copa acompaña.

Europa en medio del tablero, y un 2026 lleno de ruido

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El análisis macroeconómico de Gil para el próximo año parte de una imagen que repite en distintas conversaciones: Europa compite con puñales mientras Estados Unidos y China van con metralletas. El continente regula, debate sobre ética de la inteligencia artificial, fragmenta sus respuestas políticas y, mientras tanto, pierde pie en la carrera por la productividad. Las grandes inversiones en infraestructura de inteligencia artificial van a los dos polos, no al centro.

En Estados Unidos, la incertidumbre tiene otro perfil. El déficit que supera el 6% del PIB en plena expansión económica, siembra las condiciones para un rebrote inflacionario que haría las cosas más complicadas de lo que muchos anticipan. Nos hemos acostumbrado a dopar la economía incluso cuando no hace falta», advierte.

En ese contexto, Gil reconoce estar saliendo de sus últimas posiciones en renta variable y no ve urgencia en volver. Su foco está en otro sitio: promotores inmobiliarios en España, donde el déficit de vivienda está estructuralmente lejos de resolverse, y en metales como el oro y la plata, que considera activos reales con lógica de largo plazo frente a la erosión del dinero. La inteligencia artificial seguirá siendo el gran relato de los mercados.


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