He analizado los datos oficiales actualizados ayer por el gobierno venezolano y el panorama es desolador: los dos terremotos que sacudieron el país el pasado 24 de junio han dejado ya 4.333 muertos y 16.740 heridos, según confirmó el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez. La magnitud de la catástrofe, con epicentro en el estado de La Guaira, ha superado todas las previsiones iniciales y, lo que inquieta a los mercados, está paralizando las labores de mantenimiento y exportación de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA).
Cifras de la emergencia y daños materiales
El balance oficial presentado por Rodríguez en Caracas eleva en 215 la cifra de fallecidos respecto al último recuento, mientras que 17.907 personas permanecen sin vivienda y se alojan en campamentos improvisados en estadios, plazas y aceras. Las replicas, como el temblor de magnitud 3 registrado el viernes en el centro financiero de la capital, mantienen en vilo a la población. “Aquí estamos asustados porque todo el mundo está a la expectativa”, explica Liliana Peñaloza, empleada de un edificio de El Rosal.
Los datos más relevantes del desastre, según el recuento oficial y estimaciones de Naciones Unidas, son los siguientes:
- 4.333 fallecidos por el derrumbe de edificios y deslizamientos de tierra.
- 16.740 heridos atendidos en hospitales de campaña gestionados por voluntarios venezolanos y extranjeros.
- 25.000 viviendas son necesarias para realojar a los damnificados, una cifra que el propio gobierno califica de “déficit urgente”.
- 190 edificaciones con colapso total y otras 610 con daños estructurales graves.
- La ONU estima que hasta 50.000 personas podrían estar desaparecidas y ha solicitado 300 millones de dólares para financiar la reconstrucción y la ayuda humanitaria.
En paralelo, la presidenta interina Delcy Rodríguez ha urgido a la liberación de recursos venezolanos bloqueados en el extranjero para acometer las tareas más inmediatas, una petición que choca con la compleja situación de sanciones financieras que arrastra el país.
“La cifra de venezolanos y venezolanas fallecidos por la acción directa de los terribles terremotos del 24 de junio es de 4.333.” — Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, rueda de prensa del 11 de julio de 2026
La producción petrolera, en el epicentro del riesgo económico
Lo que me preocupa como analista de mercados globales no es solo la tragedia humanitaria, sino el impacto silencioso sobre la infraestructura energética. Venezuela ya operaba con una producción de menos de 800.000 barriles diarios, muy lejos de los tres millones de hace una década, y cualquier daño en oleoductos, refinerías o terminales de embarque puede reducir aún más el crudo disponible para exportación. La propia PDVSA ha admitido retrasos en las inspecciones técnicas de sus plantas, lo que retrasará la reanudación de contratos spot con compradores asiáticos.
En un contexto de ajuste de suministros por parte de la OPEP+ y con el Brent coqueteando con los 85 dólares, una caída adicional de 100.000 barriles diarios procedentes de Venezuela bastaría para tensionar los precios al alza hasta un 8% en el corto plazo, según los modelos que manejan las mesas de trading en Londres. No hay que olvidar que el país, aunque marginal en el mercado global, es un socio estratégico para refinadores del Golfo de México y la India, que ahora buscan barriles alternativos en Colombia y Arabia Saudí.
El riesgo añadido es la incapacidad fiscal del Estado venezolano para financiar la reconstrucción sin ayuda externa, lo que alarga el horizonte de recuperación de la producción y mantiene latente la volatilidad en los futuros del crudo. La próxima reunión de la OPEP+, prevista para agosto, será determinante para calibrar si el cartel cubre ese hueco o deja que los inventarios sigan drenándose.
🌍 El impacto en España y Europa
Aunque Venezuela no es un proveedor directo de crudo para la mayoría de países de la eurozona, una escalada sostenida del precio del Brent por encima de 90 dólares elevaría la factura energética europea en un momento en que el Viejo Continente ya lidia con una inflación subyacente pegajosa. Para el consumidor español, esto se traduciría en un nuevo repunte de los carburantes y en presiones adicionales sobre el Índice de Precios al Consumo (IPC), justo cuando el Banco Central Europeo se inclina por un segundo recorte de tipos en septiembre. Un encarecimiento del petróleo retrasaría esa decisión y mantendría el Euríbor alejado de las hipotecas variables durante más meses, erosionando la renta disponible de miles de hogares. La crisis humanitaria venezolana, por tanto, también es un factor de incertidumbre macro que los mercados europeos no pueden ignorar.




