Un dato demoledor: uno de cada dos megavatios de energías renovables proyectados en España desde 2021 no ha llegado a construirse. La burbuja verde, que prometía cientos de miles de nuevos megavatios, se ha pinchado entre burocracia, precios ruinosos y una competencia feroz que los expertos llaman ya ‘canibalismo’.
Según los datos que maneja Red Eléctrica, en febrero de 2021 el parque renovable operativo alcanzó los 37.900 megavatios (MW). A esa cifra se sumaban otros 140.500 MW con permiso concedido pero aún sin construir, y 23.200 MW en tramitación. En total, había expectativas de impulso de 318.300 MW, de los cuales 280.400 eran proyectos en distinto grado de avance. Cinco años después, solo 34.200 MW de aquella oleada han conseguido entrar en operación. Ahora hay 72.100 MW en funcionamiento y solo 109.700 MW en cartera, de modo que apenas 143.900 MW de los 280.400 que se vislumbraban han sobrevivido. La mitad se ha quedado en el camino.
El problema no es que no se construyan renovables; es que se proyectaron el doble de las que el sistema podía absorber sin canibalizar sus propios ingresos.
El primer gran filtro lo puso la nueva normativa de 2021, diseñada para expulsar a los proyectos especulativos que se habían colado al calor del ‘boom’. Se fijaron plazos de construcción y condiciones estrictas: quien no los cumpliera perdía los permisos. Miles de planes murieron ahí. La segunda criba la han escrito las sucesivas crisis energéticas y la sobresaturación de instalaciones, que han hundido los precios mayoristas. Tanta luz, tanto panel, tanto megavatio… y a veces la cuenta no sale.
Precios por los suelos: cuando 30 euros no bastan
El mercado mayorista, el ‘pool’, cotiza hoy por debajo de los 30 euros por megavatio. Por debajo de esa línea los números de un proyecto renovable típico dejan de cuadrar. Algunas instalaciones ya están operando con resultado bruto de explotación (ebitda) negativo. El deterioro de cuentas afecta sobre todo a las empresas de tamaño medio y pequeño, fuera del paraguas de gigantes como Iberdrola, Endesa, Naturgy, Repsol, Acciona y Statkraft.
Un informe de Álvarez & Marsal advierte de que los múltiplos a los que se cierran las transacciones de activos renovables se han ido desinflando. En 2025, el año del apagón, la ratio cayó hasta 12 veces ebitda, tres puntos menos que en pleno furor de 2021, y las previsiones apuntan a 9,5 veces en 2027. Además ese múltiplo se aplica sobre un ebitda menguante, a menudo en pérdidas. El deterioro no es sólo en los flujos de caja, lo que compromete su capacidad de repago de deuda y también otros parámetros financieros clave para cualquier salida.
La paradoja del autoconsumo y el riesgo sistémico
El vertiginoso crecimiento del autoconsumo está introduciendo contradicciones mayúsculas en el sistema. Ayer, a las 15:00 horas, la generación doméstica y empresarial superó los 6.000 MW de potencia, más de lo que producían los siete reactores nucleares activos en ese mismo instante. Esa avalancha de electricidad auto-generada presiona los precios a la baja hasta dejarlos a cero en muchas horas del día y añade un desafío enorme a la gestión de los flujos de tensión.
Todos los informes sobre el gran apagón de 2025 señalaban, en mayor o menor medida, la incontrolabilidad del autoconsumo como uno de los vectores que contribuyó al colapso. Demasiado verde emborracha: la misma energía limpia que debería ser la solución está alimentando la tormenta de precios que asfixia al sector.
El horizonte inmediato plantea más dudas que certezas. La repotenciación de parques prevista por el Gobierno, con 500 millones de euros sobre la mesa, puede dar oxígeno puntual, pero no resuelve la raíz del desequilibrio: un exceso de oferta fragmentada que compite ferozmente hasta anular los márgenes. La banca, que financió masivamente la burbuja, aún no ha empezado a contabilizar el agujero. Y, mientras, los precios cero se convierten en la nueva normalidad. No es un fin del ‘boom’, es una resaca que amenaza con durar más que la fiesta.





