La inteligencia artificial ya no es una amenaza teórica: los despidos en banca, call centers y administración confirman que la transformación del empleo en España ha comenzado. Un informe de Funcas sitúa la destrucción de puestos entre 1,7 y 2,3 millones en diez años, con los perfiles administrativos y comerciales en el punto de mira.
Claves de la operación
- Los expedientes de Nestlé, Inetum y Telefónica marcan el precedente. Las tres compañías han justificado sus ERE con la implantación de IA. En Cantabria, el de Nestlé afecta a 49 trabajadores.
- La banca tradicional apunta al modelo de los neobancos. UGT advierte de que las entidades financieras invierten miles de millones en IA para copiar la estructura de costes de Revolut o Trade Republic, con plantillas mínimas.
- Funcas maneja tres escenarios: el más optimista recorta el impacto a 700.000 empleos, el central lo duplica y el pesimista supera los 3,5 millones. La horquilla refleja la incertidumbre sobre el ritmo de adopción tecnológica.
Los sectores más expuestos: de la banca a los call centers
El reportaje de El Diario Montañés recoge testimonios que dibujan un mapa preciso de por dónde golpea la IA. La banca tradicional está acelerando su digitalización para competir con entidades como Revolut o Bunq, que operan con personal residual. Pedro Damalia, secretario del Sector Financiero de UGT, explica que el ahorro de costes es tan evidente que los bancos «lo van a llevar a cabo» en uno o dos años. En Cantabria, la plantilla financiera ha pasado de 3.000 a poco más de 1.000 trabajadores en una década.
Los call centers viven una presión similar. Carmen García Olivera, teleoperadora en Atento, relata que los robots automatizados ya ofrecen «todas las facilidades para que el cliente no tenga que pasar por un operador». Su empresa sobrevivió a un ERE gracias al teletrabajo, pero ella ve el futuro «negro»: «a veces da la sensación de que no se apuesta por la calidad, sino por dar un servicio mínimo».
Funcas dibuja tres escenarios de destrucción de empleo para 2035
El think tank Funcas ha calculado una destrucción bruta de empleo de entre 1,7 y 2,3 millones de puestos en el horizonte 2025-2035. La horquilla es amplia porque nadie sabe a qué velocidad las empresas rediseñarán sus procesos. En el escenario más favorable, la cifra se reduce a unos 700.000 empleos; en el pesimista, puede superar los 3,5 millones.
Los grupos más golpeados serán los empleados administrativos y los técnicos de nivel medio y superior. No es casualidad: ilustradores, traductores y diseñadores gráficos ya notan menos encargos porque la IA produce resultados «medianamente aceptables» y más baratos, como denuncia la traductora Cristina Fuentes. «Nos estamos conformando con la mediocridad», sentencia.
La IA no está destruyendo empleo de forma generalizada, pero sí está redefiniendo tareas, y eso tiene una implicación directa en regiones como Cantabria.
El reto de Cantabria y el espejo de la robotización de la automoción
Carlos López, presidente de Digitalización de la Cámara de Comercio de España, describe la IA como «un becario incansable»: resuelve tareas pero no sustituye la toma de decisiones ni la interrelación personal. Compara este momento con la robotización de la industria automovilística, que no destruyó el empleo de forma masiva sino que lo transformó. Sin embargo, admite que algunas ocupaciones «van a ser arrasadas».
Enrique Conde, presidente de CEOE-Cepyme en Cantabria, insiste en que la IA es un cambio estructural «inmediato». La clave, según Conde, no es evitar la tecnología sino adaptarse con formación y acompañamiento a las pymes. De lo contrario, la competitividad futura de la región podría quedar comprometida.
En esta redacción observamos un patrón que se repite: la tecnología avanza más deprisa que la regulación y la recualificación de los trabajadores. El mismo proceso que vivió la automoción con los robots industriales, con la diferencia de que la IA generativa puede alcanzar a oficinas y servicios con una velocidad inédita. Dejémoslo en un ‘ya veremos’.
El debate está servido. Mientras unos hablan de eficiencia empresarial, otros advierten de un «robo masivo» del trabajo creativo y de que las siguientes generaciones crezcan con imágenes y traducciones generadas por máquinas. La herencia cultural que deje la IA será, quizá, uno de los legados más profundos de esta década.




