El Banco Central Europeo (BCE) reconoce una fractura interna sobre los tipos de interés mientras la guerra en Irán tensiona los precios. Christine Lagarde admitió ayer, en declaraciones a RTVE, que el Consejo de Gobierno está dividido entre quienes temen actuar demasiado pronto y quienes alertan de que esperar demasiado puede desbocar la inflación. La decisión de junio, que muchos daban por segura hace unas semanas, se ha convertido en una incógnita.
El pasado 30 de abril, el BCE mantuvo los tipos sin cambios, con el tipo de depósito en el 4,5%. Entonces, Lagarde pidió tiempo para evaluar el impacto de la guerra en Irán sobre la economía de la eurozona. Según recoge Bloomberg, las minutas de aquella reunión ya mostraban divergencias, pero el tono público de la presidenta eleva ahora la tensión interna a un nivel inédito.
Actuar demasiado pronto o demasiado tarde: la disyuntiva del BCE
La inflación general de la eurozona ronda el 3,2%, aún lejos del objetivo del 2%. Pero lo que preocupa al ala más restrictiva, liderada por el Bundesbank, es la inflación subyacente —que excluye energía y alimentos—, y que se mantiene en el 3,5%. A ello se suma la subida del petróleo: el barril de Brent supera los 110 dólares desde que se intensificaron los combates en el Golfo Pérsico. El Bundesbank, en su último informe mensual, advierte de que los salarios negociados suben al 4,2% interanual, una señal de presiones de segunda ronda que exigen una respuesta contundente.
En el otro lado, los miembros del sur de Europa y parte del comité ejecutivo temen que un nuevo aumento de tipos, con la economía alemana al borde de la recesión, pueda agravar el frenazo. El PIB de la eurozona creció apenas un 0,1% en el primer trimestre. Los mercados de futuros descuentan ahora una probabilidad del 45% de subida en junio, frente al 70% de hace un mes, según datos de Refinitiv.
El shock energético de la guerra de Irán y su contagio a los precios
El conflicto en Irán ha interrumpido el flujo de crudo a través del estrecho de Ormuz. Por ese paso transita una quinta parte del suministro mundial de petróleo. El Fondo Monetario Internacional estima que un encarecimiento sostenido del crudo podría añadir entre 0,6 y 0,9 puntos a la inflación de la eurozona este año. Además, los fletes marítimos se han disparado un 45% desde febrero, encareciendo las importaciones.
Ese choque de oferta es, precisamente, el argumento de quienes defienden mantener los tipos. Subir el precio del dinero cuando los precios suben por un factor externo podría estrangular la demanda sin solucionar el problema de fondo. Dejémoslo en un «ya veremos». Cosas que pasan en 2026.

El fantasma de Trichet y la credibilidad del BCE
En 2011, el entonces presidente Jean-Claude Trichet subió los tipos en plena crisis de deuda soberana, un error que muchos analistas consideran que agravó la recesión. Aquella decisión partió al Consejo de Gobierno y marcó la presidencia de Trichet. Ahora, Lagarde enfrenta un dilema similar, pero con la inflación como protagonista.
El BCE se juega su credibilidad. Si sube tipos y la economía se contrae, habrá quebrado la promesa de un aterrizaje suave. Si los mantiene y la inflación se enquista, el banco central quedará señalado por pasividad. No hay una salida fácil. Los mercados, mientras tanto, miran de reojo al euro, que ha perdido un 4% frente al dólar en dos semanas.
La experiencia de 2022, cuando el BCE tardó en reaccionar frente al shock energético de Ucrania, dejó lecciones difíciles de digerir. Entonces, la inflación llegó al 10,6% y los tipos se elevaron después de meses de dudas. Repetir ese patrón con la guerra de Irán sería un golpe a la reputación de la institución.
La fragmentación del Consejo no es nueva, pero rara vez se airea antes de una decisión clave. Lagarde, con su estilo diplomático, ha dejado entrever que la unanimidad de los últimos meses se ha roto. Queda por ver si el BCE podrá mantener su hoja de ruta de recortes graduales para 2027.
La reunión del 11 de junio será un test de autoridad. Y, como decía un veterano del mercado, «en banca central, lo peor no es el error, sino la duda eterna».





