El economista Juan Ramón Rallo lanza una dura advertencia en su último análisis: tanto la Unión Europea como los Estados Unidos están allanando el camino hacia un DNI digital obligatorio. Según Rallo se trata de una maniobra global que, bajo la excusa de proteger a la infancia, pretende eliminar el anonimato en internet y, con él, la privacidad digital que durante décadas ha permitido a los ciudadanos expresarse sin el control directo del Estado.
En su vídeo, Rallo desmenuza cómo el poder estatal ha buscado históricamente fichar a la población para asegurar su soberanía. Un ejemplo claro, recuerda, es el propio DNI tradicional, que en sus orígenes en España se impuso primero a presos y reclusos para tener «identificada y controlada a la población peligrosa». Internet, sin embargo, cambió las reglas del juego al ofrecer un espacio donde cualquiera podía protestar, quejarse o incluso incitar revueltas sin que el Estado supiera de inmediato su identidad real.
Internet, un escollo para la soberanía estatal
Rallo sostiene que esa privacidad online supone una amenaza directa a los Estados, que desde hace tiempo buscan aplastarla. Ahora, añade, han construido un relato que no genere excesiva resistencia: la protección de la infancia. El argumento se repite a ambos lados del Atlántico. En España, Pedro Sánchez propuso hace meses prohibir el acceso de menores a las redes sociales, algo que, en la práctica, solo puede verificarse vinculando la identidad real a cada cuenta digital.
La coartada de los menores para el control universal
Pero Rallo insiste en que no es un fenómeno aislado. «Por desgracia —subraya—, esto es una tendencia global, porque la privacidad digital es una amenaza global al poder estatal». El Parlamento Europeo ya ha divulgado documentos en los que se alerta del uso creciente de VPN para eludir los métodos de verificación de edad en línea, y se plantea restringir estos servicios a mayores de edad.
El economista interpreta ese movimiento como una prueba de que el Estado no se va a quedar de brazos cruzados si existen alternativas fáciles para burlar sus controles. Así, si deseas contratar una VPN, tendrás que identificarte ante ella y previsiblemente la empresa mantendrá una base de datos que vincule a cada ciudadano con su uso, dejando al descubierto a «los sospechosos habituales».
«En realidad el Estado no pretende proteger a la infancia, lo que quiere es, con la excusa de proteger a la infancia, controlarnos a todos.»
— Juan Ramón Rallo
La inteligencia artificial, la nueva frontera de la identificación en Estados Unidos
Al otro lado del Atlántico, la tendencia es similar. Rallo destaca la iniciativa del republicano John Holly, que bajo el acrónimo KIDS propone exigir verificación de edad para interactuar con chatbots de inteligencia artificial que ofrezcan respuestas emocionales. La aparente protección al menor oculta, a su juicio, una nueva excusa para exigir la identificación digital de cualquier usuario.
El planteamiento de Holly, explica Rallo, implicaría que cualquiera que quiera usar un asistente conversacional tendría que demostrar su edad, lo que en la práctica significa vincular su identidad real a la cuenta. De este modo, el control estatal se extiende a un ámbito que hasta ahora gozaba de un velo de anonimato.
¿Y las herramientas parentales?
Rallo no niega que los menores necesiten protección frente a contenidos inadecuados, pero insiste en que esa tarea corresponde a los padres, no al Estado. Además, recuerda que ya existen herramientas tecnológicas que permiten a los tutores restringir el acceso de sus hijos a determinados contenidos, sin necesidad de eliminar la privacidad de los adultos. Sin embargo, el Estado ni impulsa ni coloca esas soluciones en la palestra.
«Lo que podría hacer el Estado es impulsar, facilitar, ayudar a que los tutores legales dispongan y hagan uso responsable de esas herramientas», señala. Pero no lo hace. Y esa omisión, según Rallo, demuestra que la verdadera intención no es salvaguardar a la infancia, sino enterrecer la privacidad digital para todos.
Implicaciones para el ciudadano
Si las iniciativas que describe Rallo prosperan, el anonimato en internet podría desaparecer. La verificación de edad para acceder a VPN, redes sociales o chatbots de IA se traduciría en una trazabilidad absoluta de nuestra actividad en línea, con el consiguiente efecto disuasorio sobre la libertad de expresión y la disidencia legítima.
La lectura editorial que se desprende del análisis es que la batalla por la privacidad online está lejos de ser un debate técnico; se ha convertido en un pulso entre el individuo y un Estado que, bajo el paraguas de nobles causas, aspira a un anillo de vigilancia sin precedentes.
Mientras los argumentos oficiales hablan de proteger a los más vulnerables, el verdadero debate es si estamos dispuestos a ceder nuestra última trinchera de anonimato. El análisis de Rallo deja una pregunta incómoda flotando: si al Estado le damos todas las llaves, ¿quién vigilará a los vigilantes?
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo en YouTube.






