Kraken ha dado un paso firme hacia la integración financiera tradicional. Su empresa matriz, Kraken Parent, ha presentado este jueves la solicitud para obtener una carta bancaria nacional ante la Oficina del Contralor de la Moneda (OCC, por sus siglas en inglés). Este movimiento, si se aprueba, convertiría a la plataforma en el primer exchange de criptomonedas que opera como un banco federal en Estados Unidos, una figura legal que le permitiría operar en todo el país sin necesidad de licencias estatales.
La noticia, adelantada por CoinDesk, llega en un momento de creciente presión regulatoria sobre el sector. Conseguir esa carta bancaria —un permiso que solo tienen entidades como JPMorgan Chase o Bank of America— es algo así como el santo grial para cualquier empresa cripto con aspiraciones de largo plazo.
La carta OCC: el santo grial de la banca cripto
La OCC es el organismo federal que supervisa los bancos nacionales en EE.UU. Su carta permite a un banco operar en los 50 estados sin tener que pedir permiso a cada regulador estatal, lo que agiliza la expansión y reduce costes. Para un exchange de criptomonedas, obtenerla supone un salto cualitativo: pasaría de ser un mero intermediario a una entidad bancaria regulada, con acceso directo a la Reserva Federal y a los sistemas de pago tradicionales.
Kraken lleva años tejiendo relaciones con los reguladores. En 2024 ya obtuvo licencias de dinero electrónico en varios estados clave, y en 2025 lanzó su propio banco en Wyoming, aunque con un alcance limitado. Esta nueva solicitud, si sale adelante, le daría el pasaporte federal definitivo.
El proceso de evaluación será largo —puede durar entre 12 y 18 meses— y no está exento de obstáculos. La OCC examinará la solvencia, los controles de blanqueo de capitales y la capacidad de gestión de riesgos de la empresa. Según fuentes del sector, la probabilidad de éxito es real, pero no asegurada.
¿Qué cambiaría para los usuarios y para el sector?
Un exchange con carta OCC podría ofrecer servicios bancarios completos: cuentas corrientes, tarjetas de débito, préstamos, custodia regulada de activos digitales y, sobre todo, una protección mucho mayor para los fondos de los clientes, que pasarían a estar bajo la red de seguridad de la FDIC (hasta 250.000 dólares por cuenta). Esto reduciría el riesgo de contraparte, uno de los grandes temores del inversor cripto desde la quiebra de FTX en 2022.
Para el sector, sería una señal de madurez. Durante años, los exchanges han operado en una zona gris, con licencias estatales que no siempre coordinaban bien. Un banco cripto federal sentaría un precedente y podría acelerar la adopción institucional.
Un movimiento con precedentes, pero sin garantías
La jugada de Kraken no surge de la nada. En 2020 y 2021, varios exchanges (incluido Kraken) exploraron la posibilidad de obtener cartas bancarias estatales limitadas, pero el regulador frenó muchas de esas iniciativas por falta de marco legal. Ahora, con la SEC y la CFTC más coordinadas y tras la aprobación de los ETFs de bitcoin al contado en 2024, el clima parece más favorable.
Sin embargo, los riesgos son altos. La OCC podría imponer condiciones muy estrictas sobre la exposición a criptoactivos volátiles, o exigir una separación total entre el negocio de exchange y el bancario. Además, el coste de cumplir con la regulación bancaria puede ser asfixiante para una empresa que hasta ahora ha vivido —y prosperado— en los márgenes de la legalidad.
En esta redacción creemos que Kraken juega sus cartas con inteligencia: el movimiento refuerza su marca ante los inversores institucionales y, de paso, presiona a sus competidores. Pero el éxito dependerá de que el regulador confíe en que una empresa nacida en el mundo cripto puede comportarse como un banco de verdad. La experiencia de los últimos años nos dice que ese camino está lleno de sorpresas.
De momento, el reloj corre. La OCC dispone de un plazo amplio para pronunciarse. Mientras tanto, el sector observa con atención: si Kraken lo logra, la banca cripto federal dejará de ser un sueño para convertirse en una realidad que podría reescribir las reglas del juego.





