Rafa Guerrero (44), psicólogo clínico: “Los ‘therians’ no buscan ser animales; buscan algo mucho más básico”

Rafa Guerrero advierte que el fenómeno ‘therian’ no es una moda, sino el síntoma de una necesidad emocional básica: ser visto. Ignorar estas conductas no las elimina; comprender su origen es clave.

Cuando los medios de comunicación y, principalmente, las redes sociales empezaron a difundir imágenes de adolescentes que se comportaban como lobos o gatos en los pasillos de sus institutos, la reacción social fue casi unánime: memes, burlas y señalamientos. Lo que casi nadie se preguntó fue el porqué. Para Rafa Guerrero, psicólogo clínico, los therians no son un fenómeno extravagante ni una moda pasajera.

Para el especialista, estos jóvenes son el síntoma visible de una necesidad humana tan antigua y tan urgente como cualquier otra: la de ser visto por los demás. Y esa lectura cambia por completo el foco del debate sobre sus gustos y personalidades.

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Qué hay realmente detrás del fenómeno therian

Qué hay realmente detrás del fenómeno therian
Fuente: agencias

Los therians son adolescentes (no todos) que se identifican con animales como lobos, gatos o perros y que pueden fluctuar de una identidad a otra según el momento. Lo llamativo no es la máscara que eligen, sino la razón por la que la necesitan. Según Guerrero, los therians como grupo comparten algo fundamental: no han sido vistos por su entorno más cercano. No han recibido el reconocimiento de su tribu, ese núcleo de personas que debería sostenerlos emocionalmente durante una de las etapas más vulnerables de la vida.

Al ponerse la cara de lobo y comportarse como un animal, estos jóvenes consiguieron exactamente lo que llevaban tiempo buscando. Su entorno reaccionó, las familias preguntaron qué estaba pasando y la sociedad entera los convirtió en noticia. Los therians, en definitiva, lograron ser vistos. Y eso, lejos de ser una anécdota, es la clave de todo lo que ocurre.

Guerrero traza una línea directa entre ese adolescente con orejas de lobo y el niño pequeño que se tira al suelo en el supermercado ante la negativa de sus padres. Ambos están haciendo lo mismo: llamar la atención de la manera más eficaz que tienen a su alcance. La rabieta y la identidad therian son síntomas distintos de la misma necesidad no cubierta. La pregunta que el psicólogo lanza es la que realmente importa: ¿qué pasó en esa tribu para que este adolescente no hubiera sido visto antes de llegar a ese punto?

Ser visto, una necesidad que nadie debería tener que mendigar

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Guerrero no presenta la necesidad de ser visto como una debilidad ni como un capricho. La enmarca en algo mucho más profundo: la biología de nuestra especie. A diferencia de los reptiles, que nacen ya preparados para sobrevivir solos, el ser humano es una criatura radicalmente dependiente del grupo. Necesita la tribu para calmarse, para protegerse y para desarrollarse. La independencia absoluta, advierte el psicólogo, no existe en nuestra especie. Lo que sí podemos alcanzar, con el tiempo y el acompañamiento adecuado, es la autonomía.

Esa necesidad de ser visto no desaparece con la adolescencia. Está presente en el adulto que siempre monopoliza las cenas con sus amigos, en el joven que publica contenidos cada vez más provocadores en redes sociales buscando comentarios y en quien conduce a 200 por hora en un Ferrari llamando la atención de todo el que pasa. Todas esas conductas, por distintas que parezcan, tienen el mismo origen: alguien que en algún momento de su vida no recibió el reconocimiento que necesitaba y que desde entonces lo busca por cualquier camino disponible.

El error más extendido, según Guerrero, es responder a estas llamadas de atención mirando hacia otro lado. Tanto ante la rabieta del niño como ante el comportamiento de los therians, la recomendación de ignorar la conducta para que se extinga es, a su juicio, un error que agrava el problema. Lo que hay que hacer es exactamente lo contrario: acompañar, atender y después buscar la raíz de lo que ocurre. Sentarse al lado del niño que llora en el suelo del centro comercial no significa ceder al capricho. Significa reconocer que está sufriendo y que ese sufrimiento merece una respuesta humana.

Para el psicólogo, los therians han conseguido algo paradójico. Al ser señalados y ridiculizados por la sociedad, obtuvieron precisamente lo que les faltaba: atención. El reto ahora no es juzgar la máscara, sino preguntarse qué vacío vino a cubrir.


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