SpaceX, Anthropic y OpenAI preparan saltar a bolsa con valoraciones que rozan el billón de dólares pese a no ganar dinero. El movimiento, adelantado por varios medios financieros estadounidenses, devuelve al mercado un fantasma incómodo: el de las salidas a bolsa de la era puntocom, donde la promesa pesaba más que la cuenta de resultados.
Claves de la operación
- Tres compañías deficitarias buscan cotizar en 2026 y 2027. SpaceX, OpenAI y Anthropic suman valoraciones privadas superiores a los 900.000 millones de dólares, sin que ninguna haya cerrado un ejercicio en beneficios.
- El paralelismo con el año 2000 vuelve al debate. Analistas advierten que el peso de la narrativa supera al de las cifras, en una repetición de patrones que la industria parecía haber dejado atrás.
- El impacto llegará al inversor minorista español. Los fondos indexados al S&P 500 y al Nasdaq 100 absorberán automáticamente esas cotizadas, trasladando el riesgo a las carteras de planes de pensiones y de ahorro a largo plazo.
El regreso de la narrativa frente a la cuenta de resultados
La fotografía es nítida. Las tres mayores tecnológicas privadas del mundo se preparan para cotizar sin haber demostrado rentabilidad sostenida, y lo hacen en un mercado donde los tipos de interés todavía no han vuelto a los niveles laxos de la década pasada. SpaceX, según las estimaciones que circulan en Wall Street, podría debutar con una capitalización superior a los 400.000 millones de dólares. OpenAI, tras su última ronda, manejaba una valoración cercana a los 500.000 millones. Anthropic, algo por detrás, se mueve en la franja de los 180.000.
Ninguna gana dinero. OpenAI cerró 2025 con pérdidas operativas que, según fuentes del sector sin confirmación oficial, superarían los 5.000 millones de dólares. Anthropic mantiene un patrón parecido, lastrada por el coste de cómputo. SpaceX, con un negocio espacial más maduro gracias a Starlink, sigue sin presentar cuentas auditadas públicas: la opacidad es la norma.
Lo recordamos. La última vez que un grupo de tecnológicas salió a bolsa con esta combinación de hype, valoraciones desbocadas y pérdidas estructurales fue entre 1999 y 2001. Lo que vino después está en los manuales.
¿Burbuja o nueva categoría de activos?
El argumento defensivo de los promotores es conocido: la inteligencia artificial generativa y la economía espacial son infraestructuras de las próximas décadas, y los inversores que esperen a ver beneficios llegarán tarde. El problema es que ese mismo argumento se utilizó con Pets.com, Webvan o Worldcom. Algunos sobreviven hoy bajo otro nombre. Otros borraron miles de millones de capitalización en cuestión de meses.
Observamos un matiz importante respecto al año 2000. Las tres compañías de las que hablamos sí tienen ingresos relevantes y crecientes. OpenAI factura, según sus propias cifras filtradas, por encima de los 12.000 millones anuales en tasa corriente. SpaceX ingresa de Starlink y de contratos con la NASA y el Pentágono. Anthropic vende API a empresas. La diferencia con las puntocom es que aquí hay flujo de caja entrante. Lo que no hay, todavía, es margen.
Y ahí está el matiz. El mercado puede tolerar pérdidas si el camino al beneficio está trazado. Si no lo está, la corrección suele ser brusca.

Qué se juega el inversor español
La pregunta relevante para esta redacción no es si las tres saldrán a bolsa, sino qué pasa con el ahorrador minorista cuando lo hagan. España tiene más de 10 millones de partícipes en fondos de inversión y planes de pensiones con exposición a renta variable estadounidense, según los datos de Inverco. Una parte sustancial de ese ahorro replica índices que incorporarán automáticamente a las nuevas cotizadas en cuanto cumplan los requisitos de capitalización y free float.
El inversor español acabará comprando estas acciones aunque no quiera, vía fondos indexados, porque así funcionan los índices que dominan su plan de pensiones.
El paralelismo con el IBEX 35 es útil. Cuando Terra debutó en noviembre de 1999, llegó a alcanzar una capitalización de 35.000 millones de euros, superando a Telefónica, su matriz. Tres años después, la acción se había desplomado un 95% y la fusión por absorción cerró el episodio. La memoria de aquel ciclo todavía pesa en los reguladores españoles, especialmente en una CNMV que en los últimos años ha endurecido los folletos para salidas con previsiones de pérdidas prolongadas. Pero la CNMV no regula el Nasdaq.
El antecedente más reciente, y más relevante, es el de WeWork. Su intento de salida a bolsa en 2019 se canceló cuando los inversores institucionales señalaron las pérdidas estructurales y la gobernanza opaca. La compañía acabó cotizando en 2021 a una valoración muy inferior y se declaró en quiebra dos años después. El listón sobre cuánto puede perder una empresa antes de salir al mercado se mueve según el ciclo, y ahora mismo ese listón está alto otra vez.
Hay, eso sí, un riesgo asimétrico que conviene nombrar. Si SpaceX, OpenAI y Anthropic logran consolidar sus posiciones de mercado y convertir ingresos en beneficios sostenibles antes de 2030, el inversor que entre en la salida puede capturar una parte del recorrido. Si no lo logran, el ajuste lo pagarán los fondos pasivos, los planes de pensiones y, por extensión, millones de ahorradores que ni siquiera saben que tienen exposición. La próxima ventana de salidas a bolsa, prevista entre el segundo semestre de 2026 y todo 2027, marcará el termómetro. La cita más cercana en el calendario regulatorio estadounidense es la próxima reunión de la SEC sobre los requisitos de divulgación para empresas de IA, prevista para el verano. Conviene seguirla de cerca.




