Pablo Gil alerta: el precio del petróleo dispara la inflación

El analista Pablo Gil sostiene que la crisis del Estrecho de Ormuz puede disparar la inflación global y romper la calma de unas bolsas que siguen cotizando en máximos pese al shock energético.

El precio del crudo amenaza con romper su fase de consolidación al alza mientras las bolsas siguen cotizando cerca de máximos, una desconexión que empieza a inquietar a quienes vigilan la macroeconomía. En su último análisis, Pablo Gil advierte que la energía puede convertirse en el detonante de la próxima crisis global si la tensión en torno al Estrecho de Ormuz se prolonga en el tiempo. Yo creo que merece la pena desgranar su tesis con calma, porque hay piezas que el mercado todavía no ha terminado de descontar.

El cuello de botella de Ormuz y la pérdida real de barriles

Antes del conflicto con Irán, por el Estrecho de Ormuz transitaban en torno a 20 millones de barriles diarios, cerca del 20% del petróleo y del gas natural licuado mundiales. Según los datos que maneja Pablo Gil, en marzo de 2026 ese flujo se ha desplomado hasta apenas dos millones. La Agencia Internacional de la Energía habla del mayor shock de oferta en décadas, con una pérdida neta estimada de unos diez millones de barriles al día, de los cuales 9,4 corresponden a producción directa de la OPEP.

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¿Por qué la pérdida no es de veinte millones, sino de diez? El presentador lo explica con detalle: existen rutas alternativas que amortiguan parte del daño. El oleoducto West, que conecta los campos del Golfo con la salida de Yanbu en el Mar Rojo, tiene una capacidad teórica de cinco millones de barriles diarios; el de Abu Dabi suma entre 1,5 y 1,8 millones; y el corredor entre Irán y Turquía, otros 1,6, aunque opera de forma irregular desde hace años. A eso se añaden desvíos marítimos más largos, más caros y con cuellos de botella en terminales y refinerías.

De la tensión moderada al shock: los umbrales que vigilar

Pablo Gil ofrece una escala muy útil para entender qué nivel de precio empieza a hacer daño. Por encima de 90 dólares hablaríamos de una tensión moderada; superados los 100, la inflación corre el riesgo de volverse persistente; a partir de 120 entraríamos en zona de riesgo macroeconómico serio; y por encima de 130, en territorio de shock global. Pero el matiz importante, recogiendo una idea del Banco Central Europeo, es otro: no importa tanto hasta dónde llega el petróleo, sino si llega y se queda.

El cálculo que utiliza es elocuente. Por cada 10% de subida en el precio de la energía, la inflación global sumaría aproximadamente cuatro décimas y el crecimiento mundial perdería entre uno y dos puntos. Aplicado a la realidad actual, el crudo acumula una revalorización media cercana al 51% desde que empezó la guerra a finales de febrero. Según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional que cita Pablo Gil, ese movimiento equivaldría a unos dos puntos adicionales de inflación y a un recorte de entre medio punto y un punto del PIB global.

La pregunta no es hasta dónde llega el petróleo, sino si llega y se queda; ahí es donde empieza el verdadero problema económico.

— Pablo Gil, Pablo Gil Trader

Por qué la bolsa todavía no ha reaccionado

Una de las observaciones más interesantes del vídeo es la desconexión histórica entre el comportamiento del crudo y el del S&P 500. Pablo Gil repasa episodios anteriores —la crisis financiera, la corrección del 18% en 2018, el desplome cercano al 27% en 2022— en los que las grandes apreciaciones del petróleo terminaron acompañadas de caídas severas en la renta variable. Hoy, sin embargo, las bolsas siguen en máximos pese a una subida del crudo de doble dígito.

El presentador atribuye esa anomalía a dos factores. El primero es la liberación masiva de reservas estratégicas: desde 2022, Estados Unidos ha sacado al mercado primero 180 millones de barriles y después otros 400 millones, lo que ha amortiguado el impacto del cierre parcial de Ormuz. El segundo es el ruido positivo de la temporada de resultados de las tecnológicas, que está concentrando la atención del inversor.

El mapa global de reservas y sus límites

Aquí Pablo Gil aporta cifras que ayudan a dimensionar el colchón disponible. Estados Unidos concentra alrededor del 26% de las reservas mundiales; China ha crecido de forma agresiva durante los últimos dos años hasta los 1.400 millones de barriles, cerca del 45% del total; la Unión Europea apenas suma un 7%, equivalente a unos noventa días de importaciones netas; y Japón guarda 263 millones, en torno al 10%, suficientes para unos setenta días de consumo.

La conclusión es incómoda: mientras la crisis no se prolongue más allá de un par de meses, la liberación de reservas puede seguir disimulando el déficit. Pero si el problema se vuelve estructural, o se vacía aún más el colchón estratégico —con el riesgo que eso supone— o el diferencial entre el precio del crudo al contado y el de los futuros tendrá que cerrarse al alza.

Lectura editorial: el riesgo latente que el mercado no quiere ver

Lo que plantea Pablo Gil tiene implicaciones directas para cualquier inversor europeo. Si la crisis energética se enquista, los bancos centrales tendrán que elegir entre retrasar las bajadas de tipos previstas o, en el peor de los casos, volver a subirlos para contener una inflación reactivada por la energía. Cualquiera de las dos opciones golpea al crecimiento y, tarde o temprano, a las valoraciones bursátiles.

España, con una dependencia energética estructural y una factura exterior muy sensible al precio del crudo, está especialmente expuesta. La paradoja es que los mercados parecen estar descontando un escenario benigno —vuelta progresiva a la normalidad en Ormuz, desescalada negociada— mientras los datos de flujo siguen deteriorándose. Si esa narrativa optimista se rompe, el ajuste podría ser rápido y desordenado.

Una pregunta abierta para los próximos meses

El análisis de Pablo Gil deja sobre la mesa una incógnita que ningún inversor puede ignorar: ¿estamos ante una sacudida transitoria que se diluirá con el primer anuncio de paz, o ante el inicio de un cambio de ciclo energético con consecuencias profundas para la inflación y el crecimiento? La respuesta, probablemente, llegará en las próximas semanas, en función de cómo evolucione la diplomacia y de cuánto aguanten las reservas estratégicas que hoy están conteniendo el daño.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Pablo Gil Trader en YouTube.


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