Ari López (26), abogada: “El mayor error del autónomo es mezclar su dinero personal con el de su negocio”

Ari López alerta de que errores básicos —como mezclar cuentas o usar dinero en negro— siguen hundiendo a miles de autónomos. El punto no es facturar más, sino ordenar las finanzas antes de que sea tarde.

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Hay errores que se repiten con una regularidad asombrosa sin importar el tamaño del negocio ni los años de experiencia de quien lo gestiona. Ari López, abogada especializada en derecho y finanzas, lo sabe bien porque se reúne cada mes con cerca de 200 personas que llegan a su despacho con los mismos problemas. Y todos tienen solución, siempre que se actúe a tiempo.

Lo que más llama la atención de su diagnóstico es que los errores que arruinan a un autónomo no son complicados ni oscuros. Son fallos básicos que nadie enseña y que se pagan muy caro. Por está razón López compartió una guia simple de comprender para que ningún trabajador pierda dinero.

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Los errores financieros que ningún autónomo debería cometer

Los errores financieros que ningún autónomo debería cometer
Fuente: agencias

El primero y más extendido es el uso del dinero en negro. Aunque parezca un fenómeno del pasado, López lo sigue viendo a diario en todo tipo de actividades. El problema no es solo el riesgo legal que conlleva sino la trampa fiscal en la que cae quien lo usa para pagar sueldos. Todo lo que se abona en nóminas es un gasto deducible y por tanto reduce la factura fiscal de fin de año. Usarlo en efectivo para pagar esas mismas partidas significa pagar más impuestos de los necesarios. Si ese dinero debe destinarse a algo, la abogada recomienda que sea a gastos no deducibles como comidas personales o ropa, nunca a partidas que podrían haberse descontado legalmente.

El otro error es mezclar el patrimonio personal con el del negocio. Pagar la guardería del hijo con la cuenta de la empresa, cargar el Netflix personal a los gastos de actividad o confundir el alquiler del local con el de la vivienda son situaciones que ante una inspección de Hacienda se convierten en un problema serio.

La solución que propone con más frecuencia es constituir una Sociedad Limitada porque obliga a separar ambos mundos de forma natural y ordenada. No hace falta facturar cien mil euros al año para dar ese paso. Hace falta tener claridad sobre lo que es de la empresa y lo que es de la vida personal.

Además, también está el control de los números. Ser autónomo implica una responsabilidad que no se puede delegar por completo en un gestor. López insiste en que conocer el estado real del negocio no es opcional. Existen herramientas digitales que permiten ver en tiempo real si hay problemas de liquidez, si se puede asumir una nueva inversión o si los márgenes se están estrechando. El autónomo que no mira sus cuentas está pilotando a ciegas.

Protegerse antes de que llegue la tormenta

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El otro consejo tiene que ver con el colchón financiero. De la misma manera que cualquier persona debería tener un fondo de emergencia personal, un autónomo necesita tener cubiertos como mínimo un mes de gastos fijos antes de plantearse inversiones o movimientos de capital. La liquidez no es un lujo, sino una condición de supervivencia cuando el negocio atraviesa un bache o cuando un cliente tarda en pagar.

Otro punto en conflicto es la figura del gestor. Tenerlo no es suficiente. Hay que entender lo que hace y por qué. López pone un ejemplo concreto y revelador: hay facturas que el autónomo entrega a su gestor que nunca llegan a declararse y que quedan en un cajón sin justificación. Si llega una inspección ese dinero hay que devolverlo del bolsillo personal. Reunirse periódicamente con el gestor y preguntar todo lo que no se entiende no es una muestra de ignorancia sino de responsabilidad.

El último consejo es el que más resistencia genera y el que López considera más valioso: cuando un negocio no funciona hay que cerrarlo cuanto antes. El miedo al cierre lleva a muchos autónomos a prolongar una agonía que termina afectando su patrimonio personal. Acudir a un abogado especializado en el momento en que aparecen las primeras dificultades puede marcar la diferencia entre un cierre ordenado y una quiebra que se lleva por delante años de trabajo.


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