El beneficio de BBVA volvió a sorprender al consenso en el primer trimestre, con Turquía y Sudamérica tirando del carro mientras la matriz aceleraba un ajuste interno en España que ha terminado con 750 salidas voluntarias. La combinación es llamativa: filiales emergentes que aportan músculo y red doméstica que adelgaza. Esa es, en esencia, la fotografía que dejan los resultados publicados por el grupo y que los analistas digerían esta semana con una mezcla de alivio y cautela.
Resultados BBVA primer trimestre: Turquía y Sudamérica vuelven a marcar la diferencia
El banco que preside Carlos Torres batió las previsiones del consenso recogido por la propia entidad. La sorpresa positiva, según las notas de analistas que han circulado tras la presentación, vino otra vez del extranjero. Garanti BBVA, la filial turca, aportó un crecimiento de doble dígito en margen de intereses pese a la lira y al entorno hiperinflacionario, mientras que México sostuvo el grueso del beneficio recurrente y Sudamérica —en especial Argentina y Colombia— mejoró respecto al trimestre anterior.
El detalle relevante está en la composición. Sin la contribución de Turquía y de las geografías sudamericanas, el grupo habría presentado un trimestre plano. Eso no es nuevo, pero sí está consolidando una dinámica: la franquicia española aporta estabilidad y comisiones, las emergentes aportan crecimiento. La pregunta es cuánto tiempo más puede el grupo apoyarse en una geografía, la turca, sometida a ajustes contables por hiperinflación que distorsionan la comparativa.
El margen de intereses se mantuvo por encima de lo que esperaba el mercado, las comisiones netas siguen al alza y la ratio de eficiencia se sitúa en niveles que pocos competidores europeos pueden mostrar. Y, sin embargo, la lectura del trimestre no se entiende sin lo que ocurrió a la vez en territorio nacional.
750 bajas voluntarias en España: el ajuste silencioso
BBVA cerró en el trimestre 750 bajas voluntarias en su plantilla española, dentro del programa pactado con los sindicatos a finales del ejercicio anterior. Es una cifra que el banco ha presentado como un ajuste ordinario, pero que dice bastante sobre la estrategia: reducir costes estructurales en el mercado maduro mientras se invierte en captación digital y en las filiales con mayor retorno sobre capital.
La salida media ha rondado, según fuentes sindicales, perfiles de oficina con antigüedad alta. El coste se imputó en buena parte al cierre del ejercicio anterior, de modo que el ahorro empieza a notarse precisamente ahora. Conviene recordar que el sector financiero español ha perdido alrededor de un tercio de sus empleados en la última década, y que la tendencia no se ha frenado pese a los beneficios récord. Que un banco con un trimestre de cifras al alza siga reduciendo plantilla en su mercado de origen marca el carácter estructural del proceso.

Aquí aparece la primera contradicción que merece subrayarse. El grupo presume —con datos— de generación de capital orgánico y de remuneración al accionista, mientras ajusta plantilla en el mercado donde más comisiones cobra por servicios básicos. La información publicada por el Banco de España ya recogía en informes recientes que la rentabilidad del sector está más vinculada a la estructura de costes que al volumen de negocio. BBVA parece haber tomado nota antes que otros.
Lectura del trimestre: rentabilidad sostenida, pero con dependencias incómodas
Mi impresión es que el mercado está premiando el corto plazo y minusvalorando una vulnerabilidad evidente. El grupo está obteniendo una parte sustancial de su crecimiento de geografías volátiles —Turquía sigue siendo Turquía, con una lira que ha vivido episodios de depreciación brusca y un marco contable de hiperinflación que obliga a ajustes constantes— y compensando esa volatilidad con un mercado doméstico al que se le pide eficiencia, no expansión.
Funciona, sí. La ROTE sigue por encima del 18% y el grupo mantiene una posición de capital cómoda. Pero el modelo descansa sobre dos patas con riesgos opuestos: una España que crece poco y donde la presión política sobre la banca no ha desaparecido —el debate sobre el gravamen extraordinario sigue abierto— y unas emergentes donde el tipo de cambio puede borrar en un trimestre lo que se ganó en dos.
El precedente histórico es útil. Cuando, en 2018-2019, la lira turca se desplomó, BBVA tuvo que ajustar el valor en libros de Garanti y absorber un impacto reputacional considerable. Aquella lección parece aprendida en el plano contable, pero la dependencia geográfica es hoy mayor, no menor. La OPA fallida sobre Sabadell, además, deja al grupo con la necesidad de demostrar que el crecimiento orgánico basta para la siguiente etapa.
El siguiente examen relevante llegará con la presentación del segundo trimestre, en julio. Será entonces cuando se vea si el ajuste de plantilla en España empieza a reflejarse en la línea de costes y si Turquía mantiene la aportación. Hasta entonces, el mensaje del banco es claro: rentabilidad por encima del sector, ajuste donde toca y caja para remunerar al accionista. Lo que no resuelve es la pregunta de fondo —cuánto del beneficio es estructural y cuánto coyuntura emergente—, y esa es la conversación que de verdad importa.




