Solaria capta 300 millones de euros en una colocación acelerada de acciones para entrar en el negocio de centros de datos y baterías ligadas a la inteligencia artificial. La operación, comunicada este miércoles, marca un giro estratégico para una compañía hasta ahora centrada en la generación fotovoltaica.
Claves de la operación
- Ampliación de 300 millones con descuento sobre cotización. La emisión se ha estructurado como colocación acelerada entre inversores institucionales, una vía habitual para captar liquidez sin pasar por derechos de suscripción preferente.
- Solaria entra en data centers y baterías para IA. Los fondos financiarán proyectos de almacenamiento energético y capacidad de cómputo, dos cuellos de botella que están drenando inversión en toda Europa.
- Movimiento defensivo frente a Iberdrola y Acciona Energía. Las grandes utilities del IBEX 35 ya tienen acuerdos con hyperscalers; Solaria llega tarde pero con un balance más ligero para reposicionarse.
El pulso de las renovables españolas por captar la demanda eléctrica de la IA
La emisión de Solaria llega en un momento incómodo para el sector renovable español. La compañía cotizaba a niveles muy alejados de los máximos de 2021, presionada por la caída de precios del pool y por una deuda que el mercado vigilaba con lupa. La ampliación se hace con descuento, lo que diluye al accionista pero alivia el apalancamiento en un escenario de tipos todavía elevados en la zona euro.
El giro hacia centros de datos no es casualidad. Los datos de consumo eléctrico publicados por Eurostat apuntan a que la demanda industrial ligada a infraestructura digital está creciendo a doble dígito en varios países de la UE. España, con suelo barato, sol abundante y una red eléctrica que aún tiene capacidad libre en zonas concretas, se ha convertido en uno de los destinos preferidos de Amazon Web Services, Microsoft y Meta para sus nuevos campus.
Solaria, según información recogida por Bloomberg, plantea aprovechar parte de su cartera de suelos ya tramitados para combinar generación fotovoltaica, almacenamiento en baterías y arrendamiento o coinversión en capacidad de cómputo. La idea no es nueva. Sí lo es que una pure player solar la articule a esta escala.
¿Puede Solaria competir con Iberdrola y Acciona en la carrera por los hyperscalers?
Aquí está el matiz. Iberdrola firmó en 2024 un acuerdo marco con Amazon para suministrar energía verde a sus centros de datos europeos, y Acciona Energía mantiene contratos a largo plazo con varios operadores cloud en la península. El terreno está, en buena parte, repartido. Solaria entra con menos músculo financiero pero con una ventaja: una cartera de suelo y permisos que las grandes ya no encuentran tan fácil de tramitar.
El mercado tiene dudas. La acción cayó en la sesión posterior al anuncio, reflejo del efecto dilución y del escepticismo sobre la ejecución. Construir un centro de datos no es construir una planta solar. Implica acuerdos con operadores tecnológicos, certificaciones de fiabilidad, conectividad de fibra y, sobre todo, clientes ancla dispuestos a firmar contratos a 15 años. Solaria no tiene experiencia en eso.

En paralelo, la apuesta por baterías sí encaja con su negocio actual. El almacenamiento es la pieza que hace bancable cualquier proyecto renovable hoy, y los 300 millones permiten desplegar capacidad propia sin depender de financiación bancaria adicional en un ciclo de tipos que sigue sin abaratarse del todo.
Solaria llega tarde a la mesa de los hyperscalers, pero llega con la única moneda que aún escasea en España: suelo permisado y conexión a red.
Lo que la operación revela sobre el mapa eléctrico español
Observamos un patrón que se repite. Las renovables cotizadas que nacieron como puras generadoras —Solaria, Grenergy, Opdenergy antes de su exclusión— están reconvirtiéndose hacia modelos integrados que combinan generación, almacenamiento y servicios a grandes consumidores. La razón es financiera: vender megavatios al pool en un mercado con precios deprimidos por exceso de oferta solar al mediodía no da los retornos prometidos a los inversores en 2021.
El antecedente más claro es el de la propia Solaria en 2020, cuando entró en el IBEX 35 al calor de la euforia ESG. Aquella valoración asumía un crecimiento sostenido del precio de la electricidad y unos costes de capital muy inferiores a los actuales. Cinco años después, el modelo de negocio ya no funciona con esa hoja de cálculo. La compañía necesita un nuevo motor de ingresos que no dependa solo del precio mayorista, y los centros de datos lo ofrecen vía contratos PPA a largo plazo.
Quedan riesgos importantes. La concentración de tramitaciones en pocas regiones —Castilla-La Mancha, Extremadura, Aragón— está generando saturación de red que ya ha llevado a Red Eléctrica a denegar accesos. Si Solaria no consigue cerrar acuerdos con hyperscalers en los próximos doce a dieciocho meses, los 300 millones se habrán empleado en preparar terreno que otros monetizarán antes. La próxima cita relevante será la junta de accionistas y los resultados del primer semestre, donde la compañía deberá detallar qué proyectos concretos absorberán esta caja.
Tampoco es para tanto, visto con perspectiva. La cifra es modesta comparada con las inversiones anunciadas por los grandes operadores cloud en España, que superan los 25.000 millones acumulados. Pero para una empresa del tamaño de Solaria, supone redefinir su tesis de inversión. El mercado lo juzgará por la ejecución, no por el comunicado.




