Amundi entra en la guerra del Bitcoin con un ETP al 0,25%

La gestora francesa, la mayor de Europa, lanza un producto cotizado sobre bitcoin con respaldo físico y una de las tarifas más bajas del continente. El movimiento aprieta a 21Shares y CoinShares justo cuando MiCA abre las puertas a la banca tradicional.

La gestora francesa Amundi, la mayor de Europa por activos bajo gestión, ha decidido entrar en el mercado de los productos cotizados sobre bitcoin con una propuesta directa: una comisión anual del 0,25%, una de las más bajas que se han visto en el continente. El movimiento llega cuando la batalla por captar dinero institucional europeo se ha intensificado y los pioneros del sector empiezan a notar la presión.

El producto es un ETP (siglas de Exchange Traded Product, un instrumento cotizado en bolsa que replica el precio de un activo, en este caso bitcoin) con respaldo físico, lo que significa que cada participación está cubierta por bitcoins reales custodiados, no por contratos derivados ni promesas de pago. Para el inversor europeo que quiere exposición a bitcoin sin abrir cuenta en un exchange ni gestionar claves privadas, este tipo de vehículo se ha convertido en la vía más cómoda.

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Una comisión que aprieta a los pioneros

El verdadero golpe sobre la mesa está en el precio. 21Shares y CoinShares, las dos firmas que dominaban el mercado europeo de productos cotizados sobre criptomonedas, llevan años cobrando comisiones de gestión que oscilan entre el 0,49% y el 1,49% en sus ETP de bitcoin. Que Amundi aterrice con un 0,25% es, en la práctica, dividir esa cifra a la mitad o por menos.

Por ponerlo en contexto: en un fondo indexado tradicional sobre el S&P 500, las comisiones más competitivas rondan el 0,07%. Bitcoin sigue siendo más caro de empaquetar por la custodia, los seguros y la complejidad operativa, pero la dirección del mercado es clara. Cada vez que entra un actor grande, los precios bajan. Lo vimos en Estados Unidos cuando los ETFs al contado recibieron luz verde en enero de 2024, con BlackRock y Fidelity arrancando con tarifas mínimas y forzando a Grayscale a recortar las suyas tras meses perdiendo cuota.

Amundi gestiona más de dos billones de euros en activos. Su catálogo llega a aseguradoras, planes de pensiones y bancas privadas de toda Europa, un canal de distribución que ni 21Shares ni CoinShares pueden igualar fácilmente. Esa red comercial es probablemente más relevante que la propia comisión: el cliente institucional europeo, conservador por naturaleza, suele preferir contratar con su gestora de siempre antes que abrir relación con una firma especializada en cripto.

Qué cambia para el inversor europeo

Para el lector que se está planteando exposición a bitcoin a través de su banco o broker, esto se traduce en algo concreto: opciones más baratas y, probablemente, más accesibles. Un ETP con comisión del 0,25% sobre una inversión de 10.000 euros supone 25 euros al año en gastos de gestión, frente a los 49-149 euros que cobraban algunos competidores. En horizontes largos, la diferencia se acumula.

Hay matices que conviene no perder de vista. La comisión de gestión no es el único coste: los spreads de compraventa en bolsa, las comisiones del broker y los posibles costes de custodia bancaria también pesan. Y un ETP no es un fondo de inversión tradicional desde el punto de vista fiscal en España, lo que puede tener implicaciones que cada inversor debería revisar con su asesor.

El producto se enmarca en el reglamento MiCA, la normativa europea sobre criptoactivos que ha terminado de desplegarse a lo largo de 2025. Ese paraguas regulatorio es, según gestoras y bancos consultados por la prensa especializada, lo que ha dado el empujón definitivo a actores tradicionales como Amundi para lanzarse al sector. Antes de MiCA, el riesgo reputacional pesaba demasiado. Ahora hay reglas claras y supervisión homologada.

Un movimiento que confirma el cambio de era

Lo interesante de este lanzamiento no es tanto el producto en sí como lo que representa. Cuando una gestora del tamaño de Amundi entra en bitcoin, deja de ser una apuesta de boutiques especializadas para convertirse en una línea más del catálogo de la banca europea. Es un cambio estructural, no una moda pasajera.

Conviene recordar que en 2021 buena parte de la gran banca europea seguía tratando bitcoin como un activo marginal, tóxico para la reputación de cualquier gestora seria. Cinco años después, el mismo activo se distribuye con sello francés y comisión competitiva. Entre medias hubo el colapso de Terra en 2022 (el desplome de un proyecto de stablecoin algorítmica que evaporó decenas de miles de millones), la quiebra de FTX a finales de ese mismo año y, después, la aprobación de los ETFs al contado en Estados Unidos que cambió el termómetro institucional.

Eso sí, no todo es lineal. Bitcoin sigue siendo un activo volátil, sin flujos de caja, cuyo precio puede caer un 30% en un mes sin que nadie sepa exactamente por qué. Que ahora se compre a través de Amundi no cambia esa naturaleza. La comodidad operativa no elimina el riesgo de mercado, y conviene que el inversor que llegue por esta vía lo tenga presente desde el primer día.

La pregunta que queda abierta es hasta dónde llegará la guerra de comisiones. Si BlackRock decide en algún momento traer su iShares Bitcoin Trust a Europa con la misma agresividad que aplicó en Estados Unidos, el suelo del 0,25% podría romperse antes de fin de año. El ganador, en cualquier caso, será el inversor.


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