Si llevas tiempo buscando un sustituto del azúcar que no deje regusto metálico, no infle el vientre y no dispare la glucosa, probablemente hayas topado ya con la alulosa. Es un monosacárido de origen natural presente en pequeñas cantidades en los higos, las pasas o el trigo, y fuera de Europa ya se vende en polvo, en jarabe o en gotas. Su índice glucémico es prácticamente cero y el organismo humano apenas la metaboliza, excretándola casi intacta.
El problema es que en España —como en el resto de la UE— no está autorizada como ingrediente alimentario. Mientras en EE.UU., Japón, Corea del Sur o México el consumidor puede comprarla sin restricciones, el regulador europeo lleva años estudiando su expediente. En junio de 2025, la EFSA emitió su dictamen oficial y la conclusión no fue un visto bueno: el solicitante no aportó los datos de seguridad requeridos, así que el proceso quedó paralizado.
El azúcar raro que la FDA aprueba y la EFSA frena
La alulosa —también conocida científicamente como psicosa o D-psicosa— tiene aproximadamente el 70 % de la dulzura del azúcar de mesa, pero aporta apenas un 10 % de sus calorías. Eso la convierte en una alternativa muy atractiva para personas con diabetes, quienes siguen dietas cetogénicas o simplemente quieren reducir su ingesta calórica sin renunciar al sabor dulce. En EE.UU., la FDA le otorgó el estatus GRAS (Generalmente Reconocido como Seguro) y desde 2020 ni siquiera computa en el etiquetado como «azúcar añadido».
En Europa, el recorrido es radicalmente distinto. El Reglamento de nuevos alimentos de la UE exige una evaluación de riesgos exhaustiva ante la EFSA antes de comercializar cualquier ingrediente sin historial en el mercado europeo. El proceso es riguroso, lento y costoso: puede llevar años, y si el solicitante no responde a las solicitudes de datos adicionales sobre genotoxicidad o metabolismo, la evaluación simplemente se cierra sin aprobación. Eso es exactamente lo que ocurrió con la alulosa en 2025.
El azúcar que no daña la microbiota: lo que dice la ciencia
El interés científico por la alulosa no es solo cuestión de calorías. Mientras otros edulcorantes —incluidos algunos de los más populares en España— han sido señalados por estudios recientes como potencialmente disruptivos para la microbiota intestinal, los datos disponibles sobre la psicosa apuntan en una dirección distinta. El organismo apenas la ferenta ni la metaboliza, lo que reduce el riesgo de alterar el ecosistema bacteriano del intestino.
Además, varios estudios en humanos han documentado un efecto inhibidor sobre la absorción de glucosa tras las comidas, lo que podría resultar especialmente beneficioso para personas con resistencia a la insulina. No es un fármaco ni actúa como tal, pero es un perfil metabólico que no tiene ningún otro edulcorante de uso habitual en nuestros hogares.
¿Es realmente natural o un ultraprocesado con otro nombre?
Aquí está el matiz que no conviene ignorar. La alulosa existe en la naturaleza, sí, pero en cantidades tan pequeñas que sería inviable extraerla directamente de los higos o las pasas a escala industrial. La versión comercial se produce a partir de la fructosa mediante un proceso enzimático en el que intervienen microorganismos genéticamente modificados. Técnicamente sigue siendo una molécula idéntica a la natural, pero el proceso de fabricación la aleja bastante del concepto de «alimento sin procesar».
Eso no la convierte automáticamente en peligrosa —el eritritol, presente en decenas de productos saludables del mercado español, sigue un proceso similar—, pero sí obliga a leer con criterio las etiquetas y las promesas de marketing. Cuando una empresa la vende como «azúcar natural de origen vegetal», está siendo técnicamente honesta a medias.
Por qué Europa es más estricta y qué implica para el consumidor
El expediente pendiente ante la Comisión Europea
El camino regulatorio en la UE no termina con la EFSA. Aunque la autoridad científica emita un dictamen positivo, la aprobación final corresponde a la Comisión Europea y a los estados miembros. En el caso de la alulosa, ni siquiera se ha llegado a ese punto: el expediente presentado por el consorcio de fabricantes ANFC fue cerrado en 2025 por falta de documentación. Eso no impide que se presente una nueva solicitud, más completa y con los estudios de seguridad que la EFSA exige.
¿Dónde puede comprarse hoy en España?
En España no está autorizada su venta como ingrediente alimentario, pero circula en canales online orientados a dietas cetogénicas o de importación desde fuera de la UE. Adquirir estos productos implica un riesgo regulatorio claro: no han pasado los controles europeos de seguridad alimentaria. Quien quiera esperar a la aprobación oficial tendrá que ser paciente; quienes no quieran esperar deben ser conscientes de ese contexto.
Cuándo podría llegar la alulosa a los supermercados españoles
Los expertos del sector estiman que una nueva solicitud bien documentada ante la EFSA podría resolverse en un plazo de dos a cuatro años, siempre que el solicitante aporte todos los datos de seguridad requeridos. Las grandes empresas azucareras europeas —que en un primer momento veían la alulosa como una amenaza— empiezan a considerarla una oportunidad de reconversión de sus procesos productivos. Eso podría acelerar el lobby para una aprobación regulatoria.
Lo que sí parece claro es que el azúcar convencional tiene los días contados como referente único del dulzor. Europa tardó años en aprobar la estevia, que hoy está en cualquier supermercado de barrio. Con la alulosa el guion podría repetirse: ciencia sólida, proceso largo y, al final, un hueco en el lineal. La pregunta no es si llegará, sino cuándo.






