Mario Alonso Puig (71), cirujano y escritor: “Buscamos la felicidad donde hay luz, no donde está”

El cirujano cuestiona la búsqueda externa de la felicidad, advierte sobre el impacto del estrés y propone la quietud como herramienta para reconectar con el presente y descubrir una plenitud más profunda y sostenible.

La existencia humana suele transcurrir en una búsqueda incesante de metas externas, olvidando que la verdadera felicidad no se alcanza, sino que se descubre. El reconocido cirujano y escritor Mario Alonso Puig invita a reflexionar sobre cómo el estrés y la falta de quietud nos alejan de nuestra esencia más profunda y humana.

En un mundo marcado por la prisa y la tecnología, Puig propone un cambio de perspectiva radical. No se trata de acumular bienes o éxitos, sino de aprender a mirar la vida desde un ángulo que permita reconocer la felicidad que ya habita en nosotros, transformando nuestra realidad cotidiana.

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¿Cómo alcanzar la felicidad? La trampa del futuro y el poder de la quietud

¿Cómo alcanzar la felicidad? La trampa del futuro y el poder de la quietud
Fuente: agencias

A menudo caemos en el error de hipotecar nuestro bienestar a condiciones futuras. Pensamos que la felicidad llegará con el coche nuevo, la casa soñada o el éxito profesional. Sin embargo, Mario Alonso Puig es tajante cuando afirma que si no somos capaces de experimentar esa plenitud hoy, difícilmente la encontraremos mañana. Esta trampa mental nos mantiene atrapados en el hemisferio izquierdo del cerebro, aquel que domina la línea del tiempo y nos arrastra constantemente hacia un pasado de quejas o un futuro de ansiedades.

Para romper este ciclo, el doctor destaca la importancia vital de la quietud. Al igual que cuidamos nuestra higiene diaria lavándonos los dientes o duchándonos, la mente requiere un espacio de calma para regenerarse. No se trata de un «no hacer» vacío, sino de una presencia absoluta en el ahora. Cuando entramos en ese estado de contemplación —similar al de un niño absorto en su juego—, nuestro cuerpo experimenta cambios biológicos asombrosos. La ciencia ha demostrado que estos momentos de silencio fortalecen el sistema inmune y alargan los telómeros, los marcadores de nuestra longevidad.

Por lo tanto, la felicidad no es un destino al que se llega tras una larga carrera de obstáculos, sino un estado de conexión con el presente. Al silenciar el ruido mental, permitimos que el hemisferio derecho tome el mando, fomentando la creatividad y la paz interior. Es en ese espacio de silencio donde dejamos de ser esclavos de nuestros pensamientos automáticos para convertirnos en los verdaderos directores de nuestra propia vida.

Del tener al ser: Dejar huella en lugar de legado

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En la sociedad actual, existe una confusión profunda entre lo que poseemos y lo que realmente somos. Puig explica que los «vacíos del ser» nunca podrán llenarse con el «tener». Aunque vivir en el mundo material requiere buscar el éxito y la prosperidad, el peligro radica en el apego. La verdadera felicidad surge cuando nuestras acciones están alineadas con la contribución y el impacto positivo en los demás. No es lo mismo el goce de los sentidos, que es efímero, que el gozo del corazón, que es permanente y profundo.

El carisma y el liderazgo auténtico proceden de la coherencia. Una persona que cumple su palabra se vuelve atractiva y fiable. En este sentido, el éxito no debería medirse por números o seguidores, sino por la capacidad de transformar vidas. La felicidad compartida tiene un valor incalculable; impactar positivamente en el corazón de un solo ser humano es más trascendente que cualquier cifra de audiencia. Es la diferencia entre dejar un legado material y dejar una huella emocional.

Para alcanzar este nivel de conciencia, es necesario transitar un camino de humildad y perdón. Debemos mirar al «yo» del pasado con gratitud por su resiliencia y al «yo» del futuro con ilusión, pero sin exigencias perfeccionistas. Al final, la felicidad es un descubrimiento interior que se manifiesta cuando soltamos las etiquetas y los papeles que representamos. Al despegarnos de la falsa identidad que nos dicta el ego, comenzamos nuestra transformación.

En definitiva, la propuesta de Mario Alonso Puig es una invitación a vivir con urgencia, pero sin prisa. En un entorno donde la inteligencia artificial y la polarización parecen ganar terreno, lo que nos salvará es nuestra capacidad de valorar lo profundamente humano.

La felicidad no se encuentra donde brilla la luz de la farola, en lo obvio y exterior, sino en la penumbra del autoconocimiento, allí donde el silencio nos permite escuchar los latidos de nuestro propio ser. Al cambiar nuestra mirada, la vida, inevitablemente, comienza a transformarse ante nuestros ojos. La felicidad no es algo que se gana con dinero, se cultiva con la intención de estar presentes.


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