El ministro de Finanzas francés, Éric Lombard, ha lanzado una advertencia que pocos en Bruselas esperaban escuchar con tanta franqueza: si Europa no desarrolla sus propias stablecoins denominadas en euros, el dólar estadounidense consolidará su hegemonía en el ecosistema cripto del continente. La propuesta no es meramente técnica. Es una declaración de intenciones sobre soberanía monetaria digital.
Lombard expresó esta posición durante una intervención reciente en la que subrayó que las stablecoins vinculadas al dólar —especialmente Tether (USDT) y USD Coin (USDC)— dominan actualmente más del 90% del mercado global de estos activos. Esa concentración, según el ministro, representa un riesgo estructural para la eurozona que va más allá de la mera competencia financiera.
El dominio del dólar en las stablecoins preocupa a París
Los números no dejan lugar a interpretaciones amables. De los aproximadamente 160.000 millones de dólares en stablecoins circulantes a nivel mundial, apenas un 2% está denominado en euros. El resto, casi en su totalidad, opera bajo el paraguas del dólar estadounidense. Esta asimetría tiene consecuencias prácticas: cada transacción cripto que pasa por una stablecoin en dólares refuerza la demanda de la divisa norteamericana y, por extensión, su influencia en los mercados digitales.
Francia no está sola en esta inquietud. El Banco Central Europeo lleva años trabajando en el proyecto del euro digital, aunque su enfoque difiere sustancialmente de lo que propone Lombard. Mientras el BCE plantea una moneda digital de banco central (CBDC) con control institucional directo, el ministro francés aboga por fomentar stablecoins privadas bajo supervisión regulatoria estricta. Son dos caminos que no tienen por qué ser excluyentes, pero que responden a filosofías distintas sobre quién debe liderar la innovación monetaria.
MiCA ya está en vigor, pero no basta
La Unión Europea cuenta desde 2024 con el Reglamento MiCA (Markets in Crypto-Assets), el marco regulatorio más completo del mundo para criptoactivos. Este reglamento establece requisitos específicos para los emisores de stablecoins, incluyendo reservas en activos líquidos y supervisión por parte de autoridades nacionales competentes. En teoría, MiCA debería facilitar la aparición de stablecoins europeas robustas.
En la práctica, el panorama es menos alentador. Circle, el emisor de USDC, obtuvo licencia para operar en la UE bajo MiCA, pero su producto estrella sigue siendo una stablecoin en dólares. Los proyectos europeos de stablecoins en euros —como el EURC de Circle o iniciativas más pequeñas— no han logrado escalar hasta volúmenes que compitan de verdad con las alternativas estadounidenses. Falta demanda, falta liquidez, falta ecosistema.

Una batalla por la soberanía monetaria que trasciende lo cripto
Aquí es donde conviene ampliar el ángulo. La posición de Lombard no surge en el vacío. Estados Unidos ha intensificado su apuesta por las stablecoins como herramienta de proyección del dólar: la administración actual ha mostrado apertura hacia la regulación de estos activos como complemento —no competencia— del sistema bancario tradicional. Si Washington consolida un marco favorable mientras Europa debate, el desfase puede volverse irreversible.
Creo que hay un elemento que se menciona poco en este debate: las stablecoins no son solo instrumentos de pago. Son infraestructura. Quien controla la infraestructura de liquidación de valor digital tiene una ventaja estratégica difícil de revertir. Lo vimos con el sistema SWIFT, lo vemos ahora con las redes de pago digitales. Europa aprendió con el gas ruso lo que significa depender de infraestructuras controladas desde fuera. La lección debería aplicarse también al dinero programable.
Dicho esto, hay obstáculos que Francia no puede resolver sola. La fragmentación del mercado financiero europeo, la competencia entre plazas como París, Fráncfort y Ámsterdam, y las reticencias del BCE a perder protagonismo frente a emisores privados complican cualquier iniciativa coordinada. El próximo Consejo ECOFIN de mayo de 2026 podría ofrecer una primera señal de si existe voluntad política real para avanzar en esta dirección, aunque me permito cierto escepticismo sobre la velocidad de respuesta habitual de las instituciones comunitarias.
Lo que sí parece claro es que la ventana de oportunidad se estrecha. Si en los próximos dos o tres años no emergen stablecoins europeas con liquidez suficiente para competir en los principales exchanges y protocolos DeFi, el euro quedará relegado a un papel marginal en la economía cripto global. Y eso, para una divisa que aspira a ser la segunda reserva mundial, sería un fracaso difícil de maquillar.





