Si quieres dormir profundamente cada noche, estos son los cambios que deberías hacer

Dormir bien no depende solo de acostarse pronto, sino también de ciertos hábitos que preparan al cuerpo y al cerebro para desconectar. Pon en práctica estos cambios y disfruta de una noche de descanso.

Dormir mal ha dejado de ser un problema puntual para convertirse en una realidad cada vez más habitual. Son muchas las personas que conviven con pequeños despertares durante la madrugada, con la sensación de no haber descansado al levantarse o con esa mente acelerada que no logra apagarse cuando decidimos irnos a dormir.

Detrás de esta dificultad para conciliar un sueño profundo suele repetirse una causa en común: el estrés. Si los niveles de cortisol, la hormona que se activa ante la alerta, permanecen elevados durante la noche, el cuerpo va a entender que todavía no ha terminado el día. Esta es la razón de que cueste tanto desconectar, relajarse y entrar en un descanso verdaderamente reparador. Una rutina tranquila nos ayudará a irnos a la cama más relajados y calmados, y de esta forma conciliar el sueño será sencillo.

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Dos hábitos nocturnos que pueden ayudarte a dormir mejor

Actualmente, se conocen muchos métodos para dormir mejor, como suplementos, dispositivos o fórmulas rápidas para dormir mejor. Lo cierto es que los expertos insisten en algo mucho más básico: lo que hacemos antes de acostarnos influye más de lo que parece. Se recomienda revisar los hábitos de la última hora del día, porque pueden ser una de las decisiones más útiles cuando dormir comienza a ser difícil.

Uno de los primeros hábitos que puede ayudar es crear una rutina nocturna tranquila: leer unas páginas, darse una ducha tibia o mantener una conversación relajada son gestos sencillos, pero muy valiosos. Y es que funcionan como señales que le indican al cuerpo que ha llegado el momento de bajar el ritmo. Sin esa transición, muchas personas pasan del ajetreo del día a la cama sin un paso intermedio, algo que dificulta todavía más el descanso.

Establecer esta rutina, por sí sola, no va a terminar con los problemas de sueño que ya tengamos, pero sí nos va a ayudar bastante a mejorarlo. Si durante el día se acumula demasiado estrés, los horarios son irregulares o el uso de pantallas se mantiene hasta última hora, el descanso puede verse afectado. Así que, aunque este tipo de hábitos ayudan, no conviene esperar de ellos soluciones milagrosas.

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Descansar adecuadamente beneficia nuestra salud física y mental. Fuente: Canva.

La gratitud escrita también puede marcar la diferencia

El segundo hábito que suele ofrecer buenos resultados es mucho más sencillo de lo que parece: escribir una o dos cosas positivas al final del día. A simple vista puede sonar a consejo demasiado simple, pero detrás de este gesto también hay una base importante.

Pararse unos minutos a escribir algo bueno que haya ocurrido ayuda a cambiar el tono mental con el que una persona se va a la cama. Además, este ejercicio puede reducir la activación de la amígdala, que es una de las regiones cerebrales más vinculadas a la respuesta de alerta, y favorecer una sensación mayor de bienestar. No hace falta redactar un escrito largo con muchas reflexiones; una frase breve puede ser suficiente para cerrar el día de otra manera.

Mantener una rutina nocturna estable con un pequeño ejercicio de gratitud no elimina de raíz los problemas del sueño, pero sí ayuda a crear un contexto mucho más favorable para dormir. Y es que, dormir bien no siempre depende de hacer grandes cambios, sino de aprender a darle al cuerpo y a la mente las señales adecuadas para parar. Al final, un descanso adecuado es tan importante como cualquier otra función vital; por eso, te recomendamos seguir estos pasos para conseguir un sueño profundo y reparador.


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