La prensa conservadora disculpa el patinazo de Núñez Feijóo con Juan Carlos de Borbón

La incapacidad de Alberto Núñez Feijóo como líder de la oposición volvió a quedar en evidencia la pasada semana con un lamentable episodio político a cuenta de la desclasificación de los papeles del 23F.

Lo que podría haber sido una reacción prudente y respetuosa con la memoria democrática derivó en un ejercicio de precipitación y cálculo fallido. Feijóo llegó a insinuar que la decisión de Pedro Sánchez tenía una intención antimonárquica, alimentando la idea de que el Gobierno estaría maniobrando para debilitar la institución.

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Sin embargo, lejos de encontrar respaldo social amplio, su interpretación sonó forzada y oportunista. El error político no se detuvo ahí. En un movimiento aún más desconcertante, tras conocerse la documentación el líder del PP pidió el regreso de Juan Carlos de Borbón, vinculando implícitamente su salida de España con el golpe de Estado del 23F.

Pero el exmonarca no abandonó el país por su papel durante aquella intentona golpista. Su marcha se produjo décadas después, tras los escándalos de corrupción que erosionaron gravemente la imagen de la corona, le llevaron a abdicar en 2014 y empujaron a su hijo, Felipe VI, a marcar distancias públicas, incluida la renuncia a la herencia personal que pudiera corresponderle.

El propio Juan Carlos terminó trasladándose a una teocracia como Emiratos Árabes Unidos, donde no tributa por la fortuna acumulada a través de comisiones irregulares que, por la inviolabilidad de su cargo y varias prescripciones, no llegaron a ser juzgadas en España.

No contento con ello, Núñez Feijóo que la petición la había verbalizado en público tras advertírselo a Casa Real, que firmó un incómodo acuse de recibo. Con ello, el dirigente popular comprometió la supuesta imparcialidad de la Corona al situarla en el centro del debate partidista.

Si algo ha intentado preservar la institución desde la abdicación es precisamente la neutralidad pública, un activo delicado en un país donde la forma de Estado sigue generando controversia. La incoherencia se agrava si se recuerda que Feijóo ha construido buena parte de su discurso opositor en torno a la lucha contra la corrupción que ha salpicado al PSOE en los últimos años.

Durante casi cuatro años ha insistido en la necesidad de regeneración y ejemplaridad. Sin embargo, al enarbolar la figura de Juan Carlos de Borbón, se coloca al lado de quien para una parte significativa de la ciudadanía representa el mayor icono de la corrupción en la España contemporánea. Esa contradicción debilita su credibilidad y desdibuja su mensaje.

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Juan Carlos de Borbón. Foto: EP.

El eco mediático tampoco ayudó a elevar el nivel del debate. Buena parte de la prensa conservadora, la misma que legitima los ataques ilegales de Estados Unidos a Venezuela e Irán, replicó el marco interpretativo del líder popular. Varios medios sostuvieron antes de la desclasificación que el PSOE pretende traer la república y que la decisión del presidente del Gobierno formaba parte de una estrategia antidinástica.

La teoría sugería que Pedro Sánchez busca sobrevivir políticamente hasta 2027 impulsando el referéndum sobre la forma de Estado que tanto asusta al bloque monárquico. Paralelamente, algunos celebraron lo que consideraron una absolución política del antiguo monarca tras conocerse los documentos.

Sin embargo, los papeles desclasificados no abordan posibles complicidades previas al golpe ni despejan todas las incógnitas históricas. Es sabido que el entorno del rey mantuvo contactos con algunos de los implicados antes del juicio posterior. Además, los propios golpistas no tenían un plan para tomar la Zarzuela y contaban entre sus cerebros con la figura de Alfonso Armada, íntimo amigo del monarca.

La presión demoscópica ejercida por el auge de la ultraderecha que representa Vox y el constante acoso ideológico de la prensa madrileña cercana a Isabel Díaz Ayuso han generado un efecto de doble jaque para Feijóo, que al menos no ha recibido demasiada metralla periodística por su sucesión de patinazos.

Entre el acercamiento del PP hacia posiciones más extremas para no perder votos y la necesidad de responder a un ecosistema mediático que prioriza la confrontación y la teatralidad, el líder ‘popular’ ha perdido el norte y podría sumarse a la reciente lista de inconsistentes líderes conservadores como Mariano Rajoy, Pablo Casado o Albert Rivera, que ya cayeron a manos de Sánchez.


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