José María Ortiz Ibarz (65), filósofo: “El bienestar no depende de lo que te pasa… depende de algo que puedes entrenar”

- El filósofo explica por qué sentirse bien no depende de la suerte, sino de entrenar la mente y las relaciones.

Hay ideas que, cuando las escuchas, se te quedan dando vueltas todo el día. Esta es una de ellas: sentirse bien no es cuestión de suerte, es cuestión de entrenamiento. José María Ortiz Ibarz, doctor en Filosofía y experto en inteligencia positiva, lo plantea así, sin adornos innecesarios. El bienestar —dice— no depende tanto de lo que ocurre fuera, sino de cómo decidimos mirarlo.

Y eso cambia mucho las cosas.

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El miedo anticipado puede hacernos caer antes de dar el paso. Fuente: IA.

Porque, si somos honestos, ¿cuántas veces hemos pensado que estar bien es un privilegio de otros? Que depende del trabajo perfecto, de la estabilidad ideal o de que nadie nos falle. Ortiz Ibarz rompe esa idea de raíz. Para él, el bienestar es una forma de inteligencia. Y como toda inteligencia, se ejercita.

No se trata de negar las dificultades, sino de aprender a poner el foco en las fortalezas hasta que las debilidades pierdan volumen. Es casi como subir el sonido de lo que nos hace bien y bajar el de lo que nos limita. No desaparece, pero deja de dirigir la escena.

El miedo y esa caída que nos provocamos

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La soledad emocional es la raíz silenciosa de muchos malestares. Fuente: IA.

Uno de los puntos más potentes de su reflexión es el miedo. Reconoce que es necesario; nos protege. El problema aparece cuando se desborda y se convierte en freno.

Utiliza una imagen muy gráfica: el esquí. “Te caes porque tienes miedo a caerte”. Es brillante, porque es verdad. El miedo anticipado descoloca el cuerpo, altera la mente… y acabamos provocando lo que queríamos evitar. ¿No nos ha pasado alguna vez en una conversación importante, en una decisión laboral, en una relación?

Pero hay algo más profundo. Ortiz Ibarz habla del miedo a perder lo que tenemos. Y, sobre todo, del miedo a mirarnos por dentro. Ese miedo silencioso que nos lleva a vivir con una máscara social impecable (educada, correcta, superficial). El problema es que sin autoconocimiento no hay autenticidad. Y sin autenticidad, el bienestar se tambalea.

Porque no se puede vivir en paz fingiendo ser otro.

La soledad que no se ve

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Lo intangible crece cuando se comparte con los demás. Fuente: IA.

Quizá la afirmación más contundente que hace es esta: “La auténtica raíz de los males personales es la soledad”.

No habla solo de estar físicamente solo. Habla de sentirse desconectado. De no tener con quién compartir lo que de verdad importa. De esa sensación de que, si desapareciéramos mañana, el mundo seguiría exactamente igual.

Es duro. Pero también es honesto.

En su visión, el mayor bien humano es la relación. No el éxito, no el reconocimiento, no el aplauso. La relación. La experiencia de ser significativo para alguien. De que nuestra vida deje huella en otra vida.

Y aquí la inteligencia positiva adquiere otro matiz. No es repetir frases optimistas frente al espejo. Es cultivar vínculos reales, profundos, imperfectos y verdaderos.

Dar para tener

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La confianza exige vulnerabilidad y valentía personal. Fuente: IA.

Ortiz Ibarz propone cambiar la mentalidad de escasez por una lógica distinta: la del don. Cada persona tiene algo único que aportar. Pero ese valor solo se descubre cuando se entrega.

“Cuanta más alegría doy, más alegría tengo”. Parece una paradoja. Y, sin embargo, todos hemos sentido alguna vez que ayudar a alguien nos devuelve más de lo que entregamos.

A diferencia del dinero o de los objetos, lo intangible crece cuando se comparte. La paz, la confianza, la comprensión… no se gastan; se multiplican. La abundancia, en este sentido, no es acumular, es ofrecer.

Y aquí entra otro matiz precioso de su pensamiento: el corazón como forma de conocimiento. “Para conocer a una persona hay que quererla”, afirma. La razón analiza, pero el afecto comprende. Sin implicación emocional, el otro se queda en superficie.

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